Nueva Escuela Lacaniana cf – Ciudad de México

Agujero del saber, testimonio y transmisión

Los colegas que nos visitan dejan una gran variedad de huellas, en nuestra Escuela, en las historias subjetivas – marcas de formación. Pero, me remitiré hoy a las huellas –esas entre estas otras– que quedan plasmadas en nuestro Libro de Visitas, en el que pueden leerse los mensajes escritos de la pluma de los autores. Encontrarán allí diferentes estilos: los expresivos, los poéticos, algunos formales, otros más afectuosos -ningún estándar, sólo el hecho de que todos y cada uno de quienes han aceptado nuestra invitación, han confiado en el trabajo decidido de la NEL-México DF para dejar aquí sus semillas.
Foto: Ricardo Hernández

En el caso de Anna Aromí, lo particular de sus palabras, a mi modo de ver, es que llevan el sello de su acto, eso que escribió es eso mismo que hizo, un decir en acto. Textualmente: «Porque hay Escuela en México, doy testimonio!». Con esas palabras concluía nuestra Conversación de Escuela de aquel domingo, pronunciadas por mí pero retomando públicamente esos dichos que fueron en verdad de ella, durante una conversación en privado a su llegada al DF .

Su seminario del sábado cerraba el formato de las visitas internacionales de la Delegación México-DF, inaugurando el domingo con la Conversación de Escuela la historia «internacional» de nuestra Sede. ¡Qué mejor S1 que un testimonio de un AE! Una señal transferencial de reconocimiento al trabajo de la Delegación, y la contundencia de una apuesta por el trabajo futuro que ya se anuncia.

En febrero del 2012 había escuchado unas palabras muy parecidas, también extraídas de una conversación informal; esa vez fue Miquel Bassols. Dijo textualmente: «En México ya hay una Escuela en marcha» – visionario, captó el germen ya en ese entonces. Su mensaje del Libro de Visitas, termina con una frase de Freud que nos recuerda: «The struggle is not yet over» – la batalla aún no ha terminado. Y así lo asumimos, la batalla aún no ha terminado Y asumimos también que nunca acabará.

¿Cuál es nuestra batalla? Nuestra batalla es hacer existir el psicoanálisis, en México y en el mundo, y para eso, la causa es formar analistas, cada uno de nosotros y más, analistas capaces de dar vida a este discurso.

Para eso se necesitan trabajadores decididos, comprometidos con el psicoanálisis, y con la Escuela como causa. Anna Aromí atravesó el Atlántico, viajó dos días, para estar tres con nosotros. Y de regreso, esa misma semana volvió a cruzar el Atlántico nuevamente para trabajar con nuestros colegas de Curitiba – Brasil. Quienes estuvimos presentes en las actividades, seguramente hicimos un esfuerzo bastante menor.

La noche de hoy inaugura el ciclo de Noches de Escuela de la Sede NEL-Mx DF con esta perla, con la invitación a compartir y a conversar, y volver a hacer resonar en nosotros, entre los hoy presentes, los ecos de esa transmisión –qué pasó al escuchar ese testimonio- y debatir sus implicancias en la constitución de nuestra Sede que, aunque joven y vital, la anhelamos sólida y robusta. Así la proyectamos.

«Hay Escuela en México».

Es entre todos los presentes que la hacemos existir; si no están los cuerpos, ¿dónde está la Escuela? ¿quién la encarna? Las Noches de Escuela son un espacio nuclear de la formación en el que se pone en acto el lazo de cada uno con la Escuela. Hoy lo inauguramos en tanto Sede, con tres ponencias de lujo.

Para terminar esta introducción, quiero leer el texto de presentación de este espacio que escribió Gabriel Roel, de manera muy inspirada, a penas se avocó a la tarea de diseñar la convocatoria:
Foto: Gabriel Roel

«Se trata en la orientación lacaniana del bien decir de una experiencia. Aquella que se decanta de la singularidad analizante movilizada por el deseo del analista. Extraídas las determinaciones que goce y real anudan en su derrotero inconsciente. El acontecimiento de nuestra última Conversación de Escuela, primer testimonio de pase escuchado en nuestra sede, transmitido por Anna Aromí Folch, será el eje convocante. Sus ecos nos convocan a la conversación con el espíritu y la causa de la Escuela».

Sin duda, no se alcanza un bien-decir sin Escuela.

Viviana Berger

PD: lo más valioso, que aconteció durante, en medio y después, no es del orden de la transmisión virtual.

Foto: Ricardo Hernández

Fecha: 09/10/2014
Horario: 19:30 Hrs
Modalidad: Presencial
Lugar: Sede NEL Ciudad de México

 

IV JORNADAS DE LA NEL-cf CDMX:
PRESENCIAS DEL ANALISTA TEXTO DE ORIENTACIÓN
EJE: Presencias… en la ciudad y la época

Un despertar

¿Cuál podría ser la incidencia política un poco más allá de esta presentación negativa?

Tal vez cierto efecto de despertar. Un despertar respecto de aquello de lo que en

definitiva se trata en los ideales sociales: del goce y de la distribución del plus-de-gozar.

 (Jacques-Alain Miler)

Desde hace tiempo los analistas hemos afrontado el desafío ético de hacer a un lado la rutina del consultorio y asumir una presencia en los dispositivos comprometidos con la salud mental en nuestras ciudades, así como en los debates públicos con el Otro social. En este aspecto, no cabe desconocer que, más allá de la vigencia del discurso del analista y sus consecuencias prácticas, en una perspectiva más amplia, se trata del consentimiento a la convocatoria de Lacan de alcanzar “una incidencia política donde el psicoanalista tendría su lugar si fuese capaz de ello”[1]. Por supuesto, para estar a la altura de la época, ello exige al deseo del analista el miramiento por los síntomas de la actualidad, los impases en lo social, y el aggiornamiento permanente respecto de los discursos emergentes que se imponen al compás de cada tiempo.

Ahora bien, ¿De qué presencia se trata?, ¿Cómo pensar esa presencia?

Más allá del analista causa del trabajo del sujeto supuesto saber, correspondiente a la dimensión transferencial del inconsciente, encontramos una clara orientación en el Capítulo X del Seminario 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Allí Lacan nos advierte sobre la presencia del analista, primordialmente, como una manifestación del inconsciente. Y es sólo desde ahí como tiene lugar su presencia real, más allá del par imaginario del a-a´, desidealizando, a su vez, la figura y la persona del analista, para reducir su función a la de un resto, “un resto fecundo” –en tanto una presencia muy particular que se pone en juego solamente en el arte de escuchar del analista. “El arte de escuchar casi equivale al del bien decir”[2].

Como vemos, ello no será ciertamente exclusivo de la experiencia analítica. Esta función estará activa en todos los vínculos donde se trata de la relación del sujeto con el saber y el goce. “Se trata en estos vínculos siempre de una relación transferencial encarnada en la persona que se supone agente de la acción, pero esa atribución de saber a la persona deja en realidad encubierta la relación del sujeto con el saber de su propio inconsciente, verdadero agente del vínculo”[3]. En la medida en que el analista con su acto recuerde la banalidad del sentido de las palabras, opere como el dedo elevado de San Juan tal como Lacan evoca en “La dirección de la cura”, señalando cómo somos hablados, que la referencia del lenguaje no existe, hará presente la perspectiva de lo real más allá de la realidad.

En este sentido, la ironía sirve muy bien a la posición del analista a la hora de perturbar los ideales sociales y revelar su naturaleza de semblantes respecto a un real que sería del goce. “Está más bien, como Sócrates, para hacer temblar, para hacer vacilar los ideales, a veces simplemente poniéndolos entre comillas, quebrando un poco los significantes-amo de la ciudad”[4]. Sin embargo, por otro lado, Lacan nos enseñó que los ideales son semblantes, arbitrarios, pero que esos semblantes son necesarios. La sociedad se sostiene gracias a sus semblantes, no hay sociedad sin identificaciones. Entonces si, por un lado, es cierto, el padre es un semblante, y, sí, se puede prescindir de él … sin embargo, no hay que olvidar que ¡a condición de saberlo utilizar!

Pensar la presencia del analista como la provocación de un despertar implica, necesariamente, sostener un deseo vivo. Seis años antes de su Seminario 11, en el texto La dirección de la cura y los principios de su poder, paradójicamente, Lacan dará al analista el lugar del muerto, dejando el yo a un lado para que pueda surgir el lugar del Otro para el sujeto, el inconsciente, su verdadera pareja, en el registro de lo simbólico. Es el lugar de la causa de la división del sujeto que Lacan formalizará más adelante con la función del objeto a, presencia irreductible.

Para finalizar, cabe mencionar el concepto de “acción lacaniana” que Jacques-Alain Miller ha propuesto para nombrar en el seno de la Asociación Mundial de Psicoanálisis la política de incidencia en los ámbitos políticos y sociales como el correlato del acto analítico en la sociedad. Si Lacan ha formulado que «No hay clínica del sujeto sin clínica de la civilización» es porque la topología del inconsciente lacaniano –allí donde el analista manifiesta su presencia- resulta, entre un afuera y un adentro, de una extimidad irreductible. ¿Cómo el deseo del analista pudiera, entonces, prescindir de la ciudad y la época?

 

[1] Miller, J.-A., El psicoanálisis, la ciudad y las comunidades.

[2] Lacan, J., El Seminario Libro 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Editorial Paidós, p. 129.

[3] Bassols, M., Presencia del analista, Cuadernos del INES Nro 14, Editorial Grama, p. 99.

[4] Miller, J.-A., El psicoanálisis, la ciudad y las comunidades.