SEGUNDO ENCUENTRO DE ESCUELA NEL CDMX
Clínica de las pasiones tristes ¿Epidemia del siglo XXI?

Invitada: Luisa Aragón, Presidenta de la NEL

ARGUMENTO


En un documento publicado en 2011,[1] la OMS estimaba que para el año 2030 la depresión será la principal causa de problemas de salud a nivel mundial, superando incluso enfermedades cardiovasculares y cáncer. Con la aparición del COVID-19, el encierro sanitario y el aislamiento social, las cifras se elevaron a un ritmo tal que algunos países comenzaron a incluir la atención a la salud mental y apoyo psicosocial en sus planes de respuesta a la pandemia, México fue uno de ellos. Las cifras locales, según el 2º Diagnóstico Operativo de Salud Mental y Adicciones de 2022,[2] indican que alrededor de 5.3% de la población sufre depresión pero que, de ese total, 73.9% no recibe la atención apropiada.

Depresión es una locución que el médico inglés Richard Blackmore tomó de la medicina cardiovascular en 1725 para, en analogía con la baja en la presión cardiaca, describir los afectos anímicos pesarosos, tristes, de desilusión, etc.[3] Con la introducción de este término de inspiración científica, Blackmore aspiraba a darle a sus formulaciones un estatuto que tomara distancia de lo que las elaboraciones morales o filosóficas, aunque también médicas, habían hecho del milenario vocablo de melancolía. Eventualmente la expresión fue admitida y en el Siglo XX cobró una extensión y popularidad que acabaron por volverlo difuso, una suerte de diagnóstico comodín que explica casi cualquier fenómeno de la clínica. 

Si bien es cierto que Freud llegó a utilizar el término depresión en varios de sus textos, en su obra referente para abordar los estados de aflicción recurre a otras expresiones: Duelo y melancolía. Ahí nos advierte de una variedad discontinua, no una gradación ni una bipartición, no se trata de “o duelo o meláncolía”. Describe estados que tienen en común un afecto doloroso y la pérdida de interés por el mundo exterior, propone algunas claves para las semejanzas, pero, sobre todo, indica las diferencias. ¿Cuáles son los fenómenos consignables, las ocasiones de desencadenamiento y, fundamentalmente, la diversidad de respuestas frente a la pérdida de un ser amado, una situación o un ideal? De esta forma establece una franca distinción entre órdenes que no se superponen y que conviene no confundir. Primero, un sentimiento “normal” de tristeza frente a un evento. Segundo, estados melancolizados en tipos clínicos que no son psicosis, cuyo paradigma será la neurosis obsesiva y sus autoreproches. En tercer lugar, la melancolía propiamente dicha y, luego, otras tristezas psicóticas.

Lacan por su parte propone categórico en Televisión «Reconsiderar el afecto a partir de mis decires»,[1]refiriéndose con esto a una serie de fenómenos de la clínica ya dilucidados en el Seminario 10, turbación, emoción, impedimento, embarazo. Se apoya entonces en Santo Tomás de Aquino para presentar un novedoso abordaje, “la simple resección de las pasiones del alma”.[2] Aunque esto no es con la finalidad realizar descripciones semiológicas o armar un catálogo de las pasiones. No, se trata de aislarlos para precisar cómo cada uno de ellos toman al cuerpo y el alma como sede, los modos en que les afectan. Las pasiones tristes, según Spinoza, impiden la acción y tornan imposible el disfrute, la dimensión de lo placentero. Por ello Lacan incluye en esa serie no solamente a la tristeza en cuanto tal, la desazón y melancolía en su sentido descriptivo, sino también al aburrimiento, la morosidad y el mal humor. La justificación es sencilla, es elegante. Todas esas afecciones constatan un extravío respecto de la relación del sujeto con el inconsciente y el bien-decir, por lo tanto, del campo del Otro, por ello del deseo y el goce.

Nos proponemos explorar y dar cuenta en este II Encuentro de Escuela y, a la luz de nuestros días y nuestra práctica, de la clínica diferencial de las pasiones tristes propuesta por Lacan. Misma que transcurre por vías muy precisas, ya que su tratamiento implica un cambio de posición respecto del inconsciente, de la causa, la apertura de una pregunta. Pregunta que siempre acaba conduciendo a la suposición de que ese síntoma, fenómeno o acontecimiento tiene algún sentido, que por algo ocurre en ciertos momentos, no antes, no después. Que tiene una íntima relación con quien lo padece, que le concierne, que dice sin que se sepa; por el momento, la lengua en que habla. Sin embargo, tal maniobra dependerá de quien ocupe el lugar del analista, lo que supone por otra parte, que pueda animar la convicción acerca de la existencia del inconsciente y sus efectos.

[1] Organización mundial de la salud. (2011). Global burden of mental disorders and the need for

a comprehensive, coordinated response from health and social sectors at the country level. https://apps.who.int/gb/ebwha/pdf_files/EB130/B130_9-en.pdf

[2]  Secretaría de Salúd. (2022). 2º Diagnóstico Operativo de Salud Mental y Adicciones.https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/730678/SAP-DxSMA-Informe-2022-rev07jun2022.pdf

[3] Blackmore, R. (1726). A treatise of the spleen and vapours, or, hypocondriacal and hysterical affections:  with three discourses on the nature and cure of the cholick, melancholy, and palsies. Londres: J. Pemberton.

[4] Lacan, J. (2012). Televisión, Otros Escritos. Buenos Aires: Paidós, p. 551.

[5] Idem.

Fecha : sábado 30 de mayo 2026
Horario: de 9am a 5pm
Lugar: José María Velasco 101, piso 4, Col. San José Insurgentes, Del. Benito Juárez, CDMX (cupos limitados)
Modalidad Híbrida

Costos:

  • Miembros, Miembros bajo condiciones, Asociados y Público en general: $900
     
  • Estudiantes: $700
     
  • Precios especiales para grupos
  •  Informes:  asistente.nel.mexico@gmail.com

  • WhatsApp: +52 55 86671220

IV JORNADAS DE LA NEL-cf CDMX:
PRESENCIAS DEL ANALISTA TEXTO DE ORIENTACIÓN
EJE: Presencias… en la ciudad y la época

Un despertar

¿Cuál podría ser la incidencia política un poco más allá de esta presentación negativa?

Tal vez cierto efecto de despertar. Un despertar respecto de aquello de lo que en

definitiva se trata en los ideales sociales: del goce y de la distribución del plus-de-gozar.

 (Jacques-Alain Miler)

Desde hace tiempo los analistas hemos afrontado el desafío ético de hacer a un lado la rutina del consultorio y asumir una presencia en los dispositivos comprometidos con la salud mental en nuestras ciudades, así como en los debates públicos con el Otro social. En este aspecto, no cabe desconocer que, más allá de la vigencia del discurso del analista y sus consecuencias prácticas, en una perspectiva más amplia, se trata del consentimiento a la convocatoria de Lacan de alcanzar “una incidencia política donde el psicoanalista tendría su lugar si fuese capaz de ello”[1]. Por supuesto, para estar a la altura de la época, ello exige al deseo del analista el miramiento por los síntomas de la actualidad, los impases en lo social, y el aggiornamiento permanente respecto de los discursos emergentes que se imponen al compás de cada tiempo.

Ahora bien, ¿De qué presencia se trata?, ¿Cómo pensar esa presencia?

Más allá del analista causa del trabajo del sujeto supuesto saber, correspondiente a la dimensión transferencial del inconsciente, encontramos una clara orientación en el Capítulo X del Seminario 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Allí Lacan nos advierte sobre la presencia del analista, primordialmente, como una manifestación del inconsciente. Y es sólo desde ahí como tiene lugar su presencia real, más allá del par imaginario del a-a´, desidealizando, a su vez, la figura y la persona del analista, para reducir su función a la de un resto, “un resto fecundo” –en tanto una presencia muy particular que se pone en juego solamente en el arte de escuchar del analista. “El arte de escuchar casi equivale al del bien decir”[2].

Como vemos, ello no será ciertamente exclusivo de la experiencia analítica. Esta función estará activa en todos los vínculos donde se trata de la relación del sujeto con el saber y el goce. “Se trata en estos vínculos siempre de una relación transferencial encarnada en la persona que se supone agente de la acción, pero esa atribución de saber a la persona deja en realidad encubierta la relación del sujeto con el saber de su propio inconsciente, verdadero agente del vínculo”[3]. En la medida en que el analista con su acto recuerde la banalidad del sentido de las palabras, opere como el dedo elevado de San Juan tal como Lacan evoca en “La dirección de la cura”, señalando cómo somos hablados, que la referencia del lenguaje no existe, hará presente la perspectiva de lo real más allá de la realidad.

En este sentido, la ironía sirve muy bien a la posición del analista a la hora de perturbar los ideales sociales y revelar su naturaleza de semblantes respecto a un real que sería del goce. “Está más bien, como Sócrates, para hacer temblar, para hacer vacilar los ideales, a veces simplemente poniéndolos entre comillas, quebrando un poco los significantes-amo de la ciudad”[4]. Sin embargo, por otro lado, Lacan nos enseñó que los ideales son semblantes, arbitrarios, pero que esos semblantes son necesarios. La sociedad se sostiene gracias a sus semblantes, no hay sociedad sin identificaciones. Entonces si, por un lado, es cierto, el padre es un semblante, y, sí, se puede prescindir de él … sin embargo, no hay que olvidar que ¡a condición de saberlo utilizar!

Pensar la presencia del analista como la provocación de un despertar implica, necesariamente, sostener un deseo vivo. Seis años antes de su Seminario 11, en el texto La dirección de la cura y los principios de su poder, paradójicamente, Lacan dará al analista el lugar del muerto, dejando el yo a un lado para que pueda surgir el lugar del Otro para el sujeto, el inconsciente, su verdadera pareja, en el registro de lo simbólico. Es el lugar de la causa de la división del sujeto que Lacan formalizará más adelante con la función del objeto a, presencia irreductible.

Para finalizar, cabe mencionar el concepto de “acción lacaniana” que Jacques-Alain Miller ha propuesto para nombrar en el seno de la Asociación Mundial de Psicoanálisis la política de incidencia en los ámbitos políticos y sociales como el correlato del acto analítico en la sociedad. Si Lacan ha formulado que «No hay clínica del sujeto sin clínica de la civilización» es porque la topología del inconsciente lacaniano –allí donde el analista manifiesta su presencia- resulta, entre un afuera y un adentro, de una extimidad irreductible. ¿Cómo el deseo del analista pudiera, entonces, prescindir de la ciudad y la época?

 

[1] Miller, J.-A., El psicoanálisis, la ciudad y las comunidades.

[2] Lacan, J., El Seminario Libro 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Editorial Paidós, p. 129.

[3] Bassols, M., Presencia del analista, Cuadernos del INES Nro 14, Editorial Grama, p. 99.

[4] Miller, J.-A., El psicoanálisis, la ciudad y las comunidades.