CARTELES

¿Cómo opera el cartel?

1) Se trata de una experiencia

Si bien el cartel es un grupo, “no todo grupo puede aspirar a cartel”(1) ¿Qué se puede obtener de nuevo en el saber? El psicoanálisis nos plantea que hay en el saber un agujero y que todo lo que pueda elaborarse se ordena alrededor de eso. Así, aunque las metas del cartel no son necesariamente ambiciosas, lo que no resulta sencillo es sostener ese trabajo: lograr que no se convierta en un grupo más. Y es que “llamarlo cartel no es asegurarse de que lo sea. Hay que hacer la experiencia”(2). Y ¿por qué hacerla? Cada uno debe responderlo “por su cuenta y a su propio riesgo”(3), sin embargo, algo se puede acotar: si en algún punto el cartel puede producir identificación es ahí donde, tal como los otros, nos encontramos en el esfuerzo por subjetivar ese real del saber, allí donde “prisioneros como somos” nos reconocemos en esa condición. “Cuando en el borde del agujero en el saber, se advierte que no es sin los otros que tengo una chance, lógica”(4).

2) El rasgo: lo singular que hace lazo

Lacan propone la entrada a la Escuela con el trabajo de cartel y por tanto la entrada a partir de un “relieve” singular a cada uno: aquello del tema de cada quien que hace “rasgo” en el cartel. El rasgo, atribuido por Lacan a cada uno de los integrantes y que “consuena con la noción de síntoma”(5), vuelve al cartel absolutamente heterogéneo, y a la vez es lo que reúne, hace lazo (6). El más uno, en tanto miembro del cartel, hace la experiencia a título de un rasgo, pero además tiene otra función: hacer que cada miembro del cartel sostenga su propio rasgo (7). Esta función consiste, no en “unificar la experiencia”, sino en “anudarla”, manteniendo abierta la relación al vacío, necesaria para articular el cartel a la Escuela y al discurso analítico. Si este anudamiento se alcanza, lo cual no siempre ocurre, se podrá obtener un “testimonio” del trabajo por parte de sus integrantes (8).

3) Producción y permutación

El cartel cuenta con los materiales que cada cartelizante porta a la entrada de la experiencia, sus marcas. Pero también con el saber que cada uno elabora como “adquirido”. Ahora bien, tal como sucede al final de la experiencia analítica, la producción obtenida lleva la marca de un punto de no saber, de “una opacidad que conviene”(9). Por tanto, sólo a la salida, en el momento de concluir, es cuando se podrá verificar “lo que del trabajo colectivo contribuyó en la producción siempre sintomática de nuestra propia invención”(10). Es por ello que siempre queda un resto, el cual empujará a cada uno a reunirse alrededor de una nueva experiencia de cartel. El producto de cada uno es puesto “a cielo abierto” para la comunidad analítica, lo cual resulta esencial: suscita discusión, debate, en tanto da cuenta de un “saber no acabado” que se construye con otros. Esta práctica, propia del cartel, pone en marcha el trabajo de transferencia como “transferencia de trabajo”, en la medida que liga a cada uno con los otros “en un lazo social que no hace masa” y que constituye la verdadera “apuesta del cartel”(11).

Notas:
1Tudanca L., “Pasando el cartel”, Cuatro + Uno # 8, EOL, Junio 2016, Bibliografía sobre el cartel.
2 Tarrab M., “En el cartel se puede obtener un camello”, Cuatro + Uno # 8, EOL, Junio 2016, Bibliografía sobre el cartel.
3 Ibíd.
4 Ibíd.
5 Salman S., “Hacer la experiencia”, Cuatro +Uno #2, EOL, Nov 2012.
6 Ibíd.
7 Miller J.-A., “Cinco variaciones sobre el tema de ‘la elaboración provocada’”, Cuatro + Uno # 8, EOL, Junio 2016, Bibliografía sobre el cartel.
8 Salman S., “Hacer la experiencia”, ob.cit.
9 Ibíd.
10 Ibíd.
11 Javier Aramburu, “Los carteles y la Escuela”, Cuatro más Uno # 8, EOL, Junio 2016, Bibliografía sobre el cartel.