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Presentación del curso «Piezas Sueltas» de J.-A. Miller

Presentación del curso "Piezas Sueltas" de J.-A. Miller

Mauricio Tarrab

Presentar un libro que aún no está editado, puede parecer un chiste, pero no lo es. El libro seguramente estará en las librerías de Buenos Aires y en España, la semana próxima, aunque no se cuando llegará aquí a México. Cuando propuse presentarlo, hace ya casi dos meses, suponía, era lo que me habían dicho, que podría traerlo conmigo en este viaje, mostrárselos, presentárselos y no solo hablar de él. Me interesó presentarlo ya que lo estaba releyendo… ¿se puede decir solo releyendo…? es muy poco decirlo así, porque cuando uno se mete en un curso de J.-A. Miller no solo lee o relee, más bien – es lo que a mí me pasa – me sumerjo en una correntada de la que es difícil salir tal como uno entró. Entonces no es que estaba solo releyéndolo, y además volvía a este curso que había seguido de manera fragmentaria a través de las clases sueltas que llegaban a Buenos Aires, por internet gracias a los amigos. Lo estaba releyendo porque tenía el propósito de escribir algo sobre este curso, algo breve, sucinto y rápido, ya que Graciela Brodsky, que es quien ha hecho el trabajo de establecimiento y revisión de la traducción, me pidió que escribiera algo para la contratapa. En eso estaba cuando Marcela Almanza me envió el intenso programa que tenían preparado para mí en México. Entonces fue muy lógico, por el entusiasmo que me causaba la lectura de este curso, proponer presentarlo para ustedes.

Bien, pero no tenemos el objeto libro con nosotros, será entonces una presentación que los deje con las ganas, al menos de abrirlo, de curiosearlo, de percibir su olor a nuevo. Se quedarán con las ganas aún los que lo hayan leído, estudiado, trabajado, releído… porque siempre está presente la expectativa de que en la edición escrita haya algo más, algún detalle que no estaba, un agregado, un plus. Un libro siempre abre nuevas expectativas. Funciona para cada uno de un modo peculiar. Se extravía en la biblioteca con más delicadeza que los apuntes fotocopiados o las páginas de la impresora abrochadas con un clip. En fin, un libro existe de otra manera. Y por eso una edición merece una presentación. En especial si se trata de un curso dictado oralmente. En el año ’94, la primera vez que viajé para el análisis a Paris, antes de viajar algunos de mis amigos me dieron algunos números de teléfonos reservados, algunas claves secretas y contraseñas, para lograr que un colega francés – si finalmente yo pasaba esas pruebas -, me diera de mala gana y con aire displacente, la transcripción del curso que JAM estaba dando en ese momento, que si mal no recuerdo era Ce qui fait insigne y que luego, al editarse en español, se llamó Los signos del goce. Luego y muy rápidamente, las cosas salieron de ese clima novelesco de traficantes de oro y se fueron difundiendo con más facilidad, hasta llegar al extremo actual en que algunos amigos twittean desde el salón donde JAM está hablando…

Eso me lleva a plantear los problemas que veo en la lectura de los cursos de J.-A. Miller, ya que tengo la oportunidad de reflexionar sobre esto con ustedes, que son, asumo que lo son, lectores de esos cursos y de sus intervenciones. El Miller por twitter no me gusta, no porque no sea moderno y eficaz el método, y aunque podamos criticar su estilo de fragmentación, para mí, insoportable. No es solo eso lo que no me gusta, y no solo por twitter. Lo que no me gusta, y lo digo de esta manera porque parte de un cierto disgusto, es la voracidad por la novedad. La voracidad por la novedad es, a mi juicio, no un problema alimenticio, es una limitación que encuentro entre nosotros. No lo digo porque no me interese enterarme de lo último. Lo digo porque creo que entre nosotros, en nuestra comunidad, hay un déficit de estudios profundos. De lecturas profundas. Devoramos la novedad, como lo hacemos con los diarios. Y como nada hay más inútil y aburrido que el diario de ayer, rápidamente pasamos de una novedad a la otra. De un twitt a otro twitt y así pasamos de un tema candente a otro tema candente, a veces sin solución de continuidad ni lógica. De ese modo muchas cosas en nuestra extendida comunidad, se ponen de moda y declinan un tiempo después… como estrellas fugaces, en el mejor de los casos. A mi juicio, para ciertas lecturas, para ciertos desarrollos, para ciertos estudios, se necesita tiempo. Como para el análisis. Así como hay entre nosotros un elogio de la contingencia, del corte, del instante, que muchas veces nos hace olvidar que sin el automatón de la repetición y el tiempo que debe transcurrir, el análisis no sería posible, salvo extraordinarias excepciones y extraordinarias circunstancias.

Y esa lectura de JAM me parece limitada, o al menos apresurada. Se entiende el deseo implícito allí, y que nos anima a esperar lo que tiene para decirnos el próximo miércoles, o cuando sea que retome su curso este año… podría apurarse un poco, ya se tomó demasiado tiempo… ¿qué hace?, ¿está descansando?… ¿ya no tiene nada para decir? Twitt twitt twitt. Pero, si vemos bien, no es una lectura apresurada la que él ha hecho, y sigue haciendo de Lacan. Es el reproche que ha recibido a diestra y siniestra durante mucho tiempo. Pero no es la suya una lectura en el tren… Y este curso enseña de manera muy explícita como Miller lee a Lacan, en este caso al Lacan del Seminario XXIII «El Sinthome». Volveré sobre esto.

Muy bien, no tenemos el libro aquí todavía, y aunque no lo tengamos aquí sobre este escritorio, este curso no es un Curso inexistente, como llamó J-A. Miller al seminario del que Lacan dictó solo una sola clase, «Los nombres del Padre», luego de su salida de la Asociación Internacional, en el año 65. Como aquél, este curso tiene, ha tenido y a mi juicio seguirá teniendo a partir de su publicación una enorme trascendencia para quienes estamos en la Orientación Lacaniana, y es de esperar para cualquiera que se asome a su complejidad y a su riqueza.

Lo evoco, no sólo porque aquél es inexistente y éste no está aún editado – aunque por lo que sé ya está impreso – sino también porque entre ambos –aquel seminario y este curso- puede trazarse una vía entre la enseñanza clásica de Lacan y la lectura que JAM hace del último Lacan.

Voy a decirlo directamente, «Piezas sueltas» es el extremo de la trayectoria de reducción del Nombre del Padre en la enseñanza de Lacan y en el Psicoanálisis.

Podríamos oponer el Nombre del Padre y Piezas sueltas. Que es una manera de decir que podemos poner en un extremo de la enseñanza de Lacan al Nombre del Padre, al Padre, y en el otro extremo al Sinthome.

Porque al fin de cuentas «Piezas sueltas», las Piezas sueltas que J-A. Miller presenta en su curso nombran el uso, el funcionamiento, de ese fragmento de escritura, de ese trozo de real que es el Sinthome.

El síntoma se ha constituido como concepto «freudiano» aferrado al Padre, prendido del reino del Padre que es el reino del sentido. Fue develado como mensaje cifrado, articulado, dirigido al lugar desde donde el Nombre del Padre sostiene el balance, imposible, del deseo y la ley.

El síntoma, freudiano, es el primero en agujerear con su nerviosidad – por lo que tiene de sexual – la tranquilidad del Padre victoriano, cuyo tiempo ya no era el de un Padre victorioso. Freud lo anunciaba y Lacan en su relevo hace avanzar al síntoma mucho más lejos de lo que Freud lo previó. Lo hace avanzar hasta el «fuera de discurso», hasta hacerlo una suplencia en el lugar del vacío de una «forclusión generalizada». El síntoma-utensilio que no le dice nada a nadie y menos aún al Padre, pero mantiene juntos los registros que sostienen el mundo del sujeto.

El devenir de la enseñanza de Lacan respecto del síntoma y el Nombre del Padre, no constituye una evolución de estos conceptos. Síntoma y Nombre del Padre más que evolucionar, son «reducidos» por la enseñanza de Lacan. Esta reducción vuelve al síntoma un lazo con una función: la del Nombre del Padre. Por su parte, esa reducción, en el caso del Nombre del Padre, lo vuelve síntoma.

Si la reducción del Nombre del Padre alcanza en el final de la enseñanza de Lacan a convertirlo en un síntoma, reducirlo a que sea sólo un lazo con la función de mantener unidos los registros, fuera de sentido y con un uso renovado, es como J.-A. Miller atrapa en este curso la aspiración de Lacan de reducir el síntoma. Lo atrapa como una pieza suelta.

Pero, ¿de dónde sale esto de la Pieza suelta? De Lacan, es verdad, Miller lo señala en la primera clase: «En el seminario La angustia, Lacan aísla la función de la pieza suelta como un módulo de objeto característico de la experiencia moderna. Allí la pieza suelta sirve de aproximación, de esbozo de lo que Lacan elucubra como objeto a.» Hasta ahí la referencia. Pero lo que JAM hace con esa referencia es otra cosa.

J.-A. Miller, muchas veces ha extraído pequeñas frases de la enseñanza de Lacan, algunas pronunciadas o escritas una sola vez, y que al desarrollarlas, al desplegarlas, al llamar la atención sobre ellas, y con eso ha mostrado cómo allí se encerraban profundas consecuencias para el Psicoanálisis. En algunos casos las ha elevado al nivel de conceptos que nos resultan ya ineludibles: el atravesamiento del fantasma, la identificación al síntoma, por ejemplo, sólo han sido dichas una vez por Lacan, y Miller les ha dado un lugar destacado. Al contrario, cuando forjó la pareja «Partenaire-Síntoma», él mismo señaló en algún lugar de ese curso, que eso no estaba en Lacan, eso no está dicho ni una sola vez, no se trata de una referencia posible de situar. Y sin embargo, una vez que él la formuló se hace evidente que esa pareja se deduce de la enseñanza de J. Lacan.

«Piezas sueltas» no es ni una cosa, ni la otra. Esa expresión, como decía antes citando a JAM puede encontrarse en el seminario de «La Angustia», pero aquí es una expresión sacada de aquel contexto y usada para otra cosa, como una – precisamente – pieza suelta, cumpliendo en acto la función novedosa que ha tenido a partir de ese momento en la Orientación Lacaniana. La extrae, la arranca de un momento de la enseñanza de Lacan, incrustándola en otro plano, haciéndola útil para otra cosa, dándole un brillo que la hace notable y volviéndola un instrumento para leer el Joyce que Lacan construye en el Seminario 23.

¿Cómo leer el seminario «El Sinthome»?, es el problema que aborda este curso, ¿cómo leer ese «desconcertante» y «perturbador» seminario «El Sinthome»? JAM es contundente, recomienda dejarse poseer por el seminario… sumergirse en eso, ir más allá de las incongruencias que se encuentran allí y que nos espantan.

Presentación del curso «Piezas Sueltas» de J.-A. Miller»Cuando venía para aquí, me decía que en verdad yo era como Pulgarcito y tenía los guijarros en mis bolsillos para no perderme en el bosque de los nudos.»

Y esta frase en la que se presenta como Pulgarcito frente al gigante Lacan pero también frente al enigma de este seminario, toca un punto álgido respecto de los nudos en la última enseñanza de Lacan.

Es el año 2004, y por qué no decirlo así, ya que lo he escrito textualmente en la contratapa del libro que entregué antes de viajar hacia aquí, en ese año 2004 en medio del furor borromeo, de la confusión y del enredo, Miller, con algunas piezas sueltas muestra por dónde avanza la enseñanza del último Lacan.

¿Y cuáles son algunos de los temas que se abordan aquí?, ¿qué temas ustedes encontrarán desplegados en estas páginas como una indagación y una toma de posición alrededor del sinthome?

Muchos, verdaderamente muchos temas, que han producido una profunda modificación en nuestra manera de pensar el síntoma, el inconsciente, el nombre del padre, para nombrar solo tres conceptos que nos son ineludibles. Pero también ha producido una verdadera modificación en nuestra concepción de la práctica misma del psicoanálisis. Y todos quienes estamos en esta orientación somos deudores de ese giro y de la manera en que JAM las ha trabajado en «Piezas sueltas». La clínica pragmática, el uso del síntoma, salen de aquí. Están en el seminario de Lacan pero son extraídas de allí de tal manera que las hace útiles para la práctica actual de cara al siglo XXI.

No puedo ni quiero extenderme en una enumeración de temas, sólo mencionaré algunos que tienen una incidencia destacada para la práctica analítica después del sinthome, o para decirlo de otro modo, como puertas de entrada a la última enseñanza de Lacan.

Y si hay una puerta de entrada a esa enseñanza es el énfasis puesto por J. Lacan en la nominación en desmedro de la comunicación. Y ese énfasis modifica por ejemplo un instrumento básico en el psicoanálisis como lo es la interpretación.

Lo cito para ustedes cuando en la segunda clase señala:

«Mientras vamos de la mano de Freud, hay formaciones del inconsciente, pero cuando vamos de la mano de Joyce, adquirimos esta perspectiva desde la cual las formaciones del inconsciente no son más que bordados en torno del cogollo de lo real, a partir de allí la meta del análisis es aislar ese cogollo y, para hacerlo, habrá que dejar caer el bordado. Dejar caer el bordado es diferente de descifrarlo, pues descifrar siempre es enlazar.

De Freud a Joyce, de la comunicación a la nominación, del inconsciente al síntoma, del desciframiento a aislar un pedazo de real. Mientras estamos con Freud, mientras estamos en el campo del Nombre del Padre, el síntoma responde ¿pero qué es interpretar cuando el síntoma ya no responde?

Y sin embargo en ese límite, en el análisis usamos el nombre del padre, desciframos, producimos lo que llamamos efectos de verdad, pero al final, vemos que todo eso, todo el campo del sentido se ordena por un real que hay que aislar. Esos trozos de real son las piezas sueltas que JAM presenta de distintas maneras en este curso. La práctica del psicoanálisis se ve así transformada.

Termino estas breves piezas sueltas citando al autor:

«En un psicoanálisis, todo lo que leemos –veámoslo así– converge en algo ilegible que circunscribimos, que ceñimos, que aislamos. Para obtenerlo, para llegar a eso, sin duda hay que trabajar duro, es necesario haber llevado la lectura al límite. ¿Y luego? Pues bien, llegamos a lo que denominaré «el estado Joyce» del síntoma, el estado en el cual ya no queda más que hacer del síntoma una obra. Lacan dio a esta invitación el nombre o el disfraz de pase. El pase no es una salida, es incluso lo contrario: un modo de arreglárselas. No salir de, sino arreglárselas con. Es un arte, es decir, un artificio».

Se trata de un Curso formidable

Fecha: 17/05/2013
Modalidad: Presencial
Lugar: Sede NEL CDMX

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¿Cómo cura el psicoanálisis?

¿Cómo cura el psicoanálisis?

Oscar Zack

Viviana Berger: En principio damos las gracias a las autoridades de la Universidad del Claustro de Sor Juana por habernos facilitado las instalaciones para llevar adelante esta conferencia. Quiero mencionar especialmente a la Vicerrectora, la Dra. Sandra Lorenzano, al director del Colegio de Psicología, Paulino Sabugal, y a Flor Trillo, la directora de la biblioteca. Es muy amable de su parte alojarnos en esta casa – ojalá se puedan organizar muchas más actividades en comunidad entre la Nel-Mx y esta institución.

El día de hoy está con nosotros, visitándonos en el DF, Oscar Zack, colega de la Escuela de la Orientación Lacaniana, de Buenos Aires, a quien recibimos con gran expectativa y entusiasmo. Le damos, entonces, formalmente, la bienvenida y auguramos unas jornadas muy fructíferas de trabajo, que se inician con esta conferencia, pero que en el día de hoy se continúa – esta vez, en nuestra sede – a las 19.30 hs, en el espacio del Encuentro de Biblioteca, para presentar su último libro, «Los decires del amor». Mañana, como solemos programar, a las 11 hs iniciará el seminario en relación a un tema muy afín con la conferencia de hoy, a propósito de la «Clínica de las neurosis». El seminario también tendrá lugar en la sede de la NEL. Están todos, entonces, también invitados a participar de estas otras propuestas.

Oscar Zack es un colega de aquellos que han sido protagonistas de la fundación de la EOL y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis hace más de 20 años, que ha vivido y ha escrito la historia de la Escuela desde el primer momento. Es un colega absolutamente comprometido con la causa del psicoanálisis y que ha formado parte de los organismos institucionales que conducen la Escuela. De hecho, ha sido Presidente de la EOL en el período 2003- 2004 y Director en el período 2008-10. Ha recibido el reconocimiento como AME (Analista Miembro de la Escuela) de la EOL (Escuela de la Orientación Lacaniana) y de la AMP (Asociación Mundial de Psicoanálisis). Tiene también una importante trayectoria como docente; es docente del ICdeBA (Instituto clínico de Buenos Aires), y además es Docente Invitado en la Maestría de Psicoanálisis de la UBA (Universidad de Buenos Aires). Tiene varios libros publicados, entre ellos: «Introducción a una Lectura de Jacques Lacan», en colaboración, Ed. Tekné 1985. «La psicosis de Freud a Lacan», en colaboración, Ed. Tekné 1987. Es autor de «Efectos de la Experiencia Analítica», Ed. Grama 2005. Su último libro, que les comentaba será presentado oficialmente en México esta noche, lleva por título «Los Decires del Amor», Ed. Grama 2012.

Así decimos sobre Oscar Zack.

Ahora, sólo unas breves palabras en relación al tema de la conferencia, «¿Qué cura el psicoanálisis?

Hace unas semanas escuchaba una mesa redonda que se llevaba a cabo en la Sorbonne, en la que participaban Jacques-Alain Miller, otra psicoanalista – de otra orientación -, y una feminista. La pregunta que convocaba la discusión era algo así como «¿El matrimonio, es un lazo que libera?». La propuesta surgió a propósito de la legalización del «matrimonio para todos» en Francia – ley que se anuncia en ese país para octubre de este año. Entonces, la sociedad está debatiendo y en esa mesa redonda los conferencistas van desarrollando los pensamientos, las reflexiones, las teorías, etc., todo muy filosófico, muy formal; hasta que luego, hacia el final, Jaques-Alain Miller dice algo así como: «En fin, ya me cansé de hablar como intelectual. Ahora voy a hablar como analista». Es decir, no como persona si como «analista». Y sigue: «Y voy a decir lo que es mi posición en relación a este tema». Se produce un suspenso en la sala, y entonces dice: «Lo que yo pienso – aclarando que hablaba absolutamente en su nombre y no en representación de la AMP – es que la ley del «matrimonio para todos» lo que va a producir para la comunidad homosexual, es una liberación de la vergüenza de ser homosexual… – cosa que es muy importante porque en el consultorio se escucha el padecer por la discriminación y la vergüenza de ser considerado como «diferente», y – continúa – «el aporte que va a hacer a la comunidad heterosexual, es de liberarlos de la idea, del prejuicio de la normalidad». Acto seguido, se escucha un efusivo aplauso del auditorio.

Con esto quiero subrayar, quiero transmitir, que la concepción del psicoanálisis en relación a la «curación» es una concepción absolutamente respetuosa de las singularidades de cada quién, y que en tanto tal, está más allá de las creencias colectivas en cuanto a los criterios de normalidad, está más allá de los ideales del discurso de la sociedad – lo que no quiere decir que el psicoanálisis desatienda la demanda de alivio al sufrimiento que le dirige el paciente. Sólo que – debemos decir – el psicoanálisis no se restringe al levantamiento sintomático sino que aborda la dimensión del fantasma y del goce incluidos en el síntoma del sujeto.

En este sentido, Oscar adelantaba en el argumento de esta conferencia, algo que seguramente va a desarrollar con detalle, que es la separación del psicoanálisis en relación a las psicoterapias. Entonces quizás podamos ubicar algunas coordenadas para iluminar preguntas que se formulan muy habitualmente, como por ejemplo, ¿cómo saber que estamos haciendo psicoanálisis y no estamos haciendo psicoterapia? ¿Cómo saber cuando opera el deseo del analista y cuando lo que está funcionando en el dispositivo es la sugestión? Dicho sea de paso, ¿hay sugestión en un análisis?

En fin, a continuación una exposición en relación a la experiencia analítica desde el punto de vista de la cura que invoca el deseo del analista.

Le cedo entonces, ahora sí, la palabra a Oscar Zack.

Oscar Zack: Gracias Viviana, por la presentación y gracias a las autoridades del Claustro por alojarnos en esta actividad. Desarrollar una conferencia frente a una audiencia desconocida requiere ubicar previamente algunas coordenadas para orientar tanto al conferencista como a los eventuales participantes.

En algunas ocasiones no suele ser muy cómodo el lugar del responsable de una conferencia, ya que en general no es posible tener alguna certidumbre acerca de quien es el Otro a quien la misma se dirige, el Otro de la interlocución.

Suele pasar también que los que escuchan una conferencia ignoran qué es lo que acredita al conferencista para ocupar ese lugar.

Ubicada esta tensión, hay que decir que suele tratarse de una ignorancia recíproca entre los dos polos de la interlocución. Este lazo tiene un nombre se trata de una doble desuposición del saber.

El desafío es pasar de esta desuposición inicial a una esperable suposición de saber.

Voy a partir de la idea que los aquí presentes están concernidos, aunque sea por curiosidad, por un interés por el psicoanálisis, por el psicoanálisis de la orientación lacaniana.

Es indudable que en los comienzos de siglo XXI nuevos desafíos se presentan tanto para el psicoanálisis como para los psicoanalistas, como así también para todos los practicantes que orientan su acción sostenidos fundamentalmente en el efecto curativo que la palabra posee.

Tiempos actuales, tiempos de la hipermodernidad en los cuales, irrumpen nuevas problemáticas que se manifiestan de tal forma que van determinando modificaciones en nuestra práctica.

Esto hace que hoy, los psicoanalistas, nos ocupemos de fenómenos, acontecimientos y problemáticas que nos eran un poco ajenas, apenas 20 o 30 años atrás. Las modificaciones en el campo de lo político, lo cultural, lo científico, fueron determinando que los analistas nos transformemos en un objeto más dúctil, más maleable, más al alcance de todos.

Objeto útil no solo para responder a las llamadas nuevas angustias y nuevos síntomas (anorexia, bulimia, adicciones, ataques de pánico, etc.) sino también para que podamos participar con algunas respuestas a las situaciones que –viniendo del campo de lo social- irrumpen en la subjetividad moderna creando así nuevas causas para el sufrimiento subjetivo. Es decir que los analistas debemos participar en los debates de la modernidad a partir de sostener un decir diferente.

Ahora bien, es sabido que el psicoanálisis no es original ni novedoso en tratar, de ser eficaz, por medio de la palabra, para tratar de dar respuesta al dolor o al desamparo del ser humano. Tiene sus antecesores: el oráculo, el shamán, los sacerdotes, fueron y son representantes de saberes que intentaron e intentan dar respuesta a la división estructural del sujeto humano; son, por así decirlo, los antecesores del Sujeto supuesto al Saber.

Pero la práctica del psicoanálisis mantiene con ellos diferencias irreconciliables, en la medida en que posee una concepción singular del lenguaje y del sujeto y por cuyo efecto inaugura una nueva relación de éste con su palabra.

«El analista, dice Lacan, se distingue en que hace de una función que es común a todos los hombres, un uso que no está al alcance de todo el mundo cuando porta la palabra» [1]

Entonces, lo verdaderamente novedoso que introduce el psicoanálisis es la manera en que se invita a hablar al sujeto y la forma en que se lo escucha.

En términos freudianos, se trata de la asociación libre y la atención flotante.

Freud fue el primer analista y analizante de de la historia, su libro la interpretación de los sueños testimonia de esto, y su verdadero invento es el psicoanalista, en tanto agente de un discurso -el discurso analítico- y posicionado en un dispositivo específico: el dispositivo analítico.

Es en este sesgo que podemos nuevamente evocar el texto de Lacan del año 1955 («Variantes de la Cura Tipo») en el que afirma: «Se trata [el psicoanálisis] ciertamente de un rigor en cierto modo ético, fuera del cual toda cura, incluso atiborrada de conocimientos psicoanalíticos, no sería sino psicoterapia.»[2]

No basta con hacer uso de una retórica psicoanalítica para dar consistencia a una práctica que difiere de otras prácticas psicoterapéuticas.

Por otra parte, es sabido que desde muchos años atrás, se nos intentó adjudicar a los analistas lacanianos un supuesto desinterés por el sufrimiento del ser humano, se decía que la nuestra era una práctica que pivoteaba sobre una cierta aventura intelectual y que nos despreocupábamos tanto del síntoma, como de la angustia y el malestar. Nada más alejado de nuestro horizonte.

Frente a esas criticas mal intencionadas no está de más recordar la afirmación freudiana que sostiene que en el psicoanálisis la cura adviene por añadidura, que un analista imbuido de un supuesto deseo de curar es empujado, por efectos de estructura, por fuera del discurso analítico.

Esta preocupación ubica en nuestro horizonte la necesidad de ser los custodios de esta práctica, recordando que la inquietud por el destino del psicoanálisis no fue ajena a Freud quien ya en el año 1910 en su artículo El porvenir de la terapia psicoanalítica sostiene esta cuestión sobre tres factores: 1º) progreso interno, 2º) incremento de autoridad y 3º) efecto general de nuestra labor. Freud advertía acerca de las resistencias que emanarían desde el campo social en relación a nuestra práctica en tanto que no vería con agrado «la revelación de sus daños y de sus imperfecciones y que nos acusa de socavar los ideales porque destruimos algunas ilusiones» observando y también orientando a los practicantes que «no debemos olvidar que tampoco es posible situarnos en la vida como fanáticos higienistas o terapeutas».

Es decir el consejo freudiano es que debemos sustraernos del deseo de curar y nunca perder de vista la tensión existente entre lo individual y lo colectivo.

La práctica psicoanalítica en la actualidad debe poder instituir una dialéctica fecunda entre lo tradicional y lo nuevo, entre lo clásico y lo moderno.

Sin estándares pero con principios.

Hay que acompañar el despliegue de lo nuevo, sostenido en la recuperación de lo que de la tradición es necesario sostener como punto de apoyo al proceso de innovación.

En este sentido la enseñanza de Lacan es una innovación respecto de la tradición freudiana. La innovación lacaniana en el campo de la práctica analítica apunta a conmover la estructura de aquellas prácticas, que si bien tienen su raíz en la teoría freudiana, fueron abandonando lo verdaderamente subversivo que posee y fueron adaptando su perspectiva terapéutica para adecuarse de la mala manera a los ideales adaptativos de cada época, de tal forma que Lacan no dudó, por las mejores razones, de cuestionar la pérdida de rumbo del psicoanálisis post–freudiano como así también las ofertas psicoterapéuticas que se alejan de los principios analíticos. Así no dudo en cuestionar la ritualización de nuestro quehacer sostenido en reglas técnicas como por ejemplo en el rígido y obsesivizante encuadre analítico.

El retorno a Freud proclamado por Lacan se inscribe en esta perspectiva.

La práctica analítica se sostiene en conceptos y no en preceptos, es decir en principios que determinan que los límites de nuestra acción (acto e interpretación) están dados por el límite ético que se articula al discurso analítico.

De esta forma vamos delineando la diferencia entre psicoterapia y psicoanálisis.

Nuestra oferta sigue apoyándose en la confianza y la creencia en el síntoma. El síntoma, así lo consideramos, es lo más real (concepto lacaniano), lo más singular de un sujeto, esta singularidad impide que su padecimiento sea colectivizable. Nuestra orientación no solo no pretende acallar al síntoma, sean los clásicos o los que se presentan bajo sus nuevas formas (anorexia, bulimia, adicciones, etc.), sino que lo que propiciamos es hacerlos hablar.

Así es factible sostener que el síntoma esta hecho de palabras, palabras condensadoras de goce, y ocupa en el discurso del analizante el vacío que crea una verdad singular que no alcanza el estatuto del discurso.

No esta demás recordar que el psicoanálisis, desde su origen, se constituyo en un fiel defensor del sujeto, del sujeto afectado por los efectos, en su subjetividad, tanto de la palabra como del lenguaje, de lo contingente como de lo estructural, con los efectos condicionantes de su deseo como de su goce siendo estas algunas de las variables que van determinando su ser.

El psicoanálisis tiene como objetivo hacerse cargo de la cura del padecimiento del sujeto que se resiste a ser reducido a un organismo, que se resiste a aceptar que su cura implica la adaptación a una norma que no lo cuenta en su singularidad.

Esta caracterización deberíamos tenerla siempre presente en la medida que no olvidemos que tanto la inhibición como el síntoma y la angustia son expresiones manifiestas de causas enigmáticas construidas sobre la base de ciertas perturbaciones del sentido que responden a la conjunción de efectos estructurales como de causales singulares.

Ahora bien, hay que poner en nuestra reflexión los cambios de paradigmas que se han sucedido en los últimos cincuenta años.

Es por esto que nuestra práctica no puede ser, o no tendría que ser, una práctica nostálgica. Hoy nos topamos con los llamados nuevos síntomas.

Los nuevos síntomas son formas expresivas de lo que en el mundo contemporáneo se muestra como patologías de la época. ¿Cómo ofrecer el discurso analítico a patologías que, en principio, rechazan el inconsciente? La histeria clásica, que todavía existe, no rechaza al inconsciente, el psicoanalista se mueve más cómodo cuando la demanda viene proferida por la histeria, o por otro forma de presentación de las neurosis.

Es un desafío para los analistas, que sin renunciar a los principios de los cuales se nutre la doctrina, poder ofrecer en el mercado actual una dimensión del psicoanálisis y también del psicoanalista, acorde al momento de la época. Esto quiere decir ser inflexible en los principios y ser flexible en la expresión fenoménica de nuestras ofertas. Lo mejor que le puede pasar a cualquier sujeto cuya patología lo aleja de la dimensión del síntoma como mensaje, es encontrarse con un psicoanalista que lo acompañe en el intento de tratar de transformar ese síntoma, que aparece como una coagulación del goce, en un síntoma en el que se admite que aloje algún saber, un saber no sabido.

Como contrapartida a esta perspectiva se encuentra la aspiración de algunas prácticas que vestidas con el ropaje de la ciencia pretenden construir una descripción programada de cada uno de nosotros – desde la programación genética hasta la programación del entorno, pasando por el cálculo cada vez más preciso de los riesgos posibles -, tratando de hacer existir así una causalidad programada. Llegado a este punto cabe la pregunta ¿qué puede esperar un sujeto del psicoanálisis? ¿Cuál es su eficacia? ¿Qué destino para el síntoma?

La eficacia del psicoanálisis no puede ser puesta en duda en la medida que se admita el poder que la palabra puede tener en un sujeto, pero a diferencia del pensamiento mágico el psicoanálisis intenta dar cuenta de la función de la causa, de la causa singular, que se revela en las formas de goce de cada sujeto, que se revela en el síntoma en la inhibición, en la angustia. Así cada sujeto debe ser considerado como un sujeto de excepción y no incorporable a un conjunto universal.

El psicoanálisis promueve que la cura de la neurosis implica curarse del propio destino – el pasado condiciona pero no condena, el sujeto siempre es y será responsable, más no culpable, de sus elecciones tanto en el campo del deseo como del goce. Es lo que Lacan llamo «la insondable decisión del ser».

Para poder transitar este camino Freud funda un dispositivo, un dispositivo de palabra, que quiere decir que el sujeto que habla dará su consentimiento al hecho que a partir de su decir se puede ubicar lo que dice, lo que dice en torno a alguna verdad singular, así brevemente se introduce el concepto inconsciente y el de interpretación analítica que hay que subrayar que no se debe confundir con la hermenéutica (si bien la hermenéutica es una interpretación, la interpretación analítica no es una hermenéutica). La interpretación analítica apunta a buscar un efecto sujeto, renunciando a buscar a un supuesto sentido último.

El efecto sujeto hay que entenderlo a partir de considerar que éste, se produce más por lo que desconoce que por lo que conoce. De esta forma sostenemos que la interpretación analítica es una producción, que busca el desencadenamiento del proceso asociativo y que se constituye así en un acto creador.

Esta orientación tiene presente que el que escucha, el analista es aquel que puede poner en práctica una escucha diferente que entre otras cosas debe siempre abstenerse de la tentación de constituirse en un crítico de los dichos del analizante. La escucha diferente también quiere decir que el analista es el que admite que la misma opera a partir de su no saber, su no saber del caso que le toca escuchar. Es la manera de sostener el principio que dice que cada caso es un caso único. Para decirlo más claramente: El analista nunca opera con su saber.

Estas coordenadas hacen que nuestra práctica se aleje de la técnica en la medida que esta haría que el caso pierda su especificidad y su singularidad. Ahora bien, cabe preguntarse: ¿Qué es lo que permite, autoriza, al analista para que sostener una escucha diferente, y un decir diferente?

Hay un concepto que permite que esta dialéctica se instale, es el concepto de transferencia. La primera aproximación que podemos introducir con relación a la transferencia es que es el nombre que se le da al despliegue o a la expresión de los afectos que se presentifican en el lazo entre analista y analizante, desde la perspectiva de este último. Esto hace que la palabra del analista posea para el analizante un efecto especial. En principio de lo que se trata es del clima bajo el cual se desenvuelve una experiencia de análisis.

Nuestra concepción de la transferencia y su instrumentación hacen que nuestra práctica se diferencie del uso que hace el otro psicoanálisis y también del uso que hacen las distintas expresiones de la psicoterapia, razón por la cual decimos que «el psicoanálisis es una terapéutica que no es como las demás»[3]. Una primera consecuencia dice: el analista no es un terapeuta como los demás. Entonces cabe preguntarse dónde ubicar su diferencia.

La misma no es fenoménica sino estructural ya que se puede sostener muy bien el semblante del psicoanalista pero funcionar en los hechos como un psicoterapeuta. Afirmar que la diferencia es estructural es sostener que hay un solo discurso, idóneo para conducir una cura en la perspectiva del psicoanálisis. El analista dirige la cura a partir que se ubica en el dispositivo como un objeto, el objeto a, es decir que suspende su condición de sujeto.

La misma estructura del dispositivo, en la medida que llama al silencio del analista, empuja a ese lugar. Cabe aclarar que el silencio no quiere decir estar callado sino que implica un decir que apunte a lo singular del sujeto. El silencio es un acto. El discurso analítico condiciona al analista tanto en su interpretación como en su acto; de estos, sin lugar a dudas, se desprende su posición ética, deudora entonces de un discurso.

La interpretación suele ser el nombre que nombra la palabra del analista, incluso cuando éste calla. Es la manera de entender la preferencia de Lacan por un discurso sin palabras.

Retornado a la tensión entre psicoterapia y psicoanálisis, en 1970, veinte años después de «Variantes…» podemos leer en «Televisión» que la psicoterapia conduce a lo peor. En una lectura apresurada, o quizás ingenua, podría parecer que aquí Lacan produce una afirmación antagónica a la anterior. Muy por el contrario, nos transmite y nos ubica en el valor exacto que le damos a la experiencia analítica y su articulación con la psicoterapia. Que ésta conduce a lo peor es indudable, ya que hay una imposibilidad lógica que nos lleva al fracaso cuando intentamos, objetivos de la psicoterapia, terapeutizar al inconsciente, terapeutizar a la pulsión. Ofertar psicoterapia conlleva una suerte de engaño, ya que el sujeto posee su propia terapéutica, que en la doctrina responde a un concepto: el fantasma.

El fantasma es la terapéutica personal del neurótico, que cumple una función en la estructura de la constitución subjetiva. El fantasma es la respuesta que el sujeto se da a la pregunta que se formula a partir del síntoma. El síntoma es una pregunta, y el fantasma es una respuesta que no da respuesta a la pregunta del síntoma. La inadecuación estructural entre ambos hace que en algún momento, como efecto de alguna identificación que ha trastabillado (y que ha dejado de ser un sostén efectivo para el sujeto) presentifica al síntoma en una dimensión enigmática para el sujeto mismo, y suele generar las condiciones -es decir, empujar al sujeto- para motorizar alguna demanda de cura.

Entonces, instituida una demanda, es una forma de denunciar en acto el fracaso de la solución terapéutica personal, el fracaso de la función del fantasma. De esto podemos concluir la dimensión de engaño que implicaría la oferta de una vuelta a un statu-quo ante a la irrupción del síntoma. Es en esta perspectiva que nos autorizamos a afirmar que la psicoterapia sería un uso mezquino de los efectos analíticos.

Así ubicamos una diferencia radical entre la psicoterapia y los efectos terapéuticos, de los cuales el psicoanálisis no sólo no reniega sino que por el contrario promueve, lo denominamos psicoanálisis aplicado.

Ahora bien, lo novedosos que también introduce Lacan en su intento de sacar a la práctica de la burocratización se capta también en la modificación de los llamados estándares del encuadre.

En nuestra perspectiva no hay ninguna lógica que le dé racionalidad a los cincuenta minutos, podemos decir no hay ninguna lógica en la cual sostener un horario rígido, un tiempo predeterminado de la sesión. Entonces, la conceptualización lacaniana introdujo variaciones en la práctica misma: tiempo de las sesiones, durabilidad de los tratamientos y un intento de conceptualizar el fin del análisis que avanza también sobre la reflexión freudiana.

La enseñanza de Lacan conmueve las bases doctrinarias de la práctica; a la rutina, Lacan le opuso la invención, al dormir, Lacan le opuso el despertar. Ubicar esto implica que el encuentro con un analista es el encuentro con el agente de un discurso que le da un estatuto diferente a la palabra del sufriente. Para nosotros la palabra no es instrumento de comunicación sino que, a partir de ella, se inscribe la dimensión gozosa que la cadena significante vehiculiza. Hablar –para nosotros- no es comunicar, es ubicar los sujetos de la intercomunicación, hablar es también perder goce, la catarsis así lo demuestra. Para un sujeto sufriente no es poco el encuentro con alguien que no se posicione como amo. Entonces ¿qué proponemos como analistas frente a la palabra que se despliega en un discurso?

Que el que habla se haga responsable de lo que dice.

No vale el «yo quise decir otra cosa», hay que soportar lo que se dice. Hay que saber que alguien que dice «yo quise decir otra cosa», todavía no tiene esa permeabilidad para captar lo que emerge como enunciación a partir de sus enunciados, lo que emerge como la dimensión inconsciente a partir de su discurso consciente. Sabemos que la palabra tiene, por estructura, un efecto de sugestión. Entonces, cuando intentamos diferenciar una práctica de otra práctica, un psicoanálisis de una práctica de la palabra que no lo es, hay que recordar que la diferencia es no sólo el uso de la palabra, sino también el rigor ético que el uso de la palabra determina.

Ahora bien: todo análisis comienza por una demanda que en una dimensión fenoménica promueve el encuentro entre un sujeto y un analista -en este punto vale un poco la generalización- que viene vehiculizado por cierto fracaso, por cierta ruptura del lazo social. Si el síntoma, al albergar un goce desconocido, una satisfacción desconocida, es displacer, si el síntoma es algo que no anda en el campo de lo real, por el contrario el fantasma suele proveer placer. El fantasma es una máquina de transformar goce en placer. Cualquier sujeto en su fantasmagoría, o en sus sueños, puede constituirse en el héroe de su novela, nadie se lo impide. La demanda, en general, viene vehiculizada cuando el síntoma se convierte en signo de algo que no anda, de que algo anda mal para el sujeto. El encuentro con un analista implica la apertura de un espacio en el cual se va a producir la ruptura del diálogo convencional.

Desde nuestra perspectiva el esquema de la interlocución dice que el receptor, quien recibe el mensaje, decide lo que el emisor dijo. La interpretación se sostiene en esta lógica, y parte de la premisa «tú lo has dicho». Es «tu lo has dicho en la medida en que yo lo escuché».

Un sujeto habla, el analista escucha, interpreta y por efecto retroactivo le dice «tú has dicho esto», «tú has dicho esto que se desprende de tus dichos, más allá del que tú lo hayas querido decir». La interpretación se sostiene en esta lógica: no importa lo que quisiste decir, importa lo que dijiste. Es la diferencia entre el enunciado y la enunciación, la diferencia entre el dicho y el decir.

Quiero ilustrar brevemente esta cuestión a partir del siguiente relato: una mujer llega a la consulta empujada, entre otras causas, por el padecimiento de su asma, al ser interrogada por las razones de este síntoma hace referencia a que su madre también es asmática, esta respuesta queda inscripta bajo lo que llamaría una teoría genética. En otro momento de su relato admite que su hermano no padece de dicho síntoma, por lo cual se precipita la caída de la teoría que sostenía la causa del mismo. En un tercer momento relata con angustia un fantasma que la atormentaba desde pequeña, la posibilidad de ser una hija adoptada. Se esclarece de esta forma la solución que el síntoma aportaba. El asma intentaba garantizar una filiación que estaba puesta en duda. Despejado el lazo perturbador entre el síntoma y el fantasma se pudo concluir el tiempo de las entrevistas preliminares para dar lugar al comienzo del análisis.

Esta perspectiva presentifica las coordenadas, que permiten poner en acto un discurso que se oponga a la masificación alienante del sujeto, que en este caso, hubiera implicado darle consistencia a este ser de asmática que la dejaba a merced del goce sintomático. Eso es lo que ofertamos nosotros (en un primer tiempo, obviamente): a la certidumbre inconsistente le oponemos, la duda fecunda que permita arribar a una certidumbre consistente. No esta demás recordar que a duda metódica es la base de la ciencia, es el pensamiento cartesiano, que no se sostiene en la duda obsesiva, sino en la duda metódica, es decir que un sujeto que viene con una certidumbre se va con una incertidumbre.

Otro ejemplo: primera entrevista, un joven comienza el relato de sus explosiones de ira, que terminan en situaciones de mucha angustia personal. Cuando se lo invita a hablar al respecto describe cómo, para la familia y para él, estos episodios se transforman en un problema serio, y que tiene muy bien contabilizados a estos episodios, de explosión de ira y de violencia. No llega a la acción, pero entra en un estado de desesperación. Indagando un poco más, relata su rigidez subjetiva para poder tramitar de la buena manera los momentos desagradables en la cotidianeidad de su vida, es un sujeto que no quiere admitir la contingencia. Es alguien que se va cargando y no encuentra canales eficaces de dialectización de esa violencia que se le va generando. Le digo: «ah, ¡entonces no es un problema, es una solución! Se va sumando, sumando, y sumando y la explosión es la solución a todo eso. El problema es la sucesión de hechos». El sujeto, con lucidez, dice «¿usted me está diciendo que yo soy como una olla a presión?». «Exactamente –respondo- usted es una olla a presión».

Como se puede captar se trata de que los sujetos vienen a la consulta con una cierta certidumbre: «tengo tal o cual problema»; y se encuentran en el dispositivo analítico con que el supuesto problema aporta una solución, es la dimensión de solución que tiene el síntoma. Una mala solución pero una solución al fin. Eso abre una perspectiva completamente distinta.

¿Qué es lo que probablemente hubiera hecho un practicante no advertido que el síntoma es una solución? Hubiera intentado una supresión de los ataques de ira, una suerte de reeducación emocional, sin tomar en cuenta la dimensión gozosa de la pulsión que todo síntoma anida, sin considerar la solución que este síntoma aportaba.

Dicho de otra forma, el que suele identificarse a una función exclusivamente psicoterapéutica, es aquél que se constituye en una suerte de guardián de la realidad colectiva e intenta ser su representante bajo el perfil de la sensatez de estas ideas colectivas.

Tomaré ahora los efectos terapéuticos y los efectos analíticos.

Cuando Lacan enuncia su preferencia, a saber: «un discurso sin palabras», refiriéndose fundamentalmente al discurso analítico, quiere decir que cuando el analista habla, nunca lo hace desde su subjetividad; cuando el analista habla subvierte la estructura lógica de la palabra. Si consideramos, por estructura, que la palabra siempre es una demanda al Otro, entonces la interpretación es una palabra que subvierte la estructura de la misma.

Cuando el analista habla usa una palabra que no está marcada por su subjetividad. Este rasgo permite pensar por qué Lacan hace del analista un objeto y no un sujeto. La posición del analista es un rechazo a gozar del poder sugestivo que le provee el lugar que ocupa –transferencia mediante. Es el rechazo a ser un amo que se sostiene en su ser, es el rechazo a conducirse a partir de la contratransferencia. El analista posicionado como objeto que evita que su condición de sujeto opere en el análisis que conduce, trata de no introducir su dimensión subjetiva en la medida en que analiza. No se le propone a un analizante que se conduzca conforme a los ideales del analista, sino que se lo invita al analizante a que «encuentre su solución». Un psicoanálisis depende de la posición del analista, en tanto éste dirige la cura.

Cuando el analizante capta la insensatez del significante al cual estaba amarrado, el que también funcionaba como causante de su malestar, verifica claramente que el mismo es del orden de la insensatez y del sinsentido. En el texto de Lacan, «Televisión», podemos leer: «El buen sentido representa la sugestión, la comedia, la risa…. Es ahí que la psicoterapia, cualquiera que sea, no alcanza, no que no ejerza algún bien, sino que nos retrotrae a lo peor». El sentido apunta a eso. Cuando la solución que el síntoma aporta, precipita, encuentra una forma de decirse, es un momento de apertura a una subjetividad distinta, es el efecto de la interpretación inolvidable.

Un punto que es central es el respeto por la dignidad de la palabra y del sujeto, el respeto por las condiciones de goce que hacen a cada sujeto un sujeto singular y no universalizable.

Todo síntoma posee dos caras, es una extraña conjunción entre la satisfacción pulsional que otorga y el de funcionar como un obstáculo en la vida del sujeto, es estar bien en el mal. Es la conjunción entre la satisfacción y el displacer.

El síntoma analítico, en la perspectiva freudiana, encuentra sus raíces en lo reprimido y es por este rasgo – como indica Freud en su Conferencia XXI- que para el yo posee la cualidad de ser una «tierra extranjera interior». El síntoma neurótico se articula, y he aquí su función, a lo inconsciente, a la vida pulsional y a la sexualidad. Esto le permite afirmar a Freud afirmar que es una suerte de práctica sexual de los neuróticos.

Es esta la novedad subversiva que aporta el psicoanálisis y que marcha a contrapelo de todas las ofertas de confort y bienestar, ofertas que fracasan porque el sujeto no se desprende así porque sí de esa fuente de constante satisfacción pulsional. No es inusual escuchar en su enunciación que los neuróticos aman su síntoma y no están dispuestos a desprenderse así nomás de él. Lo que el psicoanálisis nos aporta, vía el estatuto del síntoma, es la relación desarmónica, problemática del sujeto consigo mismo, y esta desarmonía se articula al síntoma. Entonces, si bien éste es disarmónico con el yo se puede decir que es armónico con el inconsciente.

El síntoma analítico adquiere su estatuto en la medida en que se eleva a la dimensión del discurso, en la medida en que se despliega en el contexto del dispositivo analítico, en la medida en que el analizante hace al analista destinatario de sus dichos. El psicoanalista pasa a formar parte del síntoma, está implicado en su función. Es una manera de captar el aforismo lacaniano «el analista forma parte del concepto de inconsciente». Cabe la pregunta ¿qué puede esperar un sujeto que lleva su análisis hasta el final? ¿Cuál es la conclusión esperada? ¿Qué destino para el síntoma?

En primer lugar la cura de la neurosis implica curarse del propio destino – el pasado condiciona pero no condena, el sujeto siempre es responsable de sus elecciones. Curarse del propio destino es sin lugar a dudas lograr soltar las amarras en las que el neurótico se encontraba capturado, es desvincularse de los efectos que el deseo del Otro y su posición de goce respecto del mismo lo determinaban en su neurosis. Es un desanudamiento, un desprendimiento de aquellas identificaciones que lo gobernaban y desde donde el sujeto era gobernable. Será el tiempo de la llamada destitución subjetiva que implica no-solo una destitución narcisística sino la instauración de un nuevo orden de subjetividad.

Se tratará entonces de construir una vida apoyada no ya en los ideales sino en la propia castración. Esto tiene una consecuencia inmediata: abandonar por siempre la ilusión de la armonía subjetiva, abandonar por siempre la ilusión de intentar hacer inexistente a lo real. Si el síntoma es armónico con el inconsciente para el psicoanálisis la «normalidad» es el síntoma, que ya no será neurótico. Se tratará de un saber hacer con él. Como se puede captar se trata de encontrar una salida singular para cada sujeto, una salida que se adecue a esa forma de goce que lo hace ser un sujeto no universalizable. Éste es el pragmatismo psicoanalítico, lo que el psicoanálisis no cura es resuelto bajo la vía del cambio de posición subjetiva respecto de lo incurable. Hay un camino, hay una apuesta a sostener, y es aquella a la que el psicoanálisis nos orienta: la oferta del discurso analítico, lo que constituirá un progreso, si no es solo para algunos. El psicoanálisis ofrece al sujeto una salida para el laberinto en el cual suele embrollarse en su vida. Le permite desembarazarse de las trampas a que lo somete su propio inconsciente.

Para concluir: ¿cuál es la oferta que el psicoanálisis promueve? Como decía Samuel Beckett: Si todos los caminos son equivocados, solo resta encontrar el camino equivocado que más le conviene a cada uno.

Esta es la apuesta del psicoanálisis.

Notas

  1. Lacan, J., «Variantes de la cura – tipo», en Escritos 1, siglo veintiuno editores, México, 1981, p.337
  2. Ibídem., p.312
  3. Ibídem.
  4. Lacan, J., El Seminario, Libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, 1992
  5. Lacan, J., Conferencia de prensa del 29 de octubre de 1974, en Actas de la Escuela Freudiana de París, Petrel, 1980

Fecha: 15/02/2013
Modalidad: Presencial
Lugar: Universidad de Claustro de Sor Juana

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La clínica lacaniana: su orientación y eficacia en el mundo actual

La clínica lacaniana: su orientación y eficacia en el mundo actual

Clara María Holguín

Viviana Berger: Contamos este fin de semana con la visita de Clara María Holguín, nuestra colega de la NEL-Bogotá que hemos invitado «con mucho gusto» – como dicen en Colombia, y con quien compartiremos un fin de semana de actividades sumamente interesantes – que ya les contaré.

No puedo evitar confesar nuestro especial «contento» en el evento de hoy, nuestro «mucho gusto», por una razón muy especial. Como salta a la vista, estamos inaugurando nueva sede para la Escuela – y esto nos pone muy felices. Esta inauguración va de la mano de la presencia de una colega de nuestra misma Escuela, que nos acompaña ¡en este acto tan trascendente! – compartir las alegrías con otros amigos, haciendo lazo, siempre potencia la intensidad. Nosotros estamos muy contentos y sabemos que nuestros colegas amigos de las otras sedes y delegaciones de la Escuela, también lo están.

Voy a decir sólo unas breves palabras – porque no podemos empezar esta conferencia sin mencionar el momento que estamos atravesando.

Creo que hemos llegado a este momento gracias al deseo mancomunado de todos los que hacemos a la NEL-Mx, esto es, miembros, asociados, alumnos y amigos del psicoanálisis, que nos leen, que se acercan, que comparten actividades.

En general, la expresión es «esfuerzo mancomunado» pero para mí es «deseo mancomunado», porque cuando hay «deseo», a mi modo de ver, no hay tal «esfuerzo», en todo caso, lo que hay es una fuerza, un empuje, que nos lleva y nos hace trabajar,nuestra energía queda puesta al servicio de la causa que nos convoca y no sentimos un peso del esfuerzo, más bien, sentimos una satisfacción y una alegría por nuestro trabajo.

En esta tarea en particular, para encontrar la sede, equiparla, dejarla a punto, ha participado especialmente una comisión sumamente trabajadora, deseante, eficiente, que ha dedicado mucho de su tiempo, que lo ha hecho con entusiasmo y excelente disposición. Debo hacer una mención especial para Carolina, Rosana, Paula, Gabriel, que con el apoyo cercanísimo de Marcela han tenido mucho que ver con que hoy podamos estar todos reunidos aquí. – Ya haremos un festejo el sábado en la noche y dedicaremos un tiempo exclusivo a la ceremonia inaugural. Pero quisiera pedirles a todo un caluroso aplauso para ellos.

Entonces, la NEL ya tiene casa. Y esto es el efecto de la existencia de una comunidad analítica del Campo Freudiano en México conformada por muchos, miembros, asociados, alumnos y amigos que dan vida al psicoanálisis en la ciudad.

Para terminar, voy a tomar una frase de un control de esta semana de una sujeto que decía que su «casa era su cárcel». Me resonaba con algo que Sergio Laia también decía de su consultorio, que era «su cárcel». Para mí, en todo caso, «una cárcel» que uno elige, donde queda «encarcelada» una satisfacción que hace lazo, que permite el ejercicio de un deseo y que entonces, siendo así, – para burlar la frase misma, y también el fantasma, una cárcel que «tiene las puertas abiertas». Las puertas están abiertas.

Volviendo al encuentro que nos compete hoy, la conferencia de Clara María Holguín, «La clínica lacaniana: su orientación y eficacia en el mundo actual», propone una interrogación: «cómo a través de nuestra clínica podemos dirigirnos a este «otro» que no quiere ceder nada de su goce, y, por qué nuestra práctica, la del psicoanálisis, es eficaz» – una buena pregunta que, en mi opinión, nos convoca en nuestra ética.

Clara nos propone «la clínica» lacaniana, que como sabemos, se sostiene en la palabra, en lo que se dice en un psicoanálisis. Y luego, Clara nos habla de «la práctica», la nuestra, esto es el tratamiento que proponemos, de lo real por medio de lo simbólico, que decimos «eficaz» – recordaba un artículo que escribí hace un tiempo, a penas llegué a México en el que pensaba algo de esto, justamente se llamaba «El analista y la eficacia de su lectura».

La clínica lacaniana: su orientación y eficacia en el mundo actualLa palabra del analista, su interpretación, es una palabra eficaz, es una palabra que toca el cuerpo, que actúa sobre el goce. Entonces, a diferencia de otras clínicas, por ejemplo, de la clínica de la psiquiatría, para el psicoanálisis no hay clínica sin analista, sin la inclusión de la respuesta del analista frente al síntoma. El analista debe dar una respuesta al síntoma, y una respuesta frente a los síntomas del mundo actual.

Estamos viviendo en un tiempo de «caída» de la palabra, de lo simbólico. Decía Wacjman en uno de los útimos Lacan Quotidien: cayó el muro de Berlín, las Torres Gemelas, tenemos los cracks bancarios, las crisis que se repiten, recesiones, etc. y con ellos, la caída de los tiempos modernos, los ideales, las creencias, las ideologías. E incluso, pone en la serie al arte, que otrora nos elevaba el alma, y nos hacía olvidar las durezas de la existencia, aportando belleza a nuestros sufrimientos y que hoy día, en vez de distraernos, nos transporta al corazón de lo real y nos hace ver eso que no queremos forzosamente ver.

Entonces, la invitación es a descender, a bajar los ojos y mirar hacia abajo, de hablar de todo lo que cae, pero en todo caso, no para caer con ello, sino para capturar algunas luces que el deseo del analista es capaz de producir.

Clara Holguín: Muchísimas gracias por esta invitación que me han hecho… ¡qué mejor que estar a aquí en este momento tan especial! Realmente, creo que es del orden del «acontecimiento», tanto tiempo, tanto recorrido y algo se concreta. Sin embargo, les venía diciendo a Marcela y a Ana que, de alguna manera, era algo extraño, porque cuando uno los lee vía internet con todo el trabajo que hacen, con las páginas que tienen, con los boletines tan maravillosos del los cuales todas nuestras sedes tomamos ejemplo y tratamos de ver cómo nos aproximamos un poco a ustedes, hubiera creído realmente que tenían un local. Esto, ¿por qué se los digo? Porque realmente, hay algo que se encarna de tal manera que parecería que esto estuviera matizado de otra forma. Cuando de pronto nos dicen: «No, no tenemos local»… ¿Cómo que no tienen local?… No sé si logro transmitir algo de esto que esta más allá de este lugar, pero que sin duda también es importante – cómo hacemos este lazo con la ciudad y cómo nos inventamos estas pequeñas cosas para hacer este lazo con la ciudad y sin duda tenerlo físicamente es parte de eso.

De manera que los felicito. No quiero arrancar sin darles mis mayores felicitaciones para ustedes y seguramente esto habla de un muy buen provenir de la NEL en México ¡Felicitaciones!

Bueno, ¡qué mejor que hablar sobre la eficacia! Tengo que decir que además es una propuesta de otro, cuando hablábamos un poco como conversar sobre esta conferencia pública y mandé un primer título, Ana me devuelve diciéndome y ¿qué tal si con este planteamiento te animas a nombrarlo de esta manera y provocamos un poco a nuestro público hablando de la eficacia? Era verdad que iba a hablar de la eficacia, pero sin decirlo – claro, pero eso me comprometía un poco porque ya nombrar la palabra «eficacia» en el mundo actual era un compromiso demás con ustedes, vamos a ver, ya me dirán, si me mido, si estoy a la altura de eso.

Hablar de la orientación y eficacia de la clínica lacaniana implica necesariamente referirnos al sujeto de nuestro tiempo y las variadas formas con las que se presenta en la clínica, únicamente desde allí podremos decir algo sobre su eficacia.

De cualquier modo, hablar de la eficacia no será una tarea fácil, al menos como clásicamente se la entiende, hace apenas unos meses G. Dargenton, [1] en Bogota, habló de la eficacia como un término acuñado por el avance del mercado y la falsa ciencia, esa que pretende ligarse a la contabilidad fría de una higiene falaz, en la cual la regulación de los cuerpos sea posible, de un número, de un dato estadístico, que forme parte de una lista estandarizada del dolor de existir; sin embargo y a pesar de ello, hay que ocuparse de la eficacia sin rechazarla, dándole todo su peso en el psicoanálisis, y hará falta tomar distancia de nuestra época para ubicar sus impasses.

Dividiremos el trabajo en tres partes:

En la primera parte, haré referencia a «nuestro mundo actual», a fin de pensar el lugar que tienen los objetos en él, designaré este apartado con el título del libro de Jean Claude Milner La política de las cosas, para interrogarnos ¿cómo es esto de que somos gobernados por los objetos? Dos ejemplos me servirán para ilustrarlo; en la segunda, del NO…..al Sí y lo Real haré alusión a las implicaciones estructurales de La política de las cosas para averiguar con qué clínica nos encontramos y qué tipo de síntomas se presentan en ella; y, en la tercera, una terapéutica que no es como las demás, abordaré el tema de la eficacia ¿Cuál es la eficacia del psicoanálisis?

La política de las cosas
La política de las cosas es una referencia que tomo a partir de escuchar a Marie Hélène Brousse, psicoanalista francesa, hace un año en un Seminario en Córdoba, Argentina, «Del Ideal hacia el objeto (hablando del superyó)».

La clínica lacaniana: su orientación y eficacia en el mundo actualSe trata de pensar el lugar y la función que adquieren los objetos que nos ofrece la ciencia y que el mercado promueve. Pongo a consideración el primer ejemplo, también de aquél seminario, que son esos pequeños objetos, cosas útiles que nos sirven para cuidar a nuestros niños, previniendo así que se lastimen: son objetos que se encargan de que los niños no introduzcan sus dedos en los enchufes ni en las puertas mientras mamá va corriendo; evitan también que se golpeen con las esquinas de la mesas y que abran los cajones, poniendo en riesgo al niño. Desde luego, no los desaliento en su uso, pero nuestro propósito aquí es averiguar el lugar que ocupan. Entonces, el niño no se lastima, no se electrocuta, no corre riesgo, basta colocar el objeto. No se requiere de un otro que diga: ¡no haga eso!, ¡no pongas la mano allí!, ¡no abras el cajón! Se prescinde del otro que prohíbe porque allí está el objeto para cumplir con esa función.

El otro ejemplo que quiero introducir es el uso del objeto «cámara», hoy cada vez más común, se multiplican de modo frenético tanto en las instituciones educativas como en las calles; hay las que están hechas para vigilar, se encuentran por todas partes, vivimos con ellas. Y como en el caso anterior, teniendo la cámara ya no se requiere de que haya alguien que diga alguna palabra ni que prohíba, porque la cámara vigila, es un ojo que viene a sancionar e impone la prohibición. Estos aparatos se hacen presentes en las casas con la pantallas de televisión, con las computadoras y con los celulares, entre otros; de modo que se trata también de un objeto que te captura, una mirada, un ojo, atrapando los cuerpos y que empuja a la adicción, no puedes parar de mirar….ese objeto (el objeto mirada, representado por la cámara), separado del cuerpo es aquello que viene a comandar y ordenar la vida.

En el lugar del No…aparecen los Objetos (las cosas).


En el lugar del no, es decir, de una palabra que introduce la interdicción, la prohibición, aparecen los objetos que dicen: Sí. El no y la prohibición han sido sustituidas por el Sí y el objeto real.

Objetos (cosas) = Sí y lo real
___________
NO

No es necesario hablar ni decir que no, porque el objeto ya tiene esa función.

Esto no coloca al niño frente al imposible ni la interdicción sino ante su propia impotencia, porque se trata de una forma de decir que sí…Pueden tocar cualquier cosa que da igual porque nada pasa ni siquiera deben tener cuidado, nada pasará. Luego, el niño carece de cualquier idea de lo imposible o de lo prohibido, pero si vive constantemente con lo que sí puede. Como ya decía, no se trata de desestimar los objetos del mercado, sino de saber qué uso les damos.

Entonces, es la posición contraria a la prohibición. Veamos, cuando a alguien se le dice: «está prohibido pisar el prado», inmediatamente da lugar a que en otro lugar sea posible pisarlo, que haya un prado que sí se puede pisar, es decir que exista la excepción, al tiempo que se produce la posibilidad de hacer lo contrario, transgredir la orden.

Frente a la interdicción, el deseo alcanza a engancharse, pero frente a la impotencia no se consigue hacer nada…Esto no es otra cosa que el pronóstico enunciado por Lacan, años atrás, al situar el objeto en el cenit social para señalar como los objetos nos comandan.

Pasemos pues a tratar de entender qué quiere decir este movimiento que se registra en «el mundo actual». Ya no en términos fenoménicos sino estructurales.

Del No….al Sí: consecuencias clínicas.
Empecemos por el ABC. No se necesita ser psicoanalista para saber que cuando nos encontramos ante el hecho de hacernos seres sociales, civilizados e introducirnos en el mundo de la cultura: implica una pérdida. Digámoslo de modo simple, al contrario de la respuesta de los animales que frente a la necesidad encuentran el objeto de su satisfacción; para el sujeto humano, cuando requiere satisfacer un objeto de la necesidad tendrá que pasar por el lenguaje, si tiene hambre su necesidad tiene que pasar por el lenguaje (por el significante), requiere demandar, y este paso de la necesidad a la demanda implica la pérdida del objeto natural, de ahí en más el objeto faltará (será un objeto que puede o que no puede estar, es decir un objeto simbólico).

Entonces, no hay la satisfacción de la necesidad para el sujeto humano. El objeto de la satisfacción falta, y esta misma falta es la que constituye el deseo. Es por la vía del deseo que el sujeto intentará encontrar ese objeto, aunque no sea más que alucinatoriamente (fantasías, sueños), y constituyendo a ese objeto perdido en un objeto causa del deseo, que cause ese movimiento de búsqueda. Ahora bien, este encuentro del organismo con el Otro (del lenguaje) adquiere una forma particular para cada uno, fijando condiciones singulares de satisfacción para ese sujeto. Esto es lo que conocemos con Freud como la pulsión. Entonces es por la vía del Otro, del significante, que el sujeto encontrará su satisfacción, intentará recuperar algo de esa satisfacción originariamente perdida.

Bien, ¿de qué nos habla esto? Esto nos coloca claramente en la lógica del deseo y de la falta, el objeto siempre está en falta, y ésta es una lógica negativa, el objeto aparece siempre como lo que no hay…. Y frente a ello se hallan las vías posibles para recuperar algo de lo perdido (objeto a).

Esta lógica implícita en la constitución subjetiva se redobla en lo que conocemos desde Freud como el Edipo y que Lacan va a retomar bajo la metáfora paterna, la operación del Nombre del Padre, Nom du père, lo digo en francés para introducir el equívoco en juego y señalar así de lo que se trata radicalmente con esta metáfora, y no perdernos en el mito. El padre del Edipo es el padre que dice: No, por un lado, No a la madre y No al niño, y por el otro, es aquél que dice que Sí. Al tiempo que le dice al niño, «con ésta no», dice «con las otras sí», él mismo se coloca bajo la ley porque dice: con ésta sí, con las otras no.

Entonces estamos diciendo al menos tres cuestiones:

1- Que el Nom du père pone en juego a la vez el nombre y el No. Da cuenta de la nominación que introduce el nombre del padre, en su función al decir «No». Nomina, acota, pone un límite. Cuando nombramos algo, se acota, se delimita, algo toma forma y deja de causar el sinsentido. Este efecto lo tiene el nom, del nombre del padre.

2- Que el padre transmite una versión (père-version), una versión de esa mujer que es la madre, pero además, y en ese sentido, estamos diciendo también que no se trata sólo de un padre muerto.

3-Que un padre, como dice Lacan en el Seminario 18 (De un discurso que no sea semblante) «si lo que se nombra padre, el Nombre del padre, es un nombre que tiene su eficacia, precisamente porque es alguien que se levanta para responder» es decir, si el padre es eficaz lo es porque, primero, es nombrado, o sea es quien viene al lugar de ese nombre; no es que sea, sino es aquello que representa ese lugar, por eso hablamos de la función del nombre del padre. Es un semblante. Y segundo, es eficaz porque hay «alguien» que se levanta para responder, es decir hay una presencia real y libidinal que sostiene el semblante, que articula el semblante.

No se trata de un «hacer como…» sino de «estar» en el semblante, hacer pasar por lo que «se es», hay que parecerlo, hay que estar en eso que se quiere hacer ser. El semblante materializa lo real, si lo real es un referente vacío, de igual modo el semblante materializa eso real con la presencia.

Si el padre puede hacer de semblante, nombrar, entonces logrará realizar una separación con lo real, introduciendo un límite al goce. Podrá hacer las veces del lenguaje, pero para ello debe ser uno que encarne la ley. Este es el verdadero operador de la castración, que vuelve eficaz el semblante, Esto permite que haya interdicción como efecto de este padre y que conocemos clásicamente como superyó (Superyó como heredero del complejo de Edipo).

Sin embargo y con esto volvemos a nuestros ejemplos: en nuestra civilización los objetos no faltan, están sumamente presentes, dando la ilusión de que no existe lo prohibido, que todo es posible, es decir que hay goce posible. No se trata ya de la lógica de la falta ni de la pérdida, sino de la lógica que introduce el objeto: una lógica de lo que hay.

Es un No a la castración, donde no sólo no funciona el operador que introduce el límite, es decir no hay quien encarne la ley (y que es evidenciado como el declive de la función paterna) sino que además agregamos que ante este declive se evidencia la presencia de los objetos reales, lo que conmueve la relación entre real y semblante. De un lado, en este declive aparece un semblante vacío de referente y del otro, el vacío llenado con objetos. No hay quién se levante para decir: aquí estoy, antes bien en ese lugar surgen objetos que sustituyen esta ley, haciendo creer que es posible acceder al objeto y que efectivamente no falta, diríamos entonces: hacen creer que se puede acceder al goce, a la relación sexual.

Si no opera la castración, la muerte es el único principio de limitación al goce.
Entonces, fíjense, el mundo que estaba regido y organizado por lo que llamamos en psicoanálisis el régimen del Nombre del Padre implica necesariamente Uno que ordenaba diciendo lo que estaba prohibido, Uno que daba consistencia al conjunto, Uno que representaba la ley, que estaba habitado por una voluntad de castración, que dice: ¡no goces!, un Otro que interpone un No al goce. Es lo que se conoce como el goce (edípico), un goce que debe ser rechazado, debe ser prohibido, debe pasar por un No en primer término, para luego ser alcanzado, permitido y en tanto positivizado pone de manifiesto las formas estructurales del deseo: imposible, prevenido e insatisfecho. Se dice No al goce, para después enunciar un Sí de orden superior, recuperar algo de ese goce (se hace entrar el goce en la dialéctica del deseo): «es preciso que el goce sea rechazado para que pueda ser atendido….». la ley del deseo, es la ley que crea el deseo por medio de la prohibición y por la negación, por lo tanto se debe dar vuelta a esta ley para tener acceso a lo que desde hace tiempo está prohibido.

La clínica lacaniana: su orientación y eficacia en el mundo actualHoy, con el sujeto de nuestro tiempo nos encontramos con todo lo contrario, ya no se trata de un objeto y un goce prohibido, donde la ley y la nominación tienen un efecto de corte, de separación con su malestar implícito, sino que el objeto y el goce no están prohibidos, están permitidos. Todo se puede. Conocen el slogan: anything is possible o nothing is impossible.

Antes de sacar las consecuencias de esto, debemos dar una vuelta y avanzar un poco, para acabar de comprender por qué se produce este giro.

Volvamos a esta ley. Esa ley que organiza y que nos permite vivir en comunidad, dando sentido al mundo, que organiza el mundo simbólico para el ser hablante y sus relaciones, estableciendo posibilidades de intercambio humano; es una ley, sin embargo, que no puede recubrir todo el goce, no logra acotar el goce completamente, por lo tanto algo de eso retorna bajo la forma de la demanda insaciable, que adquiere la forma de un imperativo, insensato, ciego y sin sentido. Lo que queda separado (el objeto) aparece en una repetición insaciable, como orden de muerte. Son todas las experiencias pulsionales que aparecen bajo la forma del mandato del cual el sujeto se encuentra separado y que se pone en juego en la demanda misma: ¡come! ¡No comas tanto chocolate, te enfermarás!, ¡te vas a caer!…. Son órdenes.

Entonces tenemos la ley pero también ella es destrucción. Esta ley da cuenta de la estructura del lenguaje, del imperio de lo simbólico en el ser hablante. Por estructura, el lenguaje introduce la pérdida y con ello la repetición incesante, es algo que se repite como orden de muerte. Efecto del lenguaje que podemos nombrar como efecto superyoico, que ya no funciona como prohibición, sino que ordena y pide más y más.

«Presenciamos la transformación de un orden que ya no responde ni al Uno (que ordena) y que funda la jerarquía, ni al principio de nombrar»[2], más bien, como señala E. Laurent se trata de ese «encore» que no cesa: «si uno está feliz, cómo ser más feliz aún»[3]. «Las fuerzas del ideal del yo han sido dejadas progresivamente de un lado en beneficio de un nuevo orden, que no es bueno o malo, bello o feo, verdadero o falso respecto del precedente, sino que es de hierro», como lo señalaba el psicoanalista E. Laurent[4]. Asistimos a la redefinición de la instancia del superyó.

Algo escapa a la metaforización, (en la metáfora siempre hay dos significantes, S1, S2, uno se sustituye al otro, el nombre del padre, sustituye al deseo de la madre), algo escapa a la nominación, dejando ver la otra cara en juego, que no es su cara de prohibición, sino del imperativo y que se pone en evidencia en un mundo donde no falta nada, donde no hay nada para prohibir, porque todo está permitido, no hay nada para transgredir porque como bien hemos mostrado, la ciencia y el mercado ofrecen objetos, múltiples objetos para responder.

No hay más metáfora. Hay el Uno. S1, S1, S1, unos solos.
Entonces, el mundo actual, el funcionamiento social de nuestra civilización aparece comandado por la permisividad, los objetos no faltan ni están prohibidos, lo que nos ubica más del lado del goce que del deseo.

Entonces al contrario de la clínica del deseo y de la falta (de la pérdida), donde es posible dar cuenta de las distintas formas del deseo como insatisfecho, imposible o prevenido; hoy la clínica tiene otra presentación, se trata de una clínica del goce, una clínica que tiene que ver con el goce «del» Otro, otro que dice: ¡goza! Y este es un problema, porque el Otro en cuestión (es un adelanto para nuestro seminario), no es el Otro del goce, entendido como deseo del Otro, sino que el Otro remite al cuerpo, al goce del cuerpo. Aquí se trata de una ruptura con la dialéctica (de la que hablamos arriba, donde era posible hacer entrar el goce en relación al deseo), para hablar de un goce al que se puede acceder por medio de los objetos que posibilita el mercado y la ciencia, goce que no depende de la prohibición ni de su recuperación, goce que no depende del Otro. El goce que no es del orden de la prohibición ni está articulado a la ley del deseo, es del orden del traumatismo, del choque, de la contingencia, es objeto de una fijación.

Se trata de algo más allá de la prohibición, tal como se presentifica en nuestro tiempo, como un goce positivizado, el de un cuerpo que goza. Es aquí cuando Lacan puede hablar del goce femenino, desprendido del penisneid que es una función negativa. Lo que Lacan entiende por este goce especial que está reservado a la mujer, es precisamente la parte del goce que subsiste sin sufrir la prohibición, no sufre la dialéctica, prohibición/recuperación.

Es una clínica que da cuenta de lo que ya nombramos entre nosotros (la orientación lacaniana) como la feminización del mundo, que no es que los hombres se vuelven afeminados y las mujeres masculinas. No. Se trata de la lógica femenina en términos de lo que Lacan introdujo en los años 70, como la lógica del «no todo», en comparación de lo que llamamos la lógica masculina que es la lógica del todo, del todo y la excepción. Esta feminización introduce lo que J.-A. Miller ha retomado de Lacan, en un ya famoso seminario El Otro que no existe y sus comités de ética, para señalar que la feminización es tributaria del estado actual del Otro, el Otro que no existe.

Que no quiere decir que no haya Otro, sino que el Otro existe de una forma incompleta e inconsistente. Incompletud quiere decir que no hay un significante último que termine de completar el conjunto de significantes, falta un significante. Inconsistente quiere decir que esa falta de significante se compensa porque alberga un objeto, dice Lacan, que es de otra estofa que el significante: el objeto a.

Entonces, el «no todo» y la feminización que implica el «sin límite» que son lo contrario del todo y la excepción cuyo régimen introduce el límite, el no goce absoluto, la imposibilidad. En la lógica del no todo, hay un sin límite (podría decir también no hay límite), hay una serie infinita, son los S1, S1, S1 solos, no hay forma de hacer el todo porque no hay excepción que haga un todo, por eso la lógica del no todo es tirana, porque nunca cierra.

Entonces decir que no existe el Otro, no es decir que no hay Otro, sino que es inconsistente e incompleto y en ese sentido da cuenta del fracaso mismo de los semblantes para mantener el reinado del nombre del padre, el fracaso del padre como semblante, es decir como aquello que permitía anudar lo real (goce, satisfacción) y lo simbólico, y que describimos comúnmente como el declive de la función paterna, que ya no es ordenadora del conjunto.

Caído este semblante paterno se pierde la distancia establecida por éste, es decir la diferencia que media entre este hacerse pasar por lo que se es, quedando el referente vacío (lo real) -como era el caso del padre- y lo real; es decir, si ese semblante cae nos enfrentamos a lo real, que aparece como una invitación, para decirlo del mejor modo, porque en realidad es un imperativo, a ese infinito, al no-todo, a que todo se pueda, a que no haya excepción, a hacerlo todo.

Podemos entonces preguntarnos, si lo que viene en lugar de la función de nominación ejercida por el padre, allí donde hay un verdadero declive del padre en tanto que valor metafórico y de nominación ¿es la función del superyó? Efectivamente. Se trata de la ley que no tiene otro objeto que ella misma. Y en ese sentido tiene que ver con lo femenino, porque es una ley que se origina en un mandato caprichoso que no tiene ninguna justificación para legitimarlo, una ley sin razón, sin sentido, y es importante decirlo así, porque nos permite separarnos de la idea imaginaria del superyó como algo malo, o sea emanciparlo de la figura (como señalaba MHB) de lobo malo y feroz, consecuencia del Edipo, para ubicarlo mas allá del Edipo. Esto es: del lado del objeto.

Y esto es precisamente lo que nos señala Lacan en el Seminario 18, De un Otro al otro, cuando se pregunta, ¿qué dice el padre en el ocaso del Edipo?, dice lo que dice el superyó: ¡Goza! La voz como un objeto es la concretización del goce del ser hablante.

El padre de la declinación del Edipo, dice en el mismo seminario, es un padre que no dice no, sino que dice Sí, pero no se trata del si de la autorización, que veíamos hace un momento, y que Lacan describe como el tercer tiempo del Edipo- un Sí que leíamos en términos del padre de la promesa y de la autorización porque para ello se requería del no previo; más bien se trata de un Sí que se interpreta como ¡Goza, sí, tú tienes que gozar!

La clínica lacaniana: su orientación y eficacia en el mundo actualNo es el padre de la metáfora paterna ni el padre del Nombre del padre, cuyo régimen es el no, sino el padre que dice sí, pero en el sentido de un sí que autoriza al goce. No tiene que ver con el significante ni con el nombrar, sino con el goce, es el padre del goce. El superyó reemplaza la función de la nominación y la metáfora, el superyó viene al lugar donde falta el poder de nombrar, atribuido a la función de autoridad.

El nombre del padre que implica la pérdida y la castración se sustituye por una función absoluta (Seminario 16), ahí se habla del superyó en términos de función: a ese nombre del padre se sustituye una función que es la de «nombrar para», y agrega, ser nombrado para algo, he aquí lo que despunta en un orden que se ve efectivamente sustituir al nombre del padre, «Salvo que aquí, (agrega Lacan, con la sustitución del nombrar para) la madre se basta por si sola para designar su proyecto y para indicar el camino».

Es una promesa de la madre sola con el niño. Este «nombrar para» implica el uso y no el nombre, es un poder de lo real mayor que el poder del significante.

Entonces para concluir:

«Las modificaciones del orden simbólico de hoy, que van desde la fragmentación del Nombre del Padre, y el avance del orden social de hierro, que se concretiza por el auge de los protocolos cognitivistas y el reemplazo de nombre propio por la función, «nombrar para» hasta la multiplicación de los modos de goce como nominación identificadora[5], deja abierta la pregunta sobre el modo actual de anudamiento[6] esto es, sobre el modo en que incide este orden de hierro en la constitución subjetiva.

Veamos la diferencia. Cuando el simbólico estaba regido por el Nombre del Padre e incluso, por la función de nominación, el malestar aparecía ligado a la interdicción del goce y en ese sentido estaba articulado a la falta. El objeto aparecía bajo la forma de «lo que no hay», confrontándonos con un menos de goce, que por supuesto no impide desear y transgredir para acceder a él. La interdicción del goce responde al deseo del Otro, un Otro habitado por una voluntad de castración, que dice «no goces». Es Otro que interpone un No al goce.

Hoy, al contrario, el funcionamiento social de nuestra civilización aparece comandado por la permisividad, los objetos no faltan ni están prohibidos; lo que nos ubica más del lado del goce que del deseo. Hoy, cuando el mundo ha dejado de tener como punto de capitón el Nombre del Padre, aparece no la faz interdicta del superyó, sino su cara exigente, la ley del hierro que exige gozar y gozar cada vez más. Como lo señala M. H. Brousse «se trata de la promoción del imperativo de satisfacción como regla de la civilización, al estilo del slogan del capitalismo: «dos por uno», «más cosas por menos dinero», «más para más gente»; se rechaza todo efecto de división subjetiva y la anulación de la pérdida, que se suple con la multiplicación de objetos. La vejez, el sufrimiento o la muerte, tienen como respuesta la cirugía, el medicamento o cualquier tipo de gadget».

El superyó viene al lugar de la función de nominación ejercida por el padre. Allí donde falta esa función aparece la voz, la voz que pide más. Mandato insensato que se reduce a una voz que ordena ¡¡Gozar!! ¡tú tienes que gozar! frente a lo que el sujeto obedece dócilmente.

Gadgets (letosas) que llenan el cielo y que dejan al sujeto impotente frente al imposible de alcanzar todo, producen hoy lo que conocemos como la clínica de las adicciones generalizadas. A las adicciones tradicionales – a los tóxicos, a las drogas, al alcohol, al juego- hay que añadir la adicción a internet, los compradores compulsivos, el sexo, el chat, que bien nombramos como work-adict, sex-adicts, shopping-adict, entre otros.

En la sociedad actual todo deviene adictivo, produciendo correlativamente otro síntoma no poco conocido, la depresión, efecto de la imposibilidad de sostener el imperativo de la nueva ciencia de la felicidad, que propone tener lo que el otro tiene. La felicidad ha pasado a ser un nuevo objeto de consumo.

A esto agreguemos, sin temor a equivocarnos, las perversiones como un lazo con el otro, que describe claramente los nuevos desórdenes. «La sexualidad hoy declara sus prácticas sin represión en el Otro y se afirma en un polimorfismo, de modo que para la mayoría, la vida sexual esta liberada de los lazos sociales tradicionales que la contenían: todo el mundo se acuesta con todo el mundo».[7]

Describimos descarnadamente esta «aspiración de un mundo sin real, donde se impone la satisfacción del deseo en lugar del deseo porque «ya nada es imposible».

La oferta desmedida de la ciencia y el capitalismo responden inventando más y nuevos objetos. Estos objetos no son los objetos de la fantasía, son objetos que se vuelven reales. Las cosas toman el lugar antes ocupado por los valores y las pasiones. Allí donde antes están los ideales como lo que ordenaba el mundo, ahora aparecen los objetos de «consumo» como los amos del sujeto y de la época. Es «la política de las cosas», ficción de una época que no requiere de la palabra.

Las adicciones de todo tipo, señalaba hace poco en la presentación del próximo PIPOL: «los trastornos dis (lexia, grafía calculia, ortografia…), los trastornos hiper (sexualidad, actividad), los trastornos de la adaptación, de la personalidad antisocial, los superdotados… todos estos trastornos hipermodernos testimonian de la elevación al cenit de un goce que no se reabsorbe en la estructura. Estamos siempre en el demasiado. Demasiado consumo, demasiada agitación, demasiada inteligencia, demasiado anti, demasiado placer… Esta pérdida de la medida testimonia de cuánto el falo ha perdido su vigor. Notemos que los nombres dados a estas comunidades de seres-hablantes hiper o dis son intentos de clasificar a los sujetos, no a partir de sus construcciones simbólicas, sino a partir del goce que los congrega. Esta necesidad de tomar las cosas por el extremo del goce no escapa evidentemente al psicoanálisis de orientación lacaniana. Pero éste opera en sentido inverso: apunta en cada uno a aquello que del goce les es absolutamente singular, sin ninguna medida común con el goce de ningún otro. Llevando hasta el final las consecuencias del Uno solo, diremos que hay tantas clases como casos.

Eficacia: una terapéutica que no es como las otras.
-El Inconsciente es el discurso del Otro: leer la época, interpretarla. A partir de eso un saber hacer en la clínica que responde a este discurso del Otro, pero –como decíamos- manteniendo una distancia con respecto a él, «siendo anacrónicos».

-El discurso del amo converge con el discurso analítico. Una formación para el analista que le permite saber sobre la inconsistencia del Otro, es saber hacer con eso e inventar un saber hacer ahí, por lo tanto, ocupando ese lugar estará advertido de que allí en el Otro no hay nada, y que los objetos que intentan suplir, no son más que formas de hacer existir la relación sexual. Siempre que el psicoanalista emprenda su tarea a partir de la inconsistencia, a fin de hacer deconsistir al Otro desde luego no sin el semblante, estará advertido de que no puede acercarse a ese real si no es por esa vía, haciendo uso del semblante que se encarne vía la palabra pero también el cuerpo; ya que sabe que en la palabra, el lenguaje causa el goce y que el goce está en el bla, bla, bla. Así pues la presencia del psicoanálisis en el mundo ya sea una oferta o bien una apuesta para el tratamiento de la inconsistencia del Otro deberá ser distinta a aquella que impera en los impasses de nuestra civilización.

-La nominación como una manera de rebajar el poder del superyó, poniendo en el lugar de la voz, el objeto, pero no como objeto de goce, sino objeto como causa de deseo, un deseo nombrado, esto no quiere decir que deje de ser inconsciente, es decir no deja de ser real.

La clínica lacaniana: su orientación y eficacia en el mundo actual-No a lo universal. NO a la homogenización. Es la demanda del Otro contemporáneo, la tarea del psicoanálisis se diferencia de otras psicoterapias porque opera en la vía de hallar la singularidad.

-Encarnar un deseo vivo. La eficacia del analista en su quehacer se produce precisamente porque es quien se levanta para responder, ser nombrado como analista es poder ocupar el lugar del semblante de la mejor manera (que implica también haberlos dejado caer), es decir hay una presencia real y libidinal que sostiene el semblante, que lo articula. Pensémoslo, como decía arriba: No se trata de hacer como… sino de estar en el semblante, hacerse pasar por lo que en realidad se es, hay que parecerlo, hay que estar en eso que se quiere hacer ser. El semblante materializa lo real, si lo real es un referente vacío, igual el semblante materializa eso real con la presencia. Por eso no hablamos de un psicoanálisis por internet, ya que se requiere de poner el cuerpo tanto del sujeto como del analista.

-El psicoanálisis es eficaz porque se orienta hacia lo real. Hacia el goce. Y esto quiere decir que toma al síntoma como aquello que da cuenta de la invención del sujeto frente al encuentro con ese goce, no se trata de un déficit ni de algo que hay que compensar como tampoco reparar; en cambio, el síntoma como invención, como dice Stiglitz, es una producción del sujeto a partir de los restos con los que cuenta y que le sirven para algo. Esa solución construida con lo que se oyó y con lo que quedo de las palabras del Otro, si bien puede causar malestar e insatisfacción es una solución que no hubiera sido la mejor, habría quizás una peor. Dicha invención que además de producir menos malestar al sujeto es causa también de cierta satisfacción.

-La clínica psicoanalítica anuda el cuerpo y el goce, por un lado, y por otro lado, la palabra que viene del Otro que incluye la interpretación. El anudamiento entre ambas dimensiones constituye la posibilidad del psicoanálisis. La clínica, reafirmó Graciela Brodsky, no es la práctica del psicoanálisis, sino el saber, la elucubración de saber que se extrae de la práctica. Y la clínica psicoanalítica se define por la inclusión de la respuesta del analista frente al síntoma; es en ello que se distingue radicalmente de la clínica psiquiátrica o cualquier otra clínica. Se trata de dar a los cuerpos un destino distinto del marcado por la bilogía y por las clasificaciones. Un destino singular en el que la responsabilidad subjetiva cobre su cuota.

A la interpretación desde el nombre del padre que da sentido, se substituye un nuevo manejo del goce del Uno solo, que está fijado al cuerpo. El analista, que era descifrador del inconsciente, deviene el pragmático por su presencia y la de su cuerpo, conversa, anuda, desanuda, afloja, consolida… Un bricolador que opera con el inconsciente real que hay, antes que con el inconsciente transferencial que sabe.

Notas

  1. G. Dargenton, (Conferencia sobre adicciones)
  2. Brousse, MH. Hacia el VIII Congreso de la AMP: El Orden Simbólico en el siglo XXI. No es más lo que era. ¿Qué consecuencias para la cura? Brainstorming, Virtualia 21.
  3. Laurent, Eric. Freudiana 59.
  4. Indart, Juan Carlos, Orden de Hierro,. Scilicet, El Orden simbólico en el siglo XXI
  5. Brousse, MH. «Inconsciente». Scilicet. Hacia el VIII Congreso de la AMP: El Orden Simbólico en el siglo XXI. No es más lo que era. ¿Qué consecuencias para la cura? Brainstorming..
  6. «Anudamientos»: «Qué es lo que se anuda en la constitución subjetiva? El goce del viviente, la imagen especular y lalengua». Stiglitz, G. Scilicet. Semblantes y sinthome. Silicet. Hacia el VII Congreso de la AMP.
  7. M.H, Brousse, Nuevos desordenes, op, cit.

Fecha: 09/12/2012
Modalidad: Presencial
Lugar: Sede NEL CDMX

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Adolescentes deprimidos, hoy: Una perspectiva psicoanalítica

Adolescentes deprimidos, hoy: Una perspectiva psicoanalítica

Dra. Piedad Ortega de Spurrier

Viviana Berger: Este fin de semana nos visita la Dra. Piedad Ortega de Spurrier, quien proviene de la ciudad de Guayaquil, en la República de Ecuador – y quien ocupa actualmente en nuestra Escuela, el cargo de Presidenta. Estamos muy contentos con la visita de Piedad a México, le damos la más cordial bienvenida, augurando un fin de semana muy productivo. En el día de hoy por la tarde, a las 19.30 hs. aquí mismo, en la Alianza Francesa, tendremos el Encuentro de Biblioteca, en el que se presentará el último libro de nuestra Delegación, ¿Cómo se forman los analistas?, al que están todos también invitados a participar.

La conferencia que escucharemos ahora, lleva por título, «Adolescentes Deprimidos, hoy. Una perspectiva psicoanalítica» – por cierto, un tema muy actual, muy preocupante, sobre el cual vale mucho la pena reflexionar. Particularmente, en la adolescencia la depresión es un problema que se ha generalizado a nivel mundial, que debemos asumir como un tema de la época. Según las estadísticas de la OMS resulta la tercera causa de muerte en los jóvenes entre 15 y 24 años – cifras, sin duda, alarmantes.

Como bien subraya Piedad, estar «deprimido», estar «bajoneado», son los términos más comunes que nos toca escuchar cuando recibimos a adolescentes en la consulta. Son significantes con los que se nombra algo del orden del malestar de la juventud, con los cuales los sujetos nombran algo de un sentimiento de vacío que les aqueja, que nos dicen de una forma particular del sujeto de situarse en relación al deseo y al goce.

Muchas teorías psicológicas explican este fenómeno en función de los avatares afectivos de esta etapa y muchas teorías neurocientíficas, desde la química de la evolución del cerebro. – El otro día me comentaban respecto de una conferencia que tranquilizó a muchas madres, en la que el científico explicaba los cambios del humor de los adolescentes y sus respuestas intempestivas a partir de los efectos del crecimiento de la masa cerebral.

Para nosotros, los psicoanalistas, se trata de un real de la clínica de la adolescencia del siglo XXI, con todas las implicaciones que este siglo conlleva, que no dejan de determinar los síntomas, y las formas con que los síntomas se manifiestan no sólo en el consultorio sino en la cultura actual. Esta indiferencia de los jóvenes no está desarticulada respecto del contexto en el que se nace y se vive, en nuestro caso, el seno de una sociedad de consumo en el que la función paterna está en desuso, y en la que en lugar de ideales, la vía de lazo resultan los blogs, internet, el chat, las «redes sociales», etc.

¿Qué pasa entonces, en este contexto en la adolescencia, con la sexualidad, el amor, las elecciones del sujeto en relación a su deseo y su identidad sexual? ¿Se trata del no-encuentro o del encuentro imposible? Este debate que hoy pone el foco en la adolescencia, es un debate que estamos sosteniendo en el interior de nuestra Escuela desde hace casi un año, y que se plasmará en la próxima actividad de nuestra Escuela, que son nuestras VII Jornadas, esta vez en Medellín, y que llevan por título «El sexo y el amor en el siglo XXI, de qué satisfacción se trata», a las que están todos muy cordialmente invitados también.

Para finalizar, les leo una breve semblanza de nuestra invitada, para darle entonces, a ella la palabra y desarrollar todas estas cuestiones.

Piedad Ortega de Spurrier es Doctora en Psicología Clínica, Presidenta regional de la Nueva Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, de América Andina y el Caribe. Psicoanalista miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, AME, ex directora de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica de Guayaquil, Profesora universitaria, Asesora de proyectos de atención al niño y la familia. Miembro fundador de la Fundación Comunicar para personas con Autismo. Editora de la revista virtual de Psicoanálisis The Wannabe y miembro del consejo editorial de la revista virtual Rayuela de Psicoanálisis con niños y adolescentes de la Nueva Red Cereda, diagonal hispanohablante.

Cumplida la presentación, le cedo entonces, el micrófono.

Piedad Spurrier: Buenos días, tengo muchísimo gusto de estar aquí en México. Es la primera vez que vengo a este país, hablaba que es un país de contrastes, esto marca probablemente ciertas peculiaridades de los adolescentes de acá. En tal caso eso me interesaría conversarlo, pero fundamentalmente, si estamos llamados aquí, si estamos sentados a charlar el día de hoy es porque nos preocupa el tema de los adolescentes. También es una preocupación obviamente de todos los psicoanalistas de la región, poder pensar qué sucede con los adolescentes hoy, y el esfuerzo que ha hecho la delegación de México para poder continuar conversando con interlocutores de distintas partes del continente de Europa sobre el tema que nos convoca. Antes de empezar mi conferencia, porque vamos a hablar justamente de los adolescentes deprimidos hoy, les voy a mostrar cuán diferente podría haber sido la depresión en la época del Rey David, es decir estamos hablando del Antiguo Testamento, o sea, la depresión existió siempre. Vamos a notar que la depresión antigua por así decirlo, si bien muestra algunos aspectos muy similares a la actual sobre todo en la melancolía cuando ya no hay deseo de vivir, vamos a ver lo que son las depresiones actuales. El salmo de David está presente, lo recojo por coincidencia cuando estaba haciendo esta investigación, también el grupo religioso del Opus Dei estaban haciendo un estudio bastante interesante, después de todo con especialistas en torno a cómo responder al problema de la depresión desde la religión. Entonces me pongo a investigar qué decía el salmo – porque de todas maneras algunos asesores de ellos son gente muy capaz, entonces decido investigar sobre el Salmo. Me encontré con lo que les voy a presentar – y al mismo tiempo que realizaba esta investigación, tenía yo un joven paciente que sufría aparentemente de unos dolores musculares espantosos que lo habían tenido en su cama cuatro años desde los 13 hasta los 17 años, hasta cuando me visita por primera vez y empieza a hablar con mucha dificultad. Vamos a ver después lo difícil que es poner la depresión en palabras y Lacan va a señalar, eso como un hecho fundamental en estos estados de ánimo, la dificultad de subjetivar. Pero lo interesante del muchacho cuando intenta hablar es que me dice «Vea Doc: esto es lo que me pasa», y me da una letra de un grupo musical que se llama Supertramp y entonces yo obviamente me puse a leer, porque era de alguna manera lo que él quería transmitirme de su experiencia. Y pedí a otra persona, que muchos años atrás había sido paciente mío hace catorce años o doce años que además es un animador de cine, que le pusiera imágenes para hacer un pequeño proyecto sobre la depresión actual. Entonces vamos a empezar con esto para poder establecer justamente esa diferencia entre esa depresión que todavía llamaba a Dios para que lo ayude y la depresión actual, que no pide ayuda a nadie porque no cree en nadie. Entonces los invito a ver, es corto y muy agradable. (muestra de los videos)

Bien, como muestran los dos pequeños videos, hasta la entonación, la textura de la queja es totalmente diferente, la pregunta sería por qué hoy es diferente cuando las manifestaciones afectivas parecen ser similares. Si bien es cierto que la depresión no siempre aparece en los adolescentes con los rasgos del rey David, de no soportar, no poder levantarse de la cama con un llanto profuso y constante; la depresión en la actualidad aparece como un estado de ánimo un poco bajo, como un desinterés en el mundo; no es solamente un desinterés en el mundo sino en las personas. En mi país los muchachos adolescentes tienen un término, no sé si acá dicen igual, «me vale trozo», ¿cuál es la de acá?: «me vale madres», me parece que es más evocativo este, es decir, no creer en nadie en nada, lo que les da a veces un aspecto cínico, pero decir que es un aspecto cínico es extremadamente peyorativo, porque preguntémonos por qué un adolescente dice no creer en nada. Pensemos qué pasa con el cuerpo del adolescente, para aquellos que han trabajado con adolescentes, se dan cuenta de que, por ejemplo, tienen un niño que entra al colegio, y tres meses después se les aparece una muchacha curvilínea o un muchacho con voz gruesa, con piernas que le sobran, con brazos que les sobran, olores que no pueden controlar, sensaciones corporales que los hacen sentir extremadamente inquietos, «desacomodados» – podría ser el término. Ustedes usualmente, cuando su cuerpo está bien, se sienten bien, ustedes se olvidan que tienen piernas, se olvidan que tienen brazos; es decir, simplemente viene el pensamiento y la acción va a acompañada de inmediato. Al adolescente le puede pasar de alguna manera lo que le sucede a una persona mayor, a mí me sucede a veces, que creo que puedo salir corriendo y cuando salgo corriendo ¡ay, la rodilla! Uno se da cuenta que el cuerpo es un extraño a uno mismo, no responde de la manera como uno quisiera, eso en términos lacanianos es clarísimo, Lacan nos dice que uno asume un cuerpo, que el yo no es un todo, hay un hiato entre el cuerpo como materia viva y el cuerpo tomado por la palabra. Ya en mi caso, no todo lo que quiero puedo hacer. Al adolescente le sucede al revés de alguna manera, no está listo para hacer pero de alguna manera hay una urgencia que lo empuja justamente a hacer cuando siente que todavía no tiene la referencia suficiente, no tiene los términos ni las formas como para poder hacer lo que su cuerpo le está pidiendo. Es común encontrar con adolescentes que se sienten incómodos consigo mismos y por ahí esa incomodidad los lleva a no respetarse a sí mismos, por ahí se puede entender porque es la relación que existe de ese no respeto a ese cuerpo, porque el cuerpo no le responde, o responde antes que él haya podido elaborar qué hacer con eso que siente. Entonces es obvio para quienes hayan sido madres que el adolescente les viene a dar un abrazo y le tritura las costillas, o se va levantando una mesa y la tiran, no tienen la idea de que sus piernas están largas y se van los vasos al suelo, si ellos no pueden integrar a su subjetividad ese universo pulsional que los ha tomado de sorpresa, el término particular es la sorpresa, entonces no tienen cómo amarlo ni cómo respetarlo, entonces por ahí es posible que ante la ausencia de la palabra para poder decir qué pasa con el cuerpo y la angustia, los separe y de alguna manera sobre el cuerpo mismo se hace una escara que de alguna manera impide que la angustia siga, es decir, la escara establece como una especie de tope a la angustia de este adolescente que le fallan las palabras. Esto para explicar la primera idea que podemos tener de cómo el adolescente percibe una especie de situación en la que él está contra sí mismo, y no solamente él contra sí mismo, sino también la representación que tienen los otros sobre él también falla, siempre falla, sabemos que es así, pero aquí de una manera radical y ellos lo dicen ¿cómo? «¡Ay, es que ya soy mayor para tomar ciertas responsabilidades, pero no me puede quedar a tomar las vielas!», ¿aquí les dicen así a las cervezas?, ¿chelas? Entonces, «no me puedo quedar tomando las chelas hasta las tres de la mañana, para unas cosas soy adulto y para otras soy niño», es como que ni el otro lo puede ubicar bien ni él se ubica a sí mismo. Entonces, en este momento lo que yo planteo justamente como tesis para pensar, es ponerle a estos signos de la adolescencia y poder sintomatizar: poder poner nosotros en palabras y elaborar conjuntamente con ustedes, porque son estas dificultades y cómo se presentan las dificultades en la actualidad, pero no sería suficiente, sino qué alternativas, qué salidas posibles en el trabajo para los psicoanalistas y no sólo para los psicoanalistas sino también en la relación que tenemos que sostener con todos aquellos que se hacen cargo de los adolescentes. Porque podríamos diferenciar una cura analítica que tiene ciertos visos de acompañamiento o por el otro lado el acompañamiento que un maestro – que es susceptible, o sea, que es sensible a los procesos inconscientes que pasan estos muchachos les sea más fácil acompañar sin ser muy críticos o bien con un cierto sentido de humor, pero que al mismo tiempo se puede saber que habrá que ayudar que ellos construyan sus respuestas y no que se las demos así, porque eso es exactamente lo que rechazan.

Allí cuando la canción decía tell me who am I ¡dígame quién soy! Pero es una pregunta que se la dirige al Otro, cuando es la construcción que él tiene que hacer, pero acompañar en esa construcción no es sólo privativo del analista porque el analista tendrá que ver con otros aspectos que será justamente que, como es un hecho traumático este cuerpo que desconoce, esto es, todas las elecciones que tiene que realizar en esta edad: la relación con el cuerpo ¿soy hombre o soy mujer? ¿elijo una pareja homosexual u heterosexual? y el destino social ¿qué tipo de carrera voy a realizar?, me gusta pero no produce suficiente, produce mucho pero no me gusta, es decir, todo lo que tiene que ver con la inclusión social, y los modos cómo se aborda no sólo en este sentido a la pareja social sino que los otros son también diferentes a uno, y entonces lo que ve el adolescente es que hay un hiato entre él y todo lo que se le presenta como un nuevo mundo, entonces eso sería un síntoma, si se lo pone en palabras, aquí vamos a sintomatizar justamente qué es lo que sucede con los adolescentes que se deprimen hoy.

Pero el término depresión, «estoy depre» se ha convertido en una manera habitual de nombrar cualquier malestar psíquico, si uno está desanimado es «estoy depre», si uno está aburrido «estoy depre»; pero vamos a ver que son conjugaciones de un afecto, de un modo de vincularse con el mundo en donde no se está planteando como una creación, sino más vale estar como estacionado, en mi país sería «estar parqueado», aquí ¿cómo se dice cuando se estacionan? Bien, «se estacionan», es decir que el deseo que nos acompaña para estar el día de hoy, eso no sucede en alguien que está bajoneado y sin ganas, mmmh se queda allí nomás.

Entonces, veamos un poco, hagamos un pequeño recorrido por Freud y Lacan acerca de lo que para ellos constituyó la depresión. Freud asoció la culpa a la depresión, fue clarísimo en David de que había culpa, uno no pudo leer la culpa en la modernidad, y entonces uno se pregunta qué pasa en la modernidad con la culpa, es decir, qué pasa con la instancia de límite, qué pasa con la instancia moral, porque en la una estuvo ausente y en la otra está totalmente presente, es decir, la depresión antigua pasaba por el Otro, pedirle al Otro que lo cure, pero también pedirle al Otro ponerse bravo por estar en esa situación con el Otro. Pero acá no, era simplemente una sola, si es cierto de qué manera se vivía la orden del Otro de la sociedad: «tú tienes que ser productivo», «tú tienes que ser tal cosa», pero más por el lado del consumo que la canción mostraba clarísimo y en esta exigencia al sujeto, es ahí donde encontramos la depresión, en esta exigencia a producir, a ser racional, a ser eficiente y este sujeto que está un poco estacionado, hay un hiato, por ahí se ve el hiato en la modernidad. Freud asoció la culpa con una falla moral, pero porque habla de una falla moral, porque dice, de alguna manera Lacan retoma luego el término como una «cobardía moral», a pesar de ese malestar el sujeto puede encontrar alguna vía para poder crear, inventar algo que le dé un destino diferente.

Por eso Lacan, retomando la culpa freudiana, asocia la depresión no como una falla moral sino como un problema de ética.

¿Cuál sería un problema de ética? Es muy sencillo, la ética nos plantea cuando usted quiere ganar algo siempre pierde algo, es decir, que no puede tener a la chacha y a los tres peniques, en mi cuidad, hay muchos ladrones, hay mucha delincuencia, entonces la chacha y los tres peniques no nos sonaba demasiado con los estudiantes, y nos encontramos con la gente que comparte este trabajo que es más claro cuando a uno le ponen la pistola y le dicen: la bolsa o la vida. Si usted se queda con la bolsa, lo paga con la vida; pero, si paga con la vida se le llevan la billetera. Ese sonaba el ejemplo más claro en nuestro medio con delincuencias grandes. Entonces qué pasa con la ética, qué sería, y esto todavía es más obvio en la actualidad, porque en la actualidad en donde nos plantean como publicidad, por ejemplo, de una tarjeta de crédito: «un mundo sin limites», es decir, no hay en ningún momento en que se plantee desde la época actual de que hay algo que es imposible, pero eso no quiere decir que todo es imposible sino algo puede ser que no sea posible, pero hay otras posibilidades que uno pueda inventar. Pero el problema es que la sociedad actual plantea de que everything is posible, todo es posible, frente a esta situación el adolescente no puede más que – y encima con las limitaciones que se plantea desde esta subjetividad que se está construyendo, lo que no le es posible le resulta todavía más grave. En la época actual se entiende que haya más estados depresivos, porque se supone que todo debe de ser posible.

En una ocasión, en una de las instituciones en las que participaba, estaban dando una clase de educación sexual, y entonces había una pareja que estaban juntos, un retazo de una película, entonces el chico que estaba al lado de un psicólogo varón le dice: «¿y éste que está hablando es un menso», y le pregunta el psicólogo «¿y por qué es un menso?», «es que habla pavadas», bueno después se lo lleva a conversar y le dice: «esa cosa que presentó, eso no es el acto sexual, qué adefesio que habla y dice que va a dar educación sexual», bueno y «¿tú como crees que es eso?, hablar del amor, qué es eso», «mire, yo le voy a decir, prenda la televisión y hay unas películas que se laman XXXX, allí, allí le dicen a uno como son las cosas», entonces el psicólogo le dijo: «pero ¿no te parece que las películas tienen que ver con las ficciones?», «¿cómo que ficciones si ahí mismo lo estaban haciendo, lo estaban filmando, cómo que son cuentos?», «bueno, pero es que si fuera eso la realidad tal cual, como tú dices que las has visto, entonces no sería una novedad irlas a ver al cine o que prendas en la noche el internet para ver esos programas», «¡ay dice, qué alivio porque yo no me imaginaba hacer tanta cosa, ¡sería imposible!»

La angustia de la exigencia de eso, de todo eso hay que hacer y eso fue digamos como quien dice la sesión única en ese momento con ese muchacho, o sea, como una palabra grosera en ese momento en lugar de tomársela como un asunto de mala conducta y bajarle la conducta, fue preguntar: ¿por qué te pareció tan menso? Hay una lógica muy importante. Desde el clic de la pantalla todo parece ser posible. Cuando este chico dice «¡ay qué alivio!» Ahí es donde entra la posición de él, ya en torno al pantallazo o en torno a su frase de que es un menso, porque probablemente la respuesta no sea ni la del menso ni la de la pantalla sino que puede ser de otra manera. Entonces lo que vemos en ese pequeño ejemplo, se abrió un espacio al inconsciente ¿en qué sentido el inconsciente? De algo que lo estaba angustiando y pudo decir que finalmente era un alivio que a lo mejor podía ser de otra manera sin que se diga cómo. Entonces, nos encontramos con este discurso capitalista que dice todo es posible cuando desde el sujeto, desde muy pequeño, se ha encontrado con que no todo es posible, aunque le haya dado vueltas desde su infancia cuando mete los dedos en el enchufe, le dicen ¡no! y a lo mejor le dan en la mano y el niño viene a dar un besito, ¿qué quiere decir eso? Es su manera de ver si saca una ventaja de estar castigado, es decir, se toma de un punto del ¡no! y le da la vuelta. Esto se va construyendo durante la infancia. Pero como les digo, encontramos al menos cuatro cosas muy difíciles de resolver en la adolescencia, en muy corto tiempo, entonces lo que puede suceder que frente a todas estas cosas que tiene que resolver alguien diga: «es que no es posible» y por eso se produzca un aplanamiento del deseo. Es como cuando ustedes tiene hartísimo trabajo, mejor descanso un ratito más porque ¡es tanto lo que tengo que hacer! Se produce un pequeño aplanamiento frente a la cantidad de tareas que tienen que hacer ¿sí o no? ¡Qué podemos esperar si usted lo que tiene que elegir es, si es hombre o es mujer, si se gusta o no se gusta, si va a elegir una pareja homosexual o una heterosexual, si va a elegir algo que le gusta pero no gana dinero pero no le gusta o no le gusta nada o le gusta todo! Les digo eso y ustedes se estresan y eso se decide entre los 14 y los 24, bueno ahora por la modernidad hay adolescentes de cincuenta. Entonces, se puede entender el aplanamiento como algo propio de la adolescencia.

Podríamos establecer un binario entre depresión y adolescencia, es decir, la depresión sí está vinculada a un proceso de duelo, ¿por qué? Porque hasta antes, si usted se hace tantas preguntas quiere decir que no ha encontrado la respuesta en el padre ni en la madre. ¿Cómo le dicen a ustedes a los padres? En mi país les dicen «mis viejos» de cariño, «viejos de mierda», pero cualquiera de las dos cosas, entonces está el sujeto solo frente a sus elecciones, los referentes previos no le sirven, hay también la posibilidad en efecto de sentir que algo falta, que están solos en el mundo, que no cuentan con nadie, que nadie los quiere, que todos lo odian; eso es lo que Freud habla del duelo justamente, de esta serie de pérdidas de las seguridad supuesta de la infancia que también se la puede idealizar. No es que sea una maravilla, para los que estamos en análisis sabemos que es bastante traumática y que vemos como se muestran los traumas infantiles y cuando los niños tienen esos terrores nocturnos ¿qué son? El velo de la represión nos hace pensar que todo fue muy bonito en algunos casos, pero de todas maneras de un mundo con algunas certezas y hay otro aspecto que sí voy a tomar y que he venido diciendo que con Lacan se da una reconfiguración de los tres registros que, para los psicoanalistas son conocidos: el imaginario, el simbólico y el real, y la puesta al día de las operaciones de alienación y separación.

¿Qué es lo que quiere decir las operaciones de alienación y separación? Todos sabemos que cuando nacimos no podíamos hacer nada por nosotros mismos, dependíamos absolutamente de los otros; al depender totalmente de los otros, quedamos capturados de lo que los otros querían. Piensen en un bebe chiquito que está con un cólico de gases y hace una mueca y la mamá le dice: ¡qué gracioso! ¡como se ríe! y lo carga y se le fueron los gases; y el niño en lo sucesivo hará la misma mueca, ¡ay, qué lindo! Por ahí ya muy pronto se ríe, o el niño pequeñito, cuando nace hace ruidos como un gato y es un sonido un poco animal pero no ha pasado ni un mes que el niño comienza a hacer ese mismo sonido pero con una cierta modulización, esto es en poco tiempo empiezan a modular la voz, marca que ya allí hay ciertos rasgos de sujeto que se va a ir construyendo, pero nace con la posibilidad ¿de qué? De alienarse con el otro, de establecer un cierto código con el otro. Pero llegado a un cierto momento, se produce una separación del otro. La primera separación es estos terribles dos años, los terribles two, los niños son una maravilla, a todo le dicen que no, se mueren de ganas de un helado de chocolate y dicen: ¡no! Pero, ¿qué es el No? No es que no lo quieren, dicen No para controlar al otro, que el otro se quede parado, ¿me explico? Uno ve que el sujeto va al mismo tiempo que se aliena, muy poco tiempo después, también tiene el placer ¿de qué? de poder separarse del Otro para poder hacer un poco más las cosas más a su manera. Estos procesos, ninguno de los dos es que se hace de golpe, son procesos que se van dando paulatinamente.

Pero finalmente el proceso de la separación se pone al día en la adolescencia, por eso es que nos critican tanto los adolescentes a los adultos. El típico caso de cuando uno se ríe duro, «no te rías así», se pone uno un traje negro, «¿por qué te vestiste de viuda?», si uno se pone de rosado «qué adefesiosa si no eres quinceañera»… Entonces, ¿qué es? es justamente proponer un criterio diferente al otro, vemos lo que se produce en esta etapa es justamente la puesta al día de la operación de la alienación y la separación. Por eso hay el cambalache de los permisos, por ejemplo: voy a hacer como tú digas pero a la final no hago como tú digas, si ustedes dicen a las 12 en punto llegan a las 12:10 para hacer el issue de que sí pero no, es decir, todas esas conductas que pueden resultar fastidiosas en el contexto escolar, familiar o social.

Y con respecto a los tres registros voy a ser muy sucinta

Lo real es el cuerpo como organismo vivo, me explayé en la primera parte para decirles cómo el cuerpo vivo que estuvo asumido como de niño pequeño durante toda la infancia, se volvió ajeno en el momento en que comienza la pubertad. En torno a lo imaginario, las ficciones de la infancia en torno a la seguridad de que la vida seguiría un patrón más o menos similar, no digamos agradable hablemos de confort que significa haber llevado una vida de la misma manera, aunque el confort puede ser en la pobreza en los distintos niveles, pero una cierta forma de vida, eso estalla en la pubertad, vemos que todas las ficciones de la niñez desaparecen porque hay que construir otras. En ese sentido, también la relación de los chicos con respecto a la ley que sería lo simbólico, es la primera ruptura de las leyes que se las concibe como una parte integrante del grupo de pertenencia de cada uno, todo eso se pone en duda. Entonces vemos que se moviliza y que tiene que reconfigurarse, y todas estas respuestas sin duda van a tener repercusiones en la vida social y familiar, en la vida de los chicos. Por el lado de los padres, pues la naciente sexualidad de los chicos siempre contusionan también y ponen en cuestión la vida de los padres en sus funciones sexuales y sociales, y vemos que van a tener efectos en la familia y en la sociedad.

Ahora a esto se suma que en la actualidad, primero hay – por lo menos en mi país – más del 51 por ciento de las parejas se divorcian, esto sin tomar en cuenta las familias libres no estables. Entonces las formas actuales de la familia han cambiado mucho desde la familia obviamente constituida por núcleos ampliados que todavía seguramente en las partes rurales existen o en las ciudades existían antes cuando eran más pequeñas, o sea que si había un adolescente que entraba en crisis con sus padres, siempre tenía una madrina, una tía solterona que lo quería, pero ahora ya no hay solteronas y las abuelas también están en plan de la parranda, entonces no hay quién le ponga oído a un muchacho joven prácticamente no existe. Entonces las reconfiguraciones de la familia ampliada a la familia monoparental de una padre o de una madre que trabaja 18 horas al día y que lo que quiere es que la casa esté totalmente tranquila, no preguntas, no problemas, para poder descansar para el día siguiente, y entonces qué lugar para el adolescente también y además de las reconfiguraciones familiares es obviamente de que la sociedad contemporánea está justamente a la caza en tanto no hay lazos sociales entre las personas, y los lazos sociales entre las personas son complicados ya que el chico cambia, la madre cambia, el padre cambia, la familia cambió tres veces.

Justamente en ese agujero que deja esta dificultad, ahí es donde se ubica los nuevos objetos de diversión. Para un adolescente, le es mucho más fácil entrar en contacto con una chica por internet que no lo ve si está granudo, no lo ve con los cabellos parados, no lo ve apestoso, no le ve la cara de sonrojo, no ve el que no puede mirar a los ojos para hablar, simplemente es mucho más fácil acceder vía el internet. Mejor que no sepas quién soy y compartir las fantasías, todo tipo de gadgets y aquí nos adelantamos al próximo Encuentro americano que es sobre el cuerpo, también hay incidencia de todos los ideales contemporáneos que están ligados al mundo contemporáneo a un ideal de perfección que lleva a hacer del cuerpo un objeto de diseño. A nosotros latinoamericanos estamos fregados, no medimos 1:80 somos chaparritas, caderonas, los hombres se quedan pelados, medir 1:65 ya es bastante, hay que ser unos teutones de 1:90 con cantidades de pelo, 5 horas en el gimnasio para que se hagan los cuadritos, decían las muchachas, y apenas llevan tres meses así y los cuadritos se evaporan, porque ¿cuál es la idea? Es un ideal mercantil, el cual es tan inalcanzable pero que igual queremos tener algo de eso para sentirnos bien, hay que trabajar mucho, hay que invertir mucho dinero, mucho empeño para algo que es imposible. Pero son respuestas que taponan el hecho de que por más de ser un teutón, a la hora de encontrarse con una mujer o a la hora de ir a pedir un trabajo, puede que ayude el físico no digo que no, pues no somos ni curas ni monjas, pero la manera como establecemos un vínculo con otras personas no está escrito de antemano.

Incluso yo encuentro auditorios distintos y la primera pregunta que me hago ¿podré llegar a ustedes? ¿podré transmitir algo? Está claro que alguien podría decir ¡esta mujer esta diciendo unas babosadas!, ¡qué adefesio!, ¿por qué no? Es decir, no tenemos asegurado nunca cómo hacer lazo social con el otro, por ahí aparece el término de Lacan de «la relación sexual no existe», o sea, no hay la manera de cómo hacer con el otro, no sólo con el otro de la pareja sino con el otro social, con el otro de la cultura; y la sociedad contemporánea va a crear objetos que nos quieren hacer creer que sí es posible, pero cuando a pesar de todos esos esfuerzos no nos es posible, el monto de angustia es aún mayor. Es decir, en mi época si uno era medio feíta, medio con los dientes torcidos, siempre quedaba lo que decían «la belleza de la juventud» y ¡quién se la cree ahora!

Bien, entonces, el problema de estos chicos es que por estructura sabemos que la pulsión se satisface en sí misma, para que la pulsión pase por el Otro tiene que tomar en cuenta al Otro, el asentimiento del Otro , es que el Otro quiera construir algo con uno, sea por el lado del amor o por el lado del trabajo, yo podría estar hablando cosas interesantes solita aquí, pero transmitirlo es otra cosa. Entonces en la medida en que los chicos se encuentran taponados con estos objetos de consumo, la pulsión se revierte sobre sí mismos, no hay un intercambio, no hay un interlocutor, no hay un proyecto con otros, esto produce obviamente una serie de conductas que van por el lado del acting out.

¿Qué es al acting out? En efecto la imposibilidad de pasar a la palabra, porque no hay Otro que esté en ese lugar para que la acoja, que la escuche. Entonces vemos todas estas conductas que parecieran inclusivo delictivas, porque simplemente no hay alguien que acoja la angustia, la preocupación o el proyecto posible para el adolescente.

¿Qué es lo que hace entonces el psicoanalista? Eso es lo fundamental para nosotros, el analista sí puede responder a estas dificultades porque va a hacer que en la cura se enlace el goce de la repetición. ¿Qué es el goce de la repetición? Es justamente eso, no poner en palabras, cuyo índice fundamental es la angustia que puede tener una traducción vía los estados de ánimo del estilo de la depresión y enlazar eso con la palabra, enlazar eso con las posibilidades que hay, hacer algo diferente y producir un deseo inédito ¿qué quiere decir un deseo inédito? Que del proyecto que uno hace, uno verá de que manera lo hace, de qué modo se inventa para que las cosas lo satisfagan a uno, nunca totalmente, pero de alguna manera sí. Ahora, por eso también el analista puede entonces participar en otras instancias sociales, instancias en las que se alojen adolescentes, siempre y cuando se tengan en cuenta la presencia del inconsciente y de la pulsión, porque sino todos los proyectos son proyectos más del tipo asistenciales o lúdicos; es decir, bueno, una cancha de football, un grupo de música.

Por ejemplo, el hecho de que alguien pueda acompañar esa producción, como en el caso que les comentaba, qué hubiera pasado si yo a este chico le recibo su producción la leo y no le pregunto: dime por qué; y fueron casi siete meses en los cuales fue desglosando todo lo que había encontrado en aquella canción. Bueno es alguien que tienen una pasión por la escritura y también fue escribiendo otras cosas, hasta que en un momento dado que me di cuenta que la escritura se estaba convirtiendo en un nuevo tapón, entonces cuando ya tenía que hablar, pero tuvo que imaginarse el amor primero, imaginarse las decepciones, pero a la hora que se encontró con una mujer en la realidad quería seguir enviándome poemitas y le dije que no, ahora me hablas tú, qué te pasa; pero él dijo: «mejor se lo hago poema». «No, porque de eso no todo es poema», y se echó la carcajada y tomó la vía de hacerse cargo de esa otra dimensión del amor que no es poesía.

Bien, entonces, esto en el caso del analista, pero en el caso del promotor social, o sea, del psicólogo, de aquellos que trabajan animando a la creación; si ustedes se dan cuenta no es lo mismo que en una kermese de una institución educativa les digan a los chicos el programa es éste, les resulta aburridísimo, probablemente ni van; pero si ustedes les piden que se inventen ellos qué quieren hacer para divertirse tres o cuatro horas, probablemente van a llegar a creaciones muy diferentes, muy divertidas y también que se encuadran en el ámbito de lo posible. Hay que tener cuidado porque ahí viene la sociedad de consumo, uno les dice que pueden disfrazarse para hacer un equipo y vienen con una propuesta económica inmensa, el cartelón lo van a mandar a hacer al dibujante tal y hay que mandarse hacer las faldas de porras con hilos dorados; está el adulto que puede decir que «aquí lo gracioso es que sólo pueden comprar una cosa, el resto es reciclado». Y ahí viene todo el juego de ellos de ir a buscar a las bodegas y cuartos que puedan existir en sus casas y en el colegio para encontrar qué cosa pueden reciclar y está el adulto para decir «no todo es posible», pone un menos pero al mismo tiempo eso les lleva a crear cosas mucho más inventivas.

Está claro que es posible que se puedan producir también desde el lado del maestro y del psicólogo, no digo del psicoanalista, una posición como renovada, porque el analista sí, en efecto, va a subrayar y va a tratar de que el chico pueda poner en palabras cuál es ese real insoportable, ese punto de imposible que lo lleva a consultar y ese punto de imposible, como vemos en este muchacho se desplazó de una afección corporal durante cuatro años a poder escribir poemas o tomar canciones de otro, empezó a recibir clases para ser tenor. En fin, a el punto de haberlo imaginado, como dice Lacan en el texto El despertar de la primavera se puede acceder al amor, sí es posible si antes se lo ha soñado, es decir todo el proceso de este chico es primero un sueño y es este sueño el que le permite un acercamiento al sexo opuesto.

Bien, pero yo quisiera detenerme un poquito a hablar de qué es lo que pasa con la medicalización de la depresión, no sé si la experiencia de ustedes es así, pero en los momentos actuales por lo menos en mi país de origen, ya a partir de los cuatro años, se está dando a los chicos medicamentos, drogas, digamos fármacos para el control de la conducta. A esto se suma que cuando el padre ha empezado a ver los síntomas por internet y le sale que tiene tal cosa, el problema es que después el padre acomoda su subjetividad a lo que está en la pantalla y cuando va a ver al psiquiatra; lo que el psiquiatra recibe es un mix entre lo que el padre dice y lo que se leyó en la pantalla, y a partir de ese mix determina si hay 8 de 11, 7 de 10 items para los distintos trastornos de la infancia, trastorno obsesivo compulsivo o maníaco-depresivo o psicosis, hay chicos de cuatro años medicados con Risperdal.

Entonces en torno a la depresión ¿cuál ha sido la historia? Para que vean que no todas las historias son iguales. En Estados Unidos los medicamentos para la depresión aparecieron con gran fuerza a partir de la Segunda Guerra Mundial, hasta antes los pacientes psiquiátricos llámense los deprimidos, lo que recibían era una cura moral, que había sido una manera de los cuáqueros de manejar los llamados trastornos emocionales, pero en efecto era lo que nosotros hubiéramos conocido como una terapia de apoyo, una terapia un poco religiosa, en efecto en trastornos ligeros los síntomas desaparecían, el gobierno norteamericano pensó que esto servía para todos, entonces empezaron a mandar pacientes que tenían secuelas de sífilis, de trastornos neurológicos y, por supuesto el tratamiento moral no funcionó para nada, los hospitales se convirtieron, perdonen el término, en un basurero de todo el dolor y la escoria humana de la época. Hasta que llegó la Segunda Guerra Mundial y mientras el gobierno norteamericano no hacía nada, pero después de ese acontecimiento con los traumatizados de la guerra, el gobierno decidió que tenía que hacer algo pero apeló de inmediato a los fármacos, y con el uso indiscriminado de la Thorazine, ¿qué producía? El gran descubrimiento que hicieron, porque no era directamente una medicación para los estados depresivos, lo que pasaba es que quien empezó el uso de este medicamento observaba que los pacientes se ponían tranquilitos y no reclamaban nada. Así, empezaron a desarrollar uno tras otro los medicamentos antidepresivos hasta que en la actualidad desde 1994 en adelante se produjo lo que llamamos la farmacología cosmética. Ustedes tienen que haber leído de Peter Kramer The happy phills, Listening to Prosac, ¿cuál es la idea? Que para evitar estados de ánimo que sean antipáticos para nosotros y tener éxito en la vida entonces podríamos medicarnos, de tal modo que hiciéramos un diseño de nuestra personalidad vía la medicación, pero no es de nuestra personalidad, es la personalidad que quiere la sociedad capitalista. En poco tiempo, no hace más de seis meses, en el que ya por ejemplo el uso de los medicamentos que se dan para el ADD van a ser de utilización común para todo el mundo, porque todos saben que eso da una mayor atención y para que los chicos universitarios puedan tomar más crédito y estudiar más y pasar despiertos todo el tiempo posible para rendir mejor, porque nuevamente es el cuerpo como un objeto de diseño. Si, entonces, tomemos en cuenta, en cambio la experiencia de los ingleses que fue totalmente distinta. Hay una artículo muy interesante de Lacan sobre lo que sucedió en la guerra, El psicoanálisis a propósito de los efectos de la Segunda Guerra Mundial, dice que se encontró con una experiencia interesante, para quienes se interesen una serie de televisión que se llama Downtown Abbey que es inglesa, muestra ahí como el gobierno ingles decidió que los traumatizados de la guerra, que no eran todos traumatizados, sino también los que se había disparado en el dedo del pie para que nos los mandaran a la guerra, los que se habían convulsionado para que los regresen, los que robaban, o sea, los mandaban a estos sitios tanto a los considerados como la basura de la guerra como a los que estaban paralizados y que estaban con trastornos psiquiátricos serios, decidió este psiquiatra Bion, que era también psicoanalista, de que armaba estos grupos que se llamaban los grupos Bion y le preguntaban a cada uno qué sabia hacer, los ponían en estas casas maravillosas. Pero todos tenían que hacer algo por vivir bien, entonces cada uno iba utilizando el rasgo, si había uno cocinaba excelente, cocinaba; si uno tocaba el piano, era el que amenizaba las cenas nocturnas; los que no sabían hacer mucho limpiaban el piso. Pero se iban repartiendo el trabajo, lo cierto es que estas personas pasaban en estos lugares durante el tiempo necesario para que se repusieran y todas las noches tenían lo que se llamaba el grupo donde hablaban de lo que les había pasado pero también de lo que ellos podían hacer. De tal manera que terminada la guerra, un número elevadísimo de estas personas que estaban en circunstancias subjetivas tremendas, pudieron reincorporarse a la vida civil de Inglaterra sin dificultades. Entonces vean ustedes de que los estados depresivos y los estados de angustia pueden ser la oportunidad para que los adolescentes puedan decir algo, que puedan unir algo, esto que los invade que es del orden de lo traumático, al significante y a partir de eso plantearse nuevas perspectivas para el porvenir. Eso es lo que quería traerles el día de hoy, los invito a que me hagan preguntas, que me hablen ustedes a mí de sus experiencias y de ¿qué piensan?

Fecha: 28/09/2012
Modalidad: Presencial
Lugar: Alianza Francesa de San Angel

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Versiones del padre

Versiones del padre

Mónica Torres

Viviana Berger: Con esta conferencia iniciamos el ciclo de actividades que la Nel-México ha programado con nuestra invitada internacional, Mónica Torres, quien proviene de la EOL – la escuela de la AMP de Bs As. Le damos entonces, la más cordial bienvenida y le agradecemos su presencia con nosotros este fin de semana.

La propuesta de trabajo es sumamente interesante, a más de esta conferencia tendremos en la tarde de hoy, a las 19.30 hs, el Encuentro de Biblioteca, en la Alianza Francesa de San Angel, con la presentación del libro Uniones del mismo sexo, de Grama Ediciones; y en el día de mañana, a partir de las 11 hs tendrá lugar el seminario Amor, deseo, goce – esta vez, en el Auditorio de la Casa Refugio Citlaltepetl, en la Condesa.

Los que ya leyeron el cv de Mónica Torres, habrán sabido interpretar el deseo de Mónica Torres en relación al psicoanálisis. Un deseo decidido, comprometido y constante, que la ha llevado a ocupar lugares muy importantes en los organismos formales de la conducción de la AMP (como por ejemplo, en el Consejo de la AMP, en el Comité Iniciativa del Instituto Oscar Masotta (IOM), en el Consejo Científico Académico del ICdeBA; ha sido presidenta de la EOL, y miembro del Consejo y de los Carteles del Pase). Pero además, ha sabido ejercer la docencia – por ejemplo en lugares tales como el Instituto Clínico de Buenos Aires, en la Maestría «Clínica psicoanalítica» de la Universidad Nacional de San Martín, dando cursos para la Secretaría de Extensión de la UBA y en diferentes cátedras de la UBA, tanto de grado como de postgrado; incluso en diferentes países de América. Además, actualmente es la responsable del Departamento de Estudios sobre la familia y la Directora Editorial de la Revista Enlaces. Cabe mencionar, finalmente, sus publicaciones, que son unas cuantas, tales como: Uniones del mismo sexo, ediciones grama, 2010. Fracaso del inconsciente, amor al síntoma, ediciones grama, 2008 Clínica de las neurosis, Cuadernos del ICBA Nº 10. De los síntomas al síntoma, cuadernos del ICBA Nº1 año 2000. Los nudos del amor, 1998. Una práctica en acto, ediciones Atuel 1995.

En fin, nuevamente, te agradecemos la excelente disposición que nos has manifestado al aceptar nuestra invitación, que cabe mencionar hemos encontrado desde siempre, incentivando y apoyando de distintos modos la difusión del psicoanálisis y el crecimiento de nuestra delegación.

Esta conferencia trata sobre el padre (les recuerdo el título, Versiones del padre). Tanto Freud como Lacan a lo largo de sus obras han trabajado la cuestión del padre. Podemos decir, es un concepto clave. Seguramente, por lo que nos ha adelantado Mónica en su propuesta y lo que hemos podido dialogar con ella en la Varité, Mónica hará un recorrido de la evolución de este concepto en la obra psicoanalítica, que sin dudas, nos servirá para seguir pensando los problemas actuales de la cultura contemporánea de nuestro tiempo.

Me parece que la pregunta ¿Qué es el padre hoy? es un interrogante a trabajar. Freud nos ha dejado un desarrollo del padre muy valioso, que Lacan ha reinterpretado y reformulado en términos de función de anudamiento, como aquello que hace que todo se mantenga unido. Pero la «pretensión» – si es que puede decirse de este modo – del psicoanálisis, es ir más allá del padre simbólico, acceder de alguna manera a cernir lo real; forzados de algún modo por la clínica.

En este punto, el padre como nombre (el Nombre del Padre) y el padre como aquél que nombra (de la última parte de la enseñanaza de Lacan) no son lo mismo. Y este giro, implica consecuencias clínicas y epistémicas. Alcanza, por ejemplo, la diferenciación neurosis, psicosis y perversión. Ahora, nos hacemos otras preguntas, pensamos la clínica en nuevos términos, obviamente sin descartar el diagnóstico estrucutral, pero escuchamos también, por ejemplo, en cada caso quién soporta la función, quién soporta la función de humanizar el deseo, qué padre se ha inventado el sujeto y qué efectos sintomáticos tiene para él. Otras coordenadas en una clínica sin Otro de la garantía.

En fin, sólo unas palabras introductorias para entrar en tema. Los dejo con Mónica Torres y luego de su exposición tendremos oportunidad de intercambiar ideas y precisar los interrogantes.

Versiones del padreMónica Torres: Buenos días, en primer lugar, agradecer a la Nueva Escuela Lacaniana del Campo freudiano, México, esta invitación. Para mí, México era una asignatura pendiente, realmente, no conozco México, porque viví muchos años en Europa, conozco bastante de Sudamérica, pero México era una asignatura pendiente y amo mucho la cultura mexicana, conozco bastante de la pintura y realmente tenía muchas ganas de venir a México.

Por otra parte, es verdad que hay una pasión por el psicoanálisis -seguramente muchos de ustedes comparten, por eso están aquí-, que estuvo presente, como decía Viviana, desde siempre que yo recuerde. Cuando yo empecé en Psicología, al mismo tiempo conocí a Oscar Masotta quien fue el introductor de Lacan en la Argentina y el introductor de Lacan en lengua castellana. Entonces fui lacaniana ya de cuando empecé la carrera; o sea, que siempre fui lacaniana, no hubo lugar para pasar de ser freudiana a ser lacaniana, para mí toda lectura fue desde Lacan. Entonces me ha tocado vivir, por vicisitudes de la vida, siete años en Barcelona y he viajado a Andalucía, Galicia y Madrid dando clases por todos esos lados… hasta volver a Buenos Aires. Mi enseñanza o la transmisión que me gusta hacer del psicoanálisis lacaniano, de la orientación lacaniana -tal como la trabajábamos, tal como la ha trabajado Jacques Alain Miller, fundamentalmente-, en el sentido de que la búsqueda no es repetir a Lacan, porque para eso uno lee a Lacan y ya está. La idea es elucidar a Lacan, porque Lacan es muy difícil de leer, y la idea es acercarlo. Entonces yo sé que tengo un público muy variado, a ustedes no los conozco, sólo a algunos. Me he sentido muy bien recibida, tanto por los que me invitaron como por algunos que se me acercaron en el pasillo.

El programa que les envié para la conferencia de hoy es un poco ambicioso, porque en realidad cada uno de estos momentos merecería una conferencia, así que voy a sintetizar un poco. El primer momento, que va del Nombre del Padre a la Pluralización de los nombres del padre; el segundo momento, que va del Mito a la Estructura en el Seminario 17; un tercer momento, que está referido a un nuevo amor por el padre tal como está trabajado fundamentalmente en RSI, en la última enseñanza de Lacan; y finalmente, plantear la idea del padre en las familias monoparentales o en las familias homoparentales, problema planteado en nuestro tiempo y relacionado con las uniones del mismo sexo que, justamente, si ahora no llego, eso quedará para la tarde cuando voy a trabajar la presentación del libro Uniones del mismo sexo. Uno de los problemas fundamentales que plantean las uniones del mismo sexo es la cuestión del padre, cómo pensar el padre en ese tipo de familias. Bien, hay que decir, no es algo que Lacan llegó a ver, sí tuvo algunas ideas sobre las nuevas virilidades, ya desde el Seminario 4, pero Lacan no llegó a ver las familias homoparentales. Entonces me parece que nosotros tenemos la obligación ética, en tanto psicoanalistas, de plantearnos este tema como fundamental, porque este tema va a estar en nuestros consultorios; de hecho, ya está. Debemos continuar orientados por la enseñanza de Lacan, aun sobre cosas que Lacan no dijo. Voy a empezar por las que sí dijo, y que son muchas.

La idea es trabajar lo que atañe al padre. La diferencia entre el Nombre-del-Padre y la pluralización de los nombres del padre, en primer lugar. Ya el Nombre del Padre es una operación que Lacan hace sobre Freud, porque Freud nunca habló del Nombre-del-padre, habló del padre. Esta primera operación ya implica, en el primer Lacan, el compromiso con la lingüística, y el modo en que pensó, digamos, las estructuras clínicas, y también el lugar del padre a partir de la lectura de Jakobson, de Saussure; es decir, de la lingüística. Entonces, la famosa metáfora paterna que atañe a la relación entre el Nombre del padre y el Deseo de la madre, es una metáfora; o sea, es una operación de sustitución que toma la clínica freudiana, pero aplica a la clínica freudiana los conceptos que venían de la lingüística y también los que venían de Levi-Strauss en relación a los complejos familiares. O sea que, ya decir Nombre-del-Padre es decir algo que no estaba en Freud: la primera operación de Lacan es lingüística.

Esto lo estoy diciendo muy brevemente porque sería imposible dedicarle más. Pero voy a trabajar fundamentalmente, la única clase del Seminario inexistente, está publicado en este libro que se llama de De los nombres del padre y que es la única clase que Lacan pudo dar y ya veremos por qué. Les digo que leer esa clase, es muy importante y fundamental, porque ahí cambia de la lingüística y del Nombre del Padre a pensar en la pluralización de los nombres del padre, que tiene que ver con la cuestión del objeto, el objeto a en Lacan. Digo que para leerla bien habría que leer la Biblia, porque realmente hay que leerla con la Biblia a lado, realmente es una buena experiencia que yo hice, hay una versión muy buena que se llama La Nueva Biblia de Jerusalén, y es muy importante, porque la única clase de ese seminario está basada en gran parte en el Éxodo de la Biblia. Entonces, es difícil seguirla si uno no tiene cierto conocimiento de la Biblia.

Bueno, yo un poco en broma suelo llamar a esta única clase del Seminario inexistente Lacan 10 ½ a la manera de Fellini 8 ½, porque tengo un amor muy grande por el cine también. Entonces, Lacan quería dar un seminario que quedaría como un agujero en su enseñanza con esta única clase de los nombres del padre y luego no lo va a retomar. Si bien, sí está el seminario Les Nom dupès errent como un juego de palabras con los nombres del padre y los no incautos yerran, ya no fue De los Nombres del padre; sino con el juego de palabras quedaba como un agujero en su enseñanza, no decirlo todo sobre eso; 10 ½ porque estaba entre el Seminario de la angustia (que es el seminario 10) y el seminario 11, que es el de Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.

Para mí siempre fue una pregunta ¿por qué Miller había establecido el seminario de la angustia, 31 años después de establecer el seminario de «Los cuatro conceptos…»?, siendo que venían 10, 11… si uno fuera como el autodidacta de Sartre que va de la A hasta la Z tendría que ir por orden. Pero hay un orden lógico que no es cronológico y, creo, en mi opinión, que establece el Seminario de la Angustia al mismo tiempo que el Seminario El Sinthome, porque el Seminario de la Angustia es sobre el goce y, en cambio, Los cuatros conceptos fundamentales es sobre los conceptos. Piensen que toda la enseñanza de Lacan uno la puede escindir entre significante y goce, desde el principio al fin, porque todo el tiempo oscila entre poner el acento en el significante o en el goce. Si entendemos que es un binario, es decir, que el significante no es el goce, sino lo que mortifica el goce, lo que mata el goce. Miller lo explica muy bien en Los paradigmas del goce -trabajados en la Experiencia de lo real en el psicoanálisis-, ver en cada uno de los momentos de la enseñanza de Lacan, son seis paradigmas sobre la relación entre significante y goce. Es una dirección de lectura de Lacan muy importante porque, si uno dice Lacan dice… y Lacan dice… sí, pero ¿cuándo? Porque Lacan como todo pensador que se precie de sí mismo, piensa contra él. No es lo mismo lo que dice en la primera enseñanza que lo que dice en la última, y lo que dice en el medio. Es bueno ver en qué paradigma del goce está situado, paradigma del goce quiere decir también paradigma de la relación entre significante y goce. Bueno, entonces, ustedes saben que esta clase es una sola, porque fue el momento que Lacan fue excomulgado de la IPA, Lacan lo llama así, Excomunión. En el primer capítulo, el prefacio del Seminario 11 habla de la excomunión y allí solía decir, no es por azar que no he podido dar mi seminario sobre los nombres del padre y, ese no es por azar tiene que ver con que en realidad para la IPA era imposible que el dictara un seminario sobre los nombres del padre en plural, porque estaba tocando el nombre del padre fundamental, que era Freud. Y la IPA sigue agrupada alrededor de ese nombre del padre. Él piensa que esta excomunión, ocurrió porque él tocó el Nombre del Padre. Al pluralizarlo, tocó el Nombre del Padre.

Entonces, digamos, primera operación de Lacan, el Nombre del Padre, la lingüística por sobre el padre freudiano; digamos, la metáfora paterna y el Nombre del Padre. Segunda operación, pluralizar los nombres del padre; es decir, que ya no se trata del Nombre del Padre sino de los nombres del padre. Y Lacan no quiso volver nunca a dar ese seminario. Miller nos dice que Lacan, en realidad, soñaba con llevarse a la tumba el secreto sobre los nombres del padre, era su venganza por haber sido excomulgado de la IPA, porque da la casualidad, -casualidad no es-, de que Lacan recibe la notificación de que es expulsado de la IPA, la noche anterior al día en que comenzaba el seminario sobre los nombres del padre. Fue y lo dio, dio una clase. Después de esta notificación. Es decir, que a pesar de esto se hace presente ante su auditorio y anuncia que no va a poder dar su clase, pero igualmente da una clase. Él piensa que no es por casualidad que lo expulsen en ese momento y eso tiene que ver con que ha tocado los nombres del padre.

Muy bien, el tema del secreto del padre, porque hay un secreto sobre el padre que Lacan soñó con llevarse a la tumba, está en muchos lugares. Lacan habla del padre en muchos lugares en los Escritos, en Subversión del sujeto y la dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano, en La ciencia y la verdad, en Del trieb de Freud y el deseo del psicoanalista. ¿Cuál es, en primer lugar, el secreto del padre? El secreto del padre es que la tumba del padre está vacía. Decir que la tumba del padre está vacía. No hay un Nombre del Padre en singular, entonces es por esto que Lacan para explicar la pluralización de lo nombres del padre toma la religión judía y no la cristiana. Porque en la religión judía, Dios tiene muchos nombres, mientras que la religión cristiana, la católica, es una religión más basada en el hijo que en el padre. Él pensaba que la religión judía le era más útil para explicar porque Dios tiene muchos nombres, y que tenga muchos nombres, esto quiere decir que no puede ser nombrado; es decir, que ninguno logra nombrarlo. No es que el cristianismo no haya pensado la cuestión del padre, por ejemplo, San Agustín, en De Trinitate -que es acerca de la Trinidad cristiana Padre, Hijo y Espíritu santo-, habla de la cuestión de padre, y allí para nombrarlo tenemos una trinidad, pero siempre está el padre con el hijo. En cambio, la religión judía es más una religión del padre, Lacan en Subversión del sujeto… nos dice, por ejemplo, que la tumba de Moisés está tan vacía para Freud como la de Cristo para Hegel; esto es, Freud no pudo encontrar en Moisés la respuesta que esperaba, y agrega que Abraham no entregó su secreto a ninguno de los dos, ni a Lacan ni a Hegel. Podríamos pensar entonces que el secreto lo conoce Abraham, porque es el que tuvo que entregar su hijo en sacrificio, a quien Dios le pidió que sacrificara a su hijo, entonces de lo que vamos a hablar ahora es del goce del padre y del deseo del padre.

En La ciencia y la verdad, Lacan nos dice: «no me consuelo con haber tenido que renunciar a enlazar con el estudio de la Biblia la función del Nombre del Padre, haber tenido que renunciar a dar ese seminario». Les decía que el 19 de noviembre de 1963, el día anterior a que dictara ese seminario, el nombre de Lacan fue borrado de los analistas didactas de la IPA. Si él pensaba barrar, tachar al Nombre del Padre, lo que ocurrió que él fue tachado de la lista de didactas de la IPA. A Lacan le pareció muy clara la relación que había entre una cosa y la otra. Entonces el 20 de noviembre se presenta ante los alumnos, les anuncia que va a dar sólo una clase, porque había recibido una mala noticia la noche anterior. Ya el haberse presentado, nos habla del deseo de Lacan por el psicoanálisis y de su posición ética, porque podía haber estado lo suficientemente mal como para no haber ido a dar esa clase, y no es lo que hizo.

Los seminarios posteriores los va a dictar en la Ecole Normale Supérieure. El Seminario 11 comienza hablando de la excomunión y Miller dice que Lacan hizo una especie de metáfora, ya que colocó los conceptos en el lugar donde deberían de estar los nombres del padre, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, porque hablar de los cuatro conceptos es también una manera de tocar el nombre del padre Freud. En esta clase Lacan nos viene a explicar el deseo de Freud con respecto al padre. Ustedes saben que Freud nunca logró del todo contestarse las preguntas ¿qué quiere una mujer? ni ¿qué es un padre? En cambio, Lacan tiene varias teorías a lo largo de su enseñanza sobre ¿qué es el padre? Y no comenzó preguntándose ¿qué quiere una mujer? sino más bien, ¿de qué goza una mujer?, que es una pregunta completamente distinta. Entonces nos dice Miller que así como Gracián podía interpretar los nombres de Dios como Amor, Justicia Caridad y Pureza, Lacan en el Seminario 11, los nombres del padre serán inconsciente, repetición, transferencia y pulsión, una especie de operación de sustitución. Diríamos que, si tuviéramos que hacer un cuadro tendríamos, primero, el Nombre del Padre en singular; después los nombres del padre en plural; luego los matemas, de ahí paso a la lógica y terminó en la topología. O sea que, de la lingüística a la Biblia, de la Biblia a la lógica y de la lógica a la topología. La enseñanza de Lacan nunca cierra, está siempre abierta, esa fue la idea que él tenía de dar su transmisión que quedara abierta y quedó abierta, la última enseñanza es más clara aún en eso. Él siempre estaba pensando en una nueva cosa que tuviera en cuenta el horizonte de la época, seguramente si viviera ahora se estaría ocupando de escribir o de dar clases de las uniones del mismo sexo.

La pluralización de los nombres del padre quiere decir que hay un nombre, y otro nombre, y otro nombre para nombrar al padre, y dirá que el nombre del padre en singular es uno de los nombres posibles para nombrarlo, hay otros, uno podría ser, por ejemplo, la mujer. Digamos que el nombre del padre no es más que una función que podemos llamar X, y es hasta esa única clase que se vuelve una X, esa X la puede ocupar algo que puede no ser el padre, ni el Nombre del Padre, puede ser ya les dije, por ejemplo, una mujer.

Les decía que Lacan elige al Dios de los judíos porque en el Dios de Israel pareciera que está más presente la castración, además tiene varios nombres, es uno entre otros, lo que nos indica que de entrada en el judaísmo hay una pluralización de los nombres del padre. Los distintos nombres aparecen porque Dios no puede ser nombrado, Elohim podía representar al Dios del deseo, puede ser nombrado, pero, por ejemplo, El Shadai no puede ser nombrado y quizás representaría al padre del goce. La religión judía no buscaba en realidad la pluralización de los nombres del padre, en realidad buscaba uno solo, y ese ni siquiera puede ser nombrado y resulta que se lo nombró con muchos nombres; o sea, uno puede encontrar una equivalencia entre no nombrar y nombrar con varios nombres, porque no hay uno que lo identifique en tanto Uno. Esto quiere decir que Dios vuelve a estar en una serie de nombres, del mismo modo, el Nombre del Padre no es el único nombre capaz de soportar la función, esto es algo completamente original, no estaba pensando así en Freud de ninguna manera, es más, fueron límites del pensamiento freudiano, la cuestión del padre y la cuestión de qué es una mujer. Esto puede ser ocupado por varios lugares, por el analista, por el síntoma en singular o sea el sinthome, por la escritura como sinthome, como es el caso de Joyce; de hecho, el sinthoma en la última enseñanza de Lacan está pensado como el que enlaza los tres registros RSI, real, simbólico e imaginario, no pueden estar anudados si no están anudados por el sinthoma.

Otra cosa que uno puede hacer en la enseñanza de Lacan, tal como en el binario significante-goce, también puede verse como funciona RSI en cada uno de los momentos de la enseñanza, desde el Seminario 1, con la lógica de los espejos, ya está presente RSI, pero en este tenemos una pregnancia de lo imaginario y una relación entre lo simbólico y lo imaginario, en el cual lo simbólico gobierna lo imaginario, para decirlo brevemente. Con el pasaje del Nombre del Padre a los nombres del padre en plural, se pasa de la religión a la ciencia, porque el nombre del padre está ligado necesariamente a la religión y es por eso que Lacan toma la Biblia. Por ejemplo, está muy claro en el mandamiento, No invocaras el nombre de Dios en vano, y esto es lo que Lacan pensó como una excomunión, porque de alguna manera pluralizó lo que no podía ser tocado. Se ve mejor el saber que el judaísmo tiene sobre esto, ya que está claro desde el principio que es un nombre que no se lo puede nombrar, así queda protegido, es una letra inpronunciable. Por supuesto que esto no va sin la caída del padre en el horizonte de la época, que Lacan haya podido pensar eso tiene que ver con la época, con la subjetividad de la época porque en la época de Freud, la cuestión del padre era una, era la época victoriana y en la época de Lacan ya había comenzado la caída del padre, ya lo había ubicado en los complejos familiares, muy temprano en su enseñanza. Él fue pensando, acompañando esta caída del padre con esta sustitución; primero, la metáfora paterna luego la pluralización de los nombres del padre. Hay que decir que la metáfora paterna estaba más relacionada con el Deseo de la Madre; esto es, se trataba de que el Nombre del Padre barrara de algún modo el Deseo de la Madre, que el deseo feroz de la madre, feroz incluso en el sentido que la menciona como un cocodrilo al que hay que ponerle un palo en la boca para trabarle las mandíbulas, puesto que los cocodrilos se tragan la cría; es el padre quien pone ese palo en la boca del cocodrilo para que no se trague la cría. Eso podemos pensarlo en nuestra época con la caída del padre y la feminización del mundo.

Entonces la primera operación del Nombre del Padre fue pensada muy en relación al Deseo de la Madre; en cambio, la pluralización de los nombres del padre no se ocupa del deseo de la madre, se ocupa del deseo del padre. No se había ocupado hasta ese momento ni del deseo ni del goce del padre. Bien, Lacan sí había hablado de la carencia paterna en relación al caso Juanito. Viviana me hizo una pregunta sobre esto en la Varité. Es verdad que Lacan se ocupó de la carencia paterna con respecto a la fobia, porque como ustedes saben, la entidad clínica de la fobia es como un disco giratorio; por lo tanto, no llega a constituir plenamente una neurosis, pero tampoco hay forclusión del Nombre del Padre. Entonces, sí habló de carencia paterna. No hay que confundir esa carencia paterna con la idea del padre ausente de la psicología que estaba en la pregunta de Viviana, porque, por ejemplo, no hay nadie más presente que el padre de Juanito. Juanito estaba harto de la presencia del padre, pero realmente este padre tan presente no era un padre, era otra madre. En nuestro tiempo, hay un empuje a que tanto el padre como la madre tengan la misma función, es un reclamo que le hacen las mujeres a los hombres. Además a los padres también les pasa que quieren ser un poco madres, lo cual es un tema para pensar ¿no? Al compartir la crianza resulta que el chico tiene dos madres y habría que ver como funciona el padre, esto es un poco antipopular para las mujeres, que yo diga esto. Hay una idea de que el padre tiene que colaborar en la crianza bla, bla, bla, muy bien; pero hay que ver como eso afecta la función del padre, porque esto puede llevar a una sustitución débil del Deseo de la Madre, que además tiene que ver con las nuevas virilidades y las nuevas paternidades.

De ninguna manera hablar del padre carente quiere decir que está ausente en la realidad, al contrario, es un padre muy presente y es carente por lo presente que está. Lacan nos dice que el padre de Juanito estaba muy enamorado de la madre y además pendiente todo el tiempo de Juanito. Por ejemplo, le decía, bien psicológico el padre, ¿tienes miedo de alejarte de mamá? No, le contesta Juanito, de lo que tengo miedo es de que siempre volvería. O sea que Juanito tenía la angustia de la falta de la falta. Y todavía hoy con todos los años transcurridos de ese seminario de 1958, uno escucha en los consultorios a las madres preocupadas porque tienen que estar presentes con sus hijos. Como un resto, hay una idea psicológica del asunto que está en las madres y que hoy día también está en los padres, hay que preguntarse sobre eso, porque en realidad si definimos que el problema no es la falta sino que falte la falta; si Freud ya hablo del fort-da desde el principio, que tiene que ver con que la madre entra y sale ¿por qué tanta preocupación actualmente por estar con el niño, tanto de la madre como del padre?. No olvidemos que el padre de la realidad, por supuesto, nunca está a la altura de la función, esto ya se incluye en la operación del Nombre del Padre y en ese sentido, siempre hay carencia; porque si no la hubiera, si coincidiera el padre con la función, tendríamos una psicosis, es el caso Schreber que coincide el padre con la función.

Voy a dar un primer salto, después vuelvo al Seminario inexistente, al Seminario 17, porque hay ahí un pasaje del Mito a la Estructura, ahí Lacan reúne de un modo que después él va a criticar, por ejemplo, en el Seminario 18, De un discurso que no fuera del semblante. Va a criticarse a sí mismo, ya que se da cuenta en el Seminario 17 que no puede homologar al padre de Tótem y tabú con el buen padre del Edipo. También está Tótem y tabú, está Moisés y el monoteísmo y está el padre del Edipo y; estos padres no pueden coincidir entre sí, son antinómicos. Así pues en el Seminario 18 sólo va a tomar Tótem y tabú porque en este va a estar más claro el goce del padre, antes del asesinato, porque es aquel que gozaba de todas las mujeres, es más claro el goce del padre en Tótem y tabú que en el Edipo, el buen padre, es este del que les estaba hablando hace un ratito, digamos, cada vez más bueno.

Lo que va a decir Lacan finalmente es que de lo que se trata es que son todos mitos acerca del goce del padre, tanto en Tótem y tabú como en el mito de Edipo. En el Seminario 18 dice, justamente, que el goce del padre es poco claro porque no se sabe si este padre que goza de todas las mujeres, es él el que goza o son todas las mujeres las que gozan. A la vez, hay que tener en cuenta que el Nombre del Padre es un elemento de la teoría del Nombre, una teoría que incluye el nombre propio, el nombre del goce y el nombre del padre, es decir, es uno más en la teoría del nombre. Tal como está trabajada en el Seminario 9 de la Identificación que no ha sido todavía establecido por Miller; pero que trata del significante, el S1. Lacan dice que el analista no tiene un nombre propio, en el sentido de que el analista puede hacer de su nombre, un nombre común. Que el nombre del analista puede entrar en las formaciones del inconsciente del analizante. Les voy a dar un ejemplo mío, yo tengo un apellido que fácilmente puede pasar a nombre común, Torres. Cuando se cayeron las torres gemelas de Nueva York en el 2001, hubo pacientes que hacían un equivoco en la caída de las torres, y esto entró en el inconsciente de algunos, y el analista ha de estar dispuesto a que su nombre sea un nombre común entre los analizantes; aunque tenga un nombre propio en lo que escribe. Igual el psicoanalista por mucho que escriba, nunca es un autor para Lacan. Entonces ese juego que el propio Miller hace con su nombre, molinero, si es empleado en el uso común del nombre propio, es una injuria; pero si aparece en las formaciones del inconsciente del analizante no es una injuria, ayuda al trabajo que se está realizando en un análisis.

Entonces Lacan para trabajar los nombres propios tomó, entre otros, a Frege, y varios otros lógicos matemáticos, porque Frege se ocupó mucho del sentido y la significación, también trabaja un artículo de Bertrand Russell que se llama Sobre la denotación, donde se pregunta qué pasa cuando hay un concepto que no tiene existente. Si nosotros escribimos Nombre del Padre como una X, es un concepto que no tiene un existente directo, tal como lo tenía el padre en Freud, se separa la función del existente. Estoy hablando de lógica matemática. Esto nos permitirá llegar a lo que luego estará en el Seminario 20 en las fórmulas de la sexuación, separar el «para todos» del «existente», porque el «para todos» es universal y el «existente» es singular. Uno podría decir que a cierta altura de la enseñanza de Lacan el «existente» es particular pero al final, y sobre todo, en nuestro tiempo, es más y más singular, porque es absolutamente contingente quien va a ocupar ese lugar del padre, o esa función del padre, es cada vez más contingente, en nuestro tiempo más que nunca. Por ejemplo, en las familias homoparentales o homosexuales, el problema es la función del padre ¿cómo definimos el padre ahí?, por la importancia que la teoría lacaniana le da a la función del padre.

Puedo darles un ejemplo para que ustedes entiendan mejor la diferencia entre el «para todos» y el «existente», el universal y el «existente». Si uno dice «el actual rey de Francia» o incluso «el actual rey de Inglaterra», eso está nombrando un concepto que no tiene un existente, uno puede nombrar algo que no tiene un existente, porque no hay rey de Francia ni tampoco, incluso, rey de Inglaterra.

Si el concepto es un significante, el concepto mata al sujeto; ustedes saben que la teoría del significante en Lacan nos dice que el sujeto, está barrado por el significante, está barrado en primer lugar por el Otro, es hablado por el Otro. Para Lacan, de entrada, el sujeto está barrado por el Otro, que es lo mismo que decir que está barrado por el significante. Si es barrado por el Otro, sólo puede repetir el discurso de los padres, para cuando se dió cuenta ya se ha tragado el anzuelo, es una de las metáforas que utiliza Lacan. El sujeto ya estaba marcado por el significante, que mortificaba el goce y las marcas de goce que quedan como resto de esa operación significante, porque marcas de goce quedan, esas no van a desaparecer del todo. Por eso, mi último libro se llama Cada uno encuentra su solución, porque el último Lacan no piensa que se trata del atravesamiento del fantasma, sino de saber hacer con esas marcas de goce, saber hacer de esas marcas de goce un sinthoma. El nombre, dice Lacan, da al sujeto como muerto en un sentido, porque es el nombre que aparecerá en la tumba. El significante como tal tiene que ver con la tumba, porque mortifica lo vivo, eso yo lo he trabajado bastante en un artículo que está publicado en la revista Enlaces. Eso que no podrá ser escrito tal como lo dice bellamente T. S. Eliot, en un poema que se llama La tierra baldía, que hay un goce que no quedará escrito en la tumba de nadie, lo que el sujeto vivió como goce. Hay unas estrofas muy lindas sobre esto, sobre la caída de un sujeto en la insensatez, la insensatez es el acto sexual, y esto no podrá ser escrito por ningún notario, ni estará escrito en nuestras tumbas, porque ese goce vivido no dejará huella en los cuartos vacíos, ni en lo escrito por el notario, esto es, se separa el significante del goce. Los poetas saben y siempre lo dicen mejor que nosotros, en eso Lacan, hablando de Marguerite Duras, voy a hablar bastante de eso mañana – dicen que siempre el artista le lleva la delantera al psicoanalista. Ella sabe sin él, Marguerite Duras, lo que él enseña. Es lo mismo, T. S. Eliot sabe sin él, lo que él enseña.

En Subversión del sujeto introduce de alguna manera el goce del padre cuando dice que, hay un nombre que falta en el mar de los nombres propios y entonces, Miller se pregunta: ¿por qué dice en el mar de los nombres propios? y no dice en el conjunto de los nombres propios. Porque si hubiera dicho conjunto, estamos en el campo de la lógica, pero si hablamos del mar, hay algo infinito, innombrable, no se detiene, no tiene denotación posible. Es lo mismo cuando decimos Lacan dice, no decimos Lacan decía, porque su discurso está vivo, sigue teniendo una presencia actual. Y el goce de transmitir su enseñanza está vivo, no está mortificado por el lenguaje, es de esperar que en las clases y en las conferencias que damos, algo de ese goce pueda ser transmitido. En ese sentido, el nombre propio es inconmensurable, va más allá de la tumba y del significante, y tiene que ver entonces con el goce como tan bellamente lo dice el poema de Eliot. Lo que aparece como faltando en el mar de los nombres propios es el nombre de goce.

Versiones del padreDe esta manera tenemos ya tres nombres: el nombre propio, el nombre del padre y el nombre del goce. Que el nombre de goce esté más allá del nombre del padre tiene que ver con la aparición del objeto a en la enseñanza de Lacan. Ustedes piensen que Lacan introduce el objeto en el Seminario de la Angustia y toda la cuestión después del Seminario 16, De Otro al otro, con minúscula. Nosotros podríamos llamarlo también del significante al goce, de Otro al otro, no es al otro con minúscula de lo imaginario, es el del objeto. El neurótico es alguien que le atribuye todo lo que le pasa al Otro. Por eso el concepto de extimidad, trata de que uno ve como viniendo de afuera lo más intimo. Lacan llamó a eso extimidad, tanto en el Seminario 7 de la ética como en el Seminario 16 retoma bastante la cuestión de que el neurótico le atribuye todo el tiempo al Otro su objeto de goce, no lo puede reconocer como propio. Por ejemplo, cuando alguien se separa, ya sea de la pareja, ya sea un hijo de la madre, ya sean los amantes o en una separación matrimonial; el problema no es separarse del Otro, sino separarse de la parte de goce propio que estaba enlazada al Otro, o sea, separarse del propio objeto. En cambio, el neurótico todo el tiempo, le atribuye todo al Otro; hay pacientes, sobre todo mujeres, a las que hay que decirles que no pueden decir más la palabra «él», porque «él me dijo», «él entró y él es así», «él es de esa u otra manera» y no nos enteramos nada de lo que ella dice. Bien, hay que prohibirlo, a veces. El Nombre de Padre en singular está del lado del Otro, el nombre del padre en plural está del lado del a minúscula, o sea, del lado del objeto de goce.

El objeto a fue conceptualizado por primera vez en el Seminario de la Angustia, que exista el objeto a es lo que le permite pluralizar los nombres del padre. O sea que en Del trieb de Freud y el deseo del analista, Lacan hace una diferencia entre el analista freudiano y el analista lacaniano y dice: el analista lacaniano cree que las identificaciones tienen que ver con el Nombre del Padre, pero que éstas no satisfacen a la pulsión, que es a lo que está aferrado el neurótico, a las identificaciones, a la novela familiar. En realidad tienen que ver con lo simbólico y con el Nombre del Padre, pero no tienen que ver con el goce, por eso el Seminario 9, La identificación, es sobre el S1, sobre el significante; en cambio, el 10 es un seminario sobre el objeto. Esto es, para que vayan entendiendo como avanza Lacan en su pensamiento, como se cuestiona a sí mismo todo el tiempo. Lacan dice muy bien, estoy definiendo al padre, pero se me está escapando el goce; es lo mismo que le pasó con el Seminario de la ética, en el cual se tornó imposible el goce. Entonces tuvo que ir a otro paradigma; pensar el goce fragmentado, que es el goce de los objetos de la pulsión tal como aparece en el seminario 11. Pero ese sería tema de otro seminario.

Digamos que el primer Lacan, los filósofos con los que trabajó son Hegel y Kant. Toda la dialéctica del deseo es una dialéctica hegeliana y el seminario de la ética está referido a Kant, no se olvida Lacan de escribir Kant con Sade, para decir que Kant, tenía la idea de que el goce pudiera ser sustraído. La verdad de Kant es Sade también podríamos decir que la verdad de Sade es Kant, porque Sade tenía reglas sobre el goce -era un poco kantiano en eso, así como Kant era un poco sadeano, no voy a decir sádico, sino sadeano-, es decir, lo que estaba oculto tras el significante Kant, era el alarde del significante. Kant se pasaba escribiendo encerrado y bajaba de vez en cuando, daba una vuelta breve y, en una ocasión, lo subió una princesa en su carruaje y, transcurrió un poco más del paseíto previsto de diez minutos, y Kant dijo: ¡nunca más me subo a ningún carruaje! porque estaba todo el tiempo escribiendo y él pretendía regular desde el significante al goce, eso en Kant es claro, es absolutamente claro en la máxima kantiana, que el Imperativo categórico kantiano es el imperativo del superyó; porque lo que está oculto es el goce detrás de ese imperativo.

Entonces Lacan en esta única clase del Seminario inexistente no toma ni a Hegel ni a Kant, lo que va a tomar es a Kierkegaard, quien es un filósofo que justamente no se ocupa del universal como Kant o Hegel. Hegel quería llegar al saber absoluto. Pero Kierkegaard aparece como muy dividido, es un filósofo muy dividido. Quienes se ocuparon del goce son Kierkegaard, Nietzsche, Spinoza y, quizá también, San Agustín. Lacan descubre el gran engaño hegeliano que quiere llegar a la idea de saber absoluto y Lacan está completamente contra eso. Finalmente, todos terminan con la idea de Dios, Hegel e, incluso, Descartes que quiere objetar algo con el «pienso luego existo» y termina resolviendo la cuestión con Dios. En cambio, Kierkegaard y Nietzsche piensan que el Dios no se sostiene en un universal. Por ejemplo, San Agustín decía que Dios no es causa sui, no es causa de sí mismo, esto podría hacernos pensar que Dios no se le presentaba como tan entero, pero Lacan encuentra la contradicción de que Dios no se causa sui y que, sin embargo, San Agustín pueda decir que Dios dice: Soy el que soy, porque si Soy el que soy es causa sui, pues no es efecto de nada, es sólo causa.

Este Dios que estamos pensando ahora que no es causa sui, tiene más que ver con el objeto que con el Otro. Porque todos estos filósofos tales como Kant o Hegel son filósofos del Otro, hay una creencia absoluta en el Otro que termina por ser una creencia en Dios, por lo tanto, en el padre. En cambio, el Dios de Nietzsche, quien dijo: Dios ha muerto, es más frontal en esto. Siempre me ha llamado la atención que Lacan nombra poco a Nietzsche, pero para decir esto, lo nombra. En el Seminario 10 toma fundamentalmente a Kierkegaard porque es quien se ocupa de la angustia y del padre, en su libro Temor y temblor. Que es otra cosa que habría que leer conjuntamente con la Biblia para entender esta clase, porque habla del padre y se pregunta mucho sobre lo que no logra entender en la lógica de Abraham. ¿Por qué estuvo dispuesto a matar a su hijo?, esto no es sin la angustia que le provoca a Kierkegaard el acto de Abraham. En esta clase, Lacan toma la figura de Dios para decir que no es el gran Otro, que es un Dios más referido al goce, que al concepto; y que el cuento del Edipo es un mito, mientras que el complejo de castración no es exactamente un mito, porque está referido a lo real. Entonces digamos que todos los mitos sobre el padre son mitos sobre la pérdida de goce, y el sujeto supone que la culpa de la pérdida de goce la tiene el padre.

Entonces ¿qué es lo que pone límite al goce, al goce del padre? Uno podría decir: el placer puede poner límite al goce, pero si es el placer lo que pone un límite al goce, ¿para qué está la figura de la ley? ¿Para qué está el padre como figura de la ley?, ¿para qué sirve la ley y para que sirve el padre?. En realidad, Lacan en el Seminario 18 va a decir que el padre es un semblante y esto va a estar bastante explicado en su escrito sobre El despertar de la primavera. Entonces, el padre es un semblante y la primera operación que Lacan realiza sobre Freud, el nombre del padre como metáfora, en realidad, denota el poder de la palabra, porque el Otro es eso, el poder de la palabra. Después, Lacan no va a creer tanto en el poder de la palabra, va a ver que está el goce obstaculizando eso, incluso san Agustín en De Trinitate cuando habla del padre toma la hora nona con la famosa frase de Jesús, «Padre ¿por qué me has abandonado?, hay una relación muy grande con «Padre ¿no ves que estoy ardiendo?», porque es un padre que no ve, fundamentalmente es un padre que no ve. El a minúscula da cuenta de que no hay un universal de los nombres del padre, por lo tanto, no hay un nombre del padre en singular, si la metáfora fuera posible para el a minúscula nosotros podríamos escribir:

a
J

Si fuera posible la metáfora, el a sustituiría al goce, pero el a no sustituye al goce: es el goce. Entonces a la altura del Seminario 10, Lacan comienza a ir en contra los filósofos a los que había seguido hasta este momento. Había seguido mucho a Hegel en la cuestión del alma bella para explicar la histeria y, después, no es que no queden ideas de Hegel en el discurso del amo, pero muy modificadas. Porque dice que el filósofo va a llegar a la concepción del saber absoluto. Al contrario, lo que él quiere introducir es la problemática de la angustia y Hegel no se angustia; el que se angustia es Kierkegaard y también Nietzsche.

Versiones del padreHay una parte en el Seminario 17 donde dice que Nietzsche introduce el tema de que Dios ha muerto, pero hay muy pocas referencias en la obra de Lacan. Me he puesto a buscar porque me interesaba encontrar por qué Lacan no mencionaba a Nietzsche. Pero Kierkegaard en Temor y temblor está completamente dedicado a pensar por qué Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo, eso lo tortura. Les decía que en el único lugar donde se entiende la pluralización de los nombres del padre es en la Biblia, Lacan toma una cita del Éxodo dice: Moisés pastoreaba el rebaño de sus suegro Jetro, sacerdote de Madián, llegó hasta Horeb, en la montaña de Dios, ahí se le apareció el Angel de Yavhé en una llama de fuego en medio de una zarza, y Moisés vio que la zarza ardía, Moisés se acercaba para mirar, y lo llamó: ¡Moisés, Moisés! y Moisés dijo: Héme aquí. Yahvé le dijo: No te acerques aquí, quita las sandalias de tus pies, porque el lugar que pisas es suelo sagrado. Y añadió: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Moisés se cubrió el rostro porque temió ver a Dios. Tomando esta cita del éxodo de la Biblia, Lacan comienza a hablar de la caída del objeto y de la angustia que provoca. Venía explicando hasta este momento que la falta estaba en la mujer; pasa a hablar de la detumescencia del órgano en el varón, para ubicar el lugar de la falta en la detumescencia del órgano en el varón y no en la carencia de falo en la mujer; o sea, empieza a salir de la lógica fálica, porque la lógica fálica está relacionada con la lógica del significante y la lógica del Otro, mientras el a no va junto al Otro ni al significante ni al falo, el a introduce el goce.

Lo que dice de la detumescencia es muy interesante porque dice que hay un pérdida de goce y eso hace aparecer el objeto. La detumescencia implica que para el sujeto el orgasmo está al mismo nivel que la angustia. Y agrega, la detumescencia implica esto no sólo para el varón sino para ambos sexos, porque a partir de este momento, el deseo estará para siempre separado del goce, una cosa es el deseo y otra el goce. Y algo de esa separación se produce en el acto sexual mismo. Por eso la histérica -que es una amante del Otro, del significante y del deseo, coloca el deseo donde está el significante, el Otro y el falo -, ella siempre quiere al hombre del deseo y rechaza al hombre del goce.

En Dora, el hombre del deseo era el padre, se trataba del deseo. Por eso ella no puede hacer lo que le pide el señor K, ella tendría que estar en una posición femenina y no histérica, y no puede, no tiene con qué. La Bella Carnicera, tenía al hombre del goce. En la Bella Carnicera es claro que se trata del goce de la carne. Freud pone otro ejemplo para hablar de la histérica como agua mansa ¿se dice acá? Bueno, entonces, mosquita muerta. Son histéricas suavecitas, no son histéricas decididas, pero hay que cuidarse más de las histéricas agua mansa que de las agua brava, porque el agua brava uno la ve venir y el agua mansa se va metiendo, se va metiendo y al final, uno se ahoga. Hablando de la bella carnicera inventa ella como toda histérica, la Otra. Y se la sugiere al marido, y finalmente, entusiasma al marido con la Otra. Podríamos decir que ella tiene que transformar al hombre del goce en hombre del deseo, porque lo que ella quiere es que el carnicero desee a la amiga. Ella se percata que hay algo en el deseo que no es puro deseo, que es goce ¿cuándo?, cuando el carnicero dice: «cualquier trozo de trasero de una muchacha bonita sería más interesante de pintar que mi cabeza». Cuando un pintor quiere pintar la cabeza del carnicero, la carnicera, que era una histérica inteligente escucha bien: trozo de trasero y, ahí aparece la parcialidad de la pulsión y la cuestión del goce. Miller ha escrito un bello artículo Trío de Melo, de melodrama (que tiene que transformarse en comedia en la histeria entre la carnicera) el carnicero y la amiga flaca. La Bella Carnicera deduce que cualquier trozo de trasero le puede venir bien al marido; entonces ella quiere ser deseada más que la amiga, tal como Dora quería ser deseada más que la señora K.; pero no quedarse a solas con el señor K. Ni tampoco en al caso de la Bella Carnicera con el carnicero, que le quería comprar el caviar y ella soñaba con el salmón. El carnicero estaba dispuesto a comprarle el caviar y el salmón porque estaba enamorado de ella. Para Dora era más fácil, porque tenía al hombre del deseo -que era el padre- y al hombre del goce -que era el señor K.- Les digo esto porque los trato de ir llevando a la diferencia entre la lógica del significante, (en la cual está también la lógica del deseo) y, la cuestión del goce, que no responde a una lógica ni a un concepto.

En realidad, la aparición del objeto y su pérdida son la misma cosa, porque es la separación del niño del pezón, si pensamos en la etapa oral, el pezón para el niño es una parte de su cuerpo y en un momento tiene que perder ese objeto. Tal como va a pasar en la etapa anal. Lo más interesante es lo que Lacan dice sobre la mirada, lo que mejor representa al objeto es la mirada y la voz que son los objetos lacanianos, que no estaban en Freud. ¿Qué pasa en la mirada?, hay algo horroroso a veces, lo que Lacan llamará «la esquizia del ojo y la mirada». Esto ya está en Freud en el artículo Lo siniestro, cuando toma el relato «El arenero» de Hoffman que arrancaba los ojos de los niños.

Lacan lo que va a trabajar es que no es lo mismo el ojo que la mirada. Freud ya se había dado cuenta de eso con la ceguera histérica donde el ojo estaba perfectamente bien, sin embargo la histérica no veía. San Agustín también se da cuenta, habla de la voluptuosidad del ojo. Por ejemplo, una novela muy famosa en la Argentina de Ernesto Sábato Sobre héroes y tumbas tiene una parte «Informe sobre ciegos» también allí está muy claro qué pasa cuando queda ciego el ojo y, a la vez, hay presencia de la mirada; o sea que, hay algo de la trama de la cadena significante que se pierde cuando el objeto se enfrenta a la mirada, también está en la lógica del exhibicionista y en la lógica del voyerista.

El primer Lacan se ocupa del Deseo de la Madre y después, ya el Lacan del Seminario de la Angustia y el Lacan de la clase única del Seminario inexistente se ocupa del padre del goce. De este padre que está tan claro en tanto Dios le pide a Abraham que lleve al hijo y lo sacrifique, se ve claro el goce del padre. No sólo lo toma en la única clase del seminario inexistente, hay un capítulo en el seminario 17, que se llama «La feroz ignorancia de Yavhé». Ustedes ven que hay muchas versiones de Dios y eso es a lo que va llegar Lacan a la perè-versión con un juego de palabras en francés que él llama perè-versión que es la perè-versión de cada uno, no la perversión como estructura clínica, sino la versión del padre. Ya hablamos de versiones del padre y el judaísmo habla de versiones del padre, ya que habla de Yavhé, habla de Elohim, El Shadai, de la Zarza ardiente, son versiones del padre.

De lo que se trata, al final de la enseñanza de Lacan es de que cada uno encuentre un padre; que no necesariamente está representado por su padre, cuando alguien encuentra su solución sintomática a lo irreductible entre el amor, el deseo y el goce, también encuentra quién ha sido su padre para él, aún si es un invento contingente. Y en ese sentido, si es un invento contingente, uno pensaría que no necesariamente se trata de un hombre, digo, porque hablaremos de las uniones del mismo sexo.

Retomando, entonces, el Shadai no fue traducido al principio como el Todo poderoso tal como nos aparece en la Biblia actual; en realidad, se trata del origen del padre basado en un carnero, o sea, en la raza «Sem» para los judíos. Aquí Lacan hace una referencia a Kierkegaard en Temor y temblor donde Kierkegaard dice en la página 35: cuando me pongo a reflexionar sobre Abraham me siento aniquilado, caigo a cada instante en la paradoja maldita que es la sustancia de su vida, a cada instante me siento rechazado, y a pesar de su apasionado furor, mi pensamiento no puede penetrar esta paradoja ni siquiera el espesor de un cabello; pongo en tensión todos mis músculos e instantáneamente me siento paralizado. No ignoro las acciones que el mundo admira como grandes y magnánimas hayan eco en mi alma, porque estoy humildemente seguro de que el héroe ha luchado también por mí, entro, por lo tanto, en el pensamiento del héroe, pero no en el de Abraham; alcanzada la cima de entender su pensamiento, voy de nuevo a caer porque aquello que se me ofrece es una paradoja. Entonces Kierkegaard se angustia pensando en el goce.

Mónica Torres: -Sí, una pregunta, ¡muy bien!.

Pregunta: [….] Nietzsche con Dios ha muerto, nosotros lo hemos matado, de la analogía que está haciendo… la parte del asesinato no se culmina en Abraham y en Nietzsche sí se culmina, es posible que nosotros lo hayamos podido matar […]

Mónica Torres: Uno no podría tomar esa frase de Nietzsche, agregándole nosotros lo hemos matado, podría tomarlo como el padre de Tótem y tabú, hasta ahí todos estamos de acuerdo, todos lo hemos matado y como lo hemos matado hay la obediencia retrospectiva, es el universal del padre, se obedece al padre, es asesinado porque gozaba de todas las mujeres, es el mito de Tótem y tabú. Y entonces luego se obedece al padre muerto. Pero Nietzsche no dice eso, porque Nietzsche no obedece al padre muerto. Para Nietzsche ese Dios ha muerto significa que reina el goce. Hay que tener el cuidado de no ver en Nietzsche otra lectura de Tótem y tabú con su Dios ha muerto. Es cierto que hay una paradoja en el pensamiento de Nietzsche ¿por qué hay una paradoja? Porque si Dios ha muerto todo está permitido, y en realidad es al revés, si Dios ha muerto nada está permitido, porque ya no se sabe que está permitido y que no está permitido; todo el goce es posible, pero ese pensamiento habla de la muerte de Dios de modo contrario a como se habla del asesinato del padre en Tótem y tabú. Pero en el asesinato de Tótem y tabú, los hermanos cuando se juntan para matar al padre que gozaba de todas las mujeres -que es uno de los mitos sobre padre- después, van a obedecer retrospectivamente. En ese sentido existirá el «para todos» en las fórmulas proposicionales de Lacan, el para todos se escribe así : .»x Fx, ¿qué quiere decir esto?, que para todo hombre se cumple la función fálica, sin embargo, $x Fx, existe uno para quien no se cumple la función fálica, esto quiere decir existe uno que no, puede ser el padre de Tótem y tabú; pero al ser asesinado pasa a ser un «para todos» que va a obedecer al padre muerto. Nietzsche no dice eso, y Kierkegaard tampoco. Uno podría pensar que vamos a obedecer a ese padre muerto en el pensamiento de Hegel y en Kant, pero no en Kierkegaard ni en Nietzsche.

Tendría que desarrollar mucho más para poder explicar esto, pero con que tengan una intuición de lo que estoy intentado transmitir, quiero que quede claro que ese Dios ha muerto, no es el padre de Tótem y Tabú. Debido a que la consecuencia para Nietzsche es un reinado del goce, no es un sometimiento a la ley del padre, como sí lo es el asesinato de Tótem y Tabú. Aquí nos estamos ocupando del goce de Dios, y del goce del padre, y no de hacer un mito sobre la pérdida de goce como es el mito de Edipo o como lo es el de Tótem y Tabú. Edipo, ¿cómo termina? Cegándose, representando la castración misma, porque el súmmum de la castración, es precisamente la pérdida de los ojos; ya que la mirada es el mejor objeto para representarlo, no se mata Edipo, sino que se castra, se quita los ojos.

Entonces ¿cuál es la angustia de Kierkegaard? No puede entender por qué Abraham no se angustia. Hay toda una cuestión que está muy bien planteada en dos cuadros de Caravaggio, que están en este libro De los nombres del padre. Abraham va al lugar del sacrificio de Issac, muy contento, alegremente con el cuchillo en la mano, casi apurado; llega antes de tiempo. Issac era su hijo favorito, había sido concebido por Sarah que era estéril, casi tenía 90 años y Dios le concede la gracia de tener ese hijo; era su hijo verdadero, su hijo más amado. Y Dios le pide el sacrificio de ese hijo para demostrar que más que al hijo, quiere a Dios. Iba decidido a la cima, y en el momento que está por matarlo aparece un Ángel, está muy claro en el cuadro de Caravaggio, que lo detiene, y lo que queda como resto de ese no sacrificio del hijo es la circuncisión. Abraham le dice: permíteme al menos cortarle un poquito de carne… Se entiende la angustia de Kierkegaard frente al acto de Abraham. Después va a quedar en la religión judía esa marca en la carne, perdura hasta hoy.

No es que Lacan esté en contra de la circuncisión, al contrario, está a favor en el sentido que se inscriban en la carne las generaciones por la vía paterna. Issac en el cuadro de Caravaggio está con un rostro de dolor y lo que ya no se puede borrar es que el padre estaba dispuesto a matar al hijo. Es lo que Kierkegaard encuentra una y otra vez. Abraham no se angustiaba, casi hay que frenarlo, quien lo frena es un Ángel, que es otra versión de Dios. En el judaísmo es otra versión de Dios, un dios del deseo, que le permite no matarlo a condición de dejar una marca en la carne. Hay una marca de goce, pero permite que siga viviendo el hijo.

Pregunta: Esta marca del goce es más una marca del goce del padre…

Mónica Torres: Y es por esto que Lacan no está contra la circuncisión, porque la psicología se pone en contra de la circuncisión, en el sentido de que es algo doloroso. Pero si de lo que se trata es de reproducir una marca que inscribe una genealogía paterna, entonces hay que discutir seriamente por qué no habría que hacer la circuncisión.

Pregunta: ¿Es como el apellido?

Mónica Torres: Pero del apellido marcado en la carne, eso es lo que no está en la religión cristiana, porque el bautismo no tiene esas características, es mucho más metafórico. Ustedes saben, la religión católica, a cada santo una vela, no es tan estricta como la religión judía, eso ha hecho que triunfe. La religión que ha triunfado es la católica, no es la judía. Esto lo escribe también Lacan, tiene un artículo sobre el triunfo de la religión católica. Pero para explicar el goce del padre tuvo que dirigirse a la religión judía.

Creo que ahora podemos entender qué quiero decir cuando pasamos del mito a la estructura, una cosa es el mito sobre el padre y otra cosa es la estructura. Entonces, los cuatro discursos lo que hacen es estructurar, de algún modo, el goce del padre. Es una estructura porque el objeto a, que no puede entrar en la lógica del significante, sí puede entrar en la lógica de los discursos, porque ya no vamos a estar en el lenguaje sino en la lengua y la lengua permite el goce, no así el lenguaje, esa es la diferencia.

Les digo entonces que, en el capítulo del mito a la estructura del Seminario 17 es uno de los pocos lugares donde Lacan hace referencia a Nietzsche, cuando hace una conexión entre la muerte del Padre y la muerte de Dios. Dice así: «la muerte del padre en tanto se hace eco de un enunciado que tiene un centro de gravedad nietzscheano», eso es todo lo que dice, o sea, ¡hay que encontrarlo! Esa es la referencia a Nietzsche, lo dice como al pasar. No hay Dios y no hay el padre.

Kierkegaard y Nietzsche son dos filósofos angustiados por la muerte de Dios y por el goce del padre, y es aquí donde Lacan toma una frase de Los hermanos Karamásov de Dostoiewsky donde dice que si Dios ha muerto todo está permitido, porque ustedes saben que también los hermanos Karamásov matan al padre. Entonces es al revés, si Dios ha muerto nada está permitido, ya que es la condición para que un goce esté permitido, para que circule el goce con otras mujeres, es preciso que esté prohibido el goce con la madre. Pero el asesinato del padre, lo que hace es impedir el goce de la madre como también en el mito de Edipo, la circulación de gozar de las mujeres.

Aunque no está clara la cuestión del goce del padre, no está claro, porque incluso no está claro en Edipo, porque Edipo es el único, el primero que mata al padre y el que no sabía. Todos los demás a partir de ahí, los neuróticos, saben. Edipo no sabía que estaba matando al padre y que se estaba acostando con su madre, a partir de ahí todo héroe, todo neurótico, sabe. Hamlet se diferencia de Edipo en que sabe. Hamlet tiene toda la preocupación por la muerte del padre, por el goce de la madre. Ese es otro mito sobre el goce de la madre, porque el padre es asesinado por el amante de la madre, y Hamlet se debate como un neurótico, podríamos decir, pero Edipo no. Porque Edipo no es un neurótico, es el que funda, es el que no sabe.

Pregunta: No podríamos decir que sí se debate cuando huye de su ciudad natal, porque le dicen que va a matar a sus padres, y eso es lo que provoca…

Mónica Torres: Hay una predicción, pero él no sabe que es el padre. La interpretación de Lacan es que Edipo no sabía y que en realidad, él va a Tebas y lo que hace es descifrar el Oráculo de la Esfinge. Edipo cree en el destino, de hecho mata al padre, pero él quiere huir de ese destino, tal como su verdadero padre quiso huir del destino. Para los griegos, el destino se cumple y entonces se va a cumplir que Edipo mata a su padre, pero cuando lo mata no sabe que es el padre y cuando está en el pueblo de Tebas, y descifró el Oráculo de la Esfinge, que en el pueblo de Tebas no podían descifrar, esta Esfinge con forma de mujer, se tragaba a lo ciudadanos que no respondían. Como Edipo lo descifra, el pueblo de Tebas le ofrece casarse con la viuda, que se case con Yocasta, y se casa sin saber que se está casando con la madre; es alguien que no sabe. Todo neurótico a partir de ahí sabe, saber con el saber no sabido del inconsciente, no en el sentido del saber sabido, por supuesto. Sabe en el sentido de la represión, como lo dice Freud en el hombre de los lobos, por ejemplo.

Pregunta: ¿de qué goza el padre?

Mónica Torres: No queda muy claro, son todos mitos del goce del padre, porque nadie sabe verdaderamente de qué se trata el goce del padre. Porque si hubiera un Dios, entonces sabríamos. Y porque no hay un para todos, es uno por uno que tendrá que enfrentarse con esa marca de goce del padre, que será su sinthoma. Por eso cada uno inventa su sinthoma, e inventa quién ha sido su padre para él. Por eso la función principal del analista es representar ese vacío, nunca ofrecerse al lugar del Otro, que es el lugar del padre, esa cuestión fue el error de Freud en casi todos sus tratamientos. Freud se ponía en el lugar del padre, con Dora, con el hombre de los lobos. No está claro en el hombre de las ratas y aun así, Lacan critica que no fue muy trabajada la idea de la muerte en el hombre de las ratas, y que por eso se murió en la guerra.

Últimamente, quien ha trabajado más la cuestión del padre es Éric Laurent, tiene un artículo sobre Lacan y los discursos donde dice: este mito de un padre gozador de todas las mujeres sobrevive en la religión, si la histeria lo inventó o participó en su mantenimiento es porque el sujeto histérico quiere un amo, quiere un amo para operar, para incidir, para alojar en él su síntoma, se puede decir, el padre, mito histérico. Como Lacan pudo decir que Don Juan es un mito femenino, porque sería aquel que puede gozar de todas las mujeres y que por ende puede hacer existir a las mujeres como un todo. Don Juan iría al mismo lugar que el padre, en tanto aquel que puede gozar de todas las mujeres. Ese es un mito femenino, tanto el padre como Don Juan son creaciones de la histérica con Freud. Lacan, por otra parte, en la última clase del Seminario 17 se dirige a los estudiantes del 68 (ustedes recuerdan, fue muy polémico) y les dice: ustedes son los ilotas del régimen, los esclavos del amo, le hacen el juego al amo; es como decirles, ustedes creen en Dios, ustedes sostienen al amo, el régimen se divierte con ustedes.

Así como dice en Televisión que los «psicoalgos» se cargan sobre sus hombres la miseria del mundo, y que un psicoanalista jamás debe cargarse a sus hombros la miseria del mundo. De la misma manera, está diciendo acá a los estudiantes, ustedes le hacen el juego al amo, cargan con la miseria del mundo y el régimen los mira. Dice textualmente Lacan: mirádlos cómo gozan. Entonces los miran gozar, a quien le podía preocupar la huelga de los estudiantes, qué efectos podía tener una huelga de estudiantes sobre el gobierno. Se cerró la cinemateca… Fuí hace poco a conocerla, esto está muy bien contado en la película de Los soñadores, de Bertolucci, que les recomiendo. Digamos, que en ese mirádlos cómo gozan, de alguna manera, es que el goce capitalista, goza que los estudiantes hagan huelga, le viene bien, porque deposita la protesta ahí, y no molesta a nadie. El régimen los exhibe; pero claro ¡cómo iban a entender los estudiantes esto a Lacan!

Pensemos que las dos cosas que han ido contra la religión son el goce capitalista y la ciencia, entonces se han producido nuevos objetos que ya no pueden ser nombrados por ningún Dios, son los gadgets, que no son nombrados por Dios, pertenecen al discurso capitalista. Lo mismo el avance de la ciencia. Tanto la ciencia como el capitalismo, suplantaron la religión. Había una religión en la cuestión del padre en Freud, más allá que lo diga o no lo diga, es una creencia absoluta a en el padre, porque hay padre, hay universal. Pero el capitalismo y la ciencia van a decirnos que no es así. Éric Laurent tiene un precioso artículo, que se llama «Despertar del sueño del padre», publicado en Enlaces número 7, dice: en el régimen de la civilización del Otro que no existe, el neurótico centra su trastorno en sus relaciones con el padre y como dice Freud, el padre es la invención que el neurótico ha dado a la humanidad, él fue quien estableció los trastornos y la fijación de esa función. Y por eso escribió el artículo de Despertar del sueño del padre; porque vivimos en una época que hay que despertar delsueñodel padre. Tiene algo que ver con el sueño del padre ¿no ves que ardo? Todos estamos inmersos en una civilización que los padres no ven, lo que les hablaba de los padres comprensivos, tanto entienden al hijo que no ven de qué arde, no ven el goce del hijo. Esto está renegado, desmentido por la psicología que pretende igual al padre y a la madre y que todos estén a merced del niño amo, su majestad the baby, lo cual no es muy bueno para el niño.

Las dos últimas definiciones del padre en Lacan: una, que ya no define al padre en relación a la madre, sino en relación a una mujer, cuando dice el padre es aquel que puede hacer de una mujer el objeto a causa de su deseo. Aquí estamos en un problema con las uniones del mismo sexo, porque ¿qué quiere decir una mujer? Es complicada. Hay otra: el padre sinthoma. Si pensamos al padre como síntoma, ahí es posible. Toda la enseñanza de Lacan se desplaza del Nombre del Padre a la pluralización de los nombres del padre, y el último paso, no pude hablar del modelo y la excepción, lo voy a decir brevemente. Cada padre realiza el modelo de la excepción paterna de un modo excepcional, es decir, único y singular. Cada hijo tendrá que hacerse cargo de cómo este padre es existente, no es universal. Ese existente que fue su padre pudo realizar la función siendo una excepción al para todos; no la excepción que funda el para todos, la excepción que objeta el para todos. No es lo mismo la excepción de Tótem y tabú que funda el para todos, que la excepción que en tanto uno, en singular, realiza el modelo.

Versiones del padreEl último Lacan está en la lógica de la singularidad del padre; o sea, en la primacía del existente sobre la primacía del universal. Entonces ya no se trata del modelo que valdría para todos, sino cómo cada uno hace excepción al modelo, o cómo cada uno vive esa función paterna y qué hace con eso cada hijo. Nos quedaría para ver, esta contingencia del padre que hace modelo de la excepción, en vez de modelo del universal, si nos puede servir para pensar las uniones del mismo sexo. Ya no se necesita del padre de la realidad. Se trata de un existente que hace excepción, digamos, al modelo ¿por qué hace excepción al modelo? Hace excepción al para todos, realiza de un modo contingente y singular el modelo.

Entonces creo que con lo que he tenido que condensar brevemente en esta conferencia, hemos visto el nombre del padre en singular referido a la operación del lenguaje sobre la clínica freudiana que hace Lacan. Un segundo momento, la pluralización de los nombres del padre, donde ya aparece el goce del padre y no el Deseo de la Madre; ya no el Nombre del Padre como puro significante para barrar el Deseo de la Madre, sino el goce del padre; eso nos conduce de los mitos, – Tótem y Tabú, Edipo y Moisés y el monoteísmo- a la estructura; a pensar la estructura de los cuatro discursos. Del mito a la estructura. Y por último, fuimos del modelo a la excepción.

Pregunta: inaudible

Mónica Torres: Como tengo poco tiempo, voy a tratar de ser lo más didáctica posible. Freud escribe dos artículos sobre las condiciones de la vida erótica en el hombre, de las condiciones de goce o condiciones de amor porque en Freud es la misma palabra. Hay uno, que se llama Sobre la degradación más generalizada de la vida erótica, eso es el universal, está claro. Hay otro que se llama Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre, es particular, no singular. Freud no llegó al singular. Freud llegó al particular y coloca dos particulares: a la prostituta o a la mujer casada, o sea, que la particularidad no está en ese u otro hombre, sino en la elección particular, elige una. No es que quiera una o la otra, una que es la madre de sus hijos y otra con la que goza, como es el caso de la degradación de la vida erótica; se trata de alguien que hizo una elección particular. Freud la particulariza muy bien, no dice que es singular, no dice que cada uno hace esa elección, de modo contingente. Dice que se elige a la mujer casada o a la prostituta en tanto búsqueda del tercero perjudicado, hay una explicación: eso es el particular. El mejor ejemplo de particular, para mí, para dártelo brevemente, es ese texto de Freud Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre. Freud no llega al singular, es Lacan quien arriba al singular.

Por ejemplo, la objeción Aristóteles, «Todos los hombres son mortales, Sócrates es un hombre, Sócrates es mortal». Pero ahí se perdió la singularidad, porque Sócrates no murió porque era un hombre, murió puesto que lo mataron, ya que tocó las leyes de la ciudad. No murió por ser hombre, y todos los hombres mueren. Murió asesinado, y cada uno muere de un modo singular. No sé si esto te ayuda a diferenciar el particular del singular.

Piensen que estoy poniendo de un lado, la función el padre muerto como necesidad del para todos; y del otro, el existente, el padre vivo y la contingencia. La última enseñanza de Lacan habla del existente, del padre vivo y de la contingencia a partir de RSI.

Fecha: 15/06/2012
Modalidad: Presencial
Lugar: Facultad de Psicología  UNAM

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Psicoanálisis, sujeto y neuro-ciencias

Psicoanálisis, sujeto y neuro-ciencias

Miquel Bassols

Viviana Berger: En principio, en nombre de la Nel-México le damos la más cordial bienvenida a nuestro invitado de Barcelona, de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, Miquel Bassols. Estamos muy contentos con su visita y muy agradecidos de que haya hecho un espacio en su agenda, para atravesar el Atlántico y estar hoy con nosotros.

Vamos a compartir, entonces, varias actividades.

En el día de hoy en la tarde, el Encuentro de Biblioteca, a las 19.30 hs. aquí mismo, en la Alianza Francesa, en el que Miquel Bassols nos va a presentar el libro Sutilezas Analíticas, del curso dictado por Jacques-Alain Miller y editado recientemente por la editorial Paidós.

En el día de mañana, a partir de las 11 hs. tendrá lugar el seminario ¿Cómo finalizan los análisis?; en esta ocasión en el auditorio del Orfeo Catalán, en la Colonia Juárez.

Aprovechamos entonces, para invitar a todos aquellos que todavía no se hayan inscripto a sumarse a este trabajo.

Miquel Bassols es psicoanalista, miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y de l´École de la Cause Freudienne. Docente y coordinador de la sección clínica de Barcelona (Instituto del Campo Freudiano). Ha obtenido el grado de Doctor en el Département de Psychanalyse de la Université de Paris 8. Es autor de múltiples libros como: La psicoanàlisi explicada als mitjans de comunicació (Eolia, Barcelona 1997) – El psicoanálisis explicado a los medios de comunicación -, La interpretación como malentendido (Colección Diva, Buenos Aires 2001), Finales de Análisis (Editorial Pomaire, Caracas 2007), Llull con lacan. El amor, la palabra y la letra en la psicosis (Gredos, Madrid 2010), Lecturas de la página en blanco. La letra y el objeto (Miguel Gómez Ediciones, 2011) y Tu yo no es tuyo. Lo real del psicoanálisis en la ciencia (Tres Haches, 2011).

La conferencia de hoy lleva por título «Psicoanálisis, sujeto y neurociencias», en la que Miquel Bassols nos compartirá en persona, alguna de las ideas que despliega con gran precisión y profundidad en este último texto suyo de reciente publicación que les acabo de mencionar, «Tu yo no es tuyo. Lo real del psicoanálisis en la ciencia» – libro que recomendamos particularmente, no sólo por su contenido sino también por la calidad con que lo transmite, con un estilo muy claro, ameno, y de gran rigor teórico.

Psicoanálisis, sujeto y neuro-cienciasA propósito de esta ilusión de la ciencia de reducir lo humano a los términos de un cerebro, un hombre hecho de conexiones neuronales, el hombre en tanto un sistema cibernético, pensamiento que deja por fuera aquello – justamente – de lo que está hecho el psicoanálisis, el sujeto de la palabra y del goce, recordaba la respuesta que diera Gary Kaspárov cuando se le preguntó acerca del tema del hombre y la máquina.

Gary Kaspárov estuvo hace poco en México para la fiesta de los 100 años de la UNAM, a la que fuera invitado junto con otros tantos grandes maestros del ajedrez, animando un torneo que organizara la universidad para festejar el centenario – entre otras actividades.

En esa ocasión, tuve la oportunidad de asistir a una conferencia en la que habló también acerca de su experiencia de competir contra la máquina. Durante años IBM le ofreció el desafío de competir contra la computadora. Cada año Kaspárov ganaba la partida e IBM usaba esa experiencia para ir perfeccionando la siguiente máquina. Hasta que en mayo de 1997 por primera vez, la computadora – que se llamaba Deep Blue – logró vencerlo. Varios artículos hablaron en su momento de la Imaginación versus el Cálculo. Los expertos habían logrado esta súper máquina a partir de programas ya existentes que fueron perfeccionando vez a vez. Pesaba 600 kilos, tenía 64 microprocesadores que le permitían una memoria gigante y una inmensa potencia de cálculo como para revisar y analizar 200 millones de posiciones por segundo. En una posición determinada, la IBM Deep Blue visualiza todas las estrategias posibles y las posiciones que de ella se derivan hasta un alcance de 24 movidas. En un segundo puede ver 200 millones de jugadas posibles y, por descarte, elige la más adecuada. Ganaba por velocidad.

Algunos comentaban que si Kaspárov hubiera jugado lento su creatividad habría vencido. Es el ajedrecista que destacó por su capacidad creativa y su inventiva.

En la conferencia al evocar esa experiencia, él dijo algo así como que es muy probable que se llegue al punto en que una máquina, internet, etc., tenga todas las respuestas y sepa indicar la mejor alternativa. El punto – él decía – que una máquina no puede y jamás podrá hacer preguntas.

En este sentido, me pareció muy en la línea de ese comentario que hace Miquel Bassols en su libro, en la pág. 80 más precisamente, donde dice: «Diré al pasar que en algún lugar Lacan señala que está dispuesto a considerar la idea de que una máquina piense – lo que ya es toda una apuesta -, pero que no tenemos ninguna constancia de que una máquina sepa algo. De saber, nada de nada».

Entonces, el sujeto, la pregunta, el deseo, el saber – que no es el conocimiento, vale aclarar -irreductibles a un cerebro y un circuito neuronal.

Para explorar estos conceptos, los dejo ahora con Miquel Bassols.

Miquel Bassols: En primer lugar, realmente muy agradecido de esta invitación. Hacía tiempo que habíamos hablado de la posibilidad de encontrarnos aquí con los colegas de la Nel-México, para mí es un gusto haber podido viajar finalmente y estar aquí con ustedes. Por lo tanto, primera cuestión, muchas gracias a la Nel por esta invitación y a ti por esta presentación que viene totalmente a cuento, por supuesto, de lo que voy a intentar desarrollar un poco ante ustedes. Pero también a cuento de lo que vamos a trabajar mañana sobre los finales de análisis, principios y finales de análisis, porque hay que recordar la idea freudiana. Freud empieza un texto suyo sobre este tema diciendo: hay que comparar los finales de análisis y los principios con el juego de ajedrez, se pueden estudiar las aperturas y los finales, luego hay el intermedio que no se sabe muy bien cómo formalizarlo. La referencia al ajedrez, que es una referencia muy freudiana, nos va a ayudar también mañana para el trabajo que haremos durante el seminario.

El dialogo de Kaspárov – diálogo, no, era un monólogo de Kaspárov con Deep Blue, porque en realidad no se puede dialogar con una máquina, cosa que los psicoanalistas debemos saber transmitir siempre, que no se puede dialogar con una máquina. En todo caso hay un monólogo; pero en el trabajo subjetivo de Kaspárov con la máquina de IBM que jugaba ajedrez, que se llamaba Deep Blue (azul profundo), realmente se sacan muchas enseñanzas a propósito de lo que hoy voy a intentar explicar. Empiezo por ahí, porque luego voy a volver para introducir mi esquema. A mí me sorprendió mucho que Lacan dijera que una máquina puede pensar, que está dispuesto a admitir que una máquina puede pensar, pero no que pueda saber; es decir, que un sistema cibernético puede manejar información, incluso que, puede manejar muchísima más información que el cerebro humano, aunque eso no se sabe todavía pues no se sabe qué capacidad tiene el cerebro humano de procesar información si lo entendemos como un sistema informático, como un sistema cibernético. Pero, a lo que Lacan no está dispuesto a ceder ni un palmo es a que alguien diga que una máquina sabe algo, nada, sabe nada, de saber, nada – manejar información no es saber. Google nos da mucha información pero es tonta como un cubo; es decir, no sabe nada, dispone de mucha información que nos puede ser muy útil, pero saber, lo que se llama saber, nada.

En efecto, si Deep Blue finalmente logró ganar a Kaspárov es porque no sabía nada, es porque saber nos complica muchísimo la existencia, nos desadapta muchísimo de la realidad, más de los que suponemos; lo más óptimo para adaptarse a la realidad es tener información, pero no saber demasiado. Cuando uno sabe demasiado empieza a ser peligroso para el sistema, peligroso incluso para el sistema educativo, especialmente para el sistema educativo que reduce el saber a la información, pero sobre todo lo que una máquina no podrá hacer nunca, al menos hasta que tengamos noticia de ello, es gozar y eso todavía nos complica mucho más la vida. Además está la cuestión del saber que no tiene un objeto determinado que, además, nos introduce la duda, la indeterminación, que no llegamos a saber del todo qué sabrá el otro, qué sabrá el otro de mí. Deep Blue no se planteaba ninguna de esas preguntas y por eso ganó finalmente, porque sólo manejaba información sobre aperturas, finales y juegos intermedios y en ese sentido fue mucho más rápido en efecto que Kaspárov.

Es interesante que Kaspárov dijera que, si hubiera podido introducir algo del tiempo de espera, de hacer dudar al otro, de fingir que puedo hacer una jugada que no he hecho todavía, que puedo gozar de eso, que puedo saber algo más de lo que el otro goza. En fin, si pudiera empezar a hacer una pareja, en el sentido fuerte que tenemos en España del uso de la palabra pareja, incluso en el sentido sexual de la palabra; si hubiera podido introducir algo del tiempo del goce y del saber en relación a la máquina, tal vez, tal vez, la hubiera ganado, diríamos. Lo que es seguro que una máquina no puede hacer es dar signos de goce, dar signos de que está gozando.

Hay una película muy clásica, seguro que la mayor parte de ustedes habrán visto, la película de Stanley Kubrick 2001: Odisea en el espacio, donde en un momento determinado el famoso senador Hal, que en realidad tiene sus iniciales una letra anterior cada una de ella a IBM – Hal ya es un código, el nombre mismo de Hal está codificado. Hay un momento muy interesante donde no sabemos si Hal puede llegar a engañar a la tripulación, pero sobre todo, ese es el salto que para Lacan va a ser fundamental: no sabemos si puede llegar a fingir que finge. Luego si puedo comento algo más de esa frase, porque una cosa es fingir; los animales a veces pueden fingir, pueden hacer fintas, pueden mimetizarse con el entorno, pueden hacer camuflaje con el entorno para engañar al otro de alguna manera; esa es una primera dimensión. Lacan dice que para que haya sujeto de la palabra, ese sujeto que ya he escrito en el punto de intersección entre los dos conjuntos de psicoanálisis y neurociencias, ese sujeto tachado del lenguaje que aquí lo puse escrito con una S tachada. Lacan lo escribe para mostrar que es algo más que simplemente el sujeto entendido en su vertiente filosófica, sino que se trata de un sujeto que puede gozar, que puede saber y sobre todo que puede fingir que finge. Todavía no tenemos ninguna máquina, al menos que hayamos llegado a la idea de que pueda hacerlo. Hal, en la ficción de la película de Stanley Kubrick, parece que en algún momento hubiera dado signos de que quisiera hacer algo así, o incluso de que puede llegar a gozar de lo que dice cuando en esa especie de regresión a la infancia empieza a cantar Daisy Daisy, es una secuencia famosa de la película, parece que haya un cierto signo de algún goce, pero nada nos indica que ahí realmente haya un sujeto. Cuando hay un sujeto las cosas se complican mucho, es cierto, el sujeto está profundamente inadaptado a la realidad, por el hecho de hablar, por el hecho de gozar hablando. Y la verdad es que, lo que podemos llamar cultura hoy en día, el sistema simbólico de la cultura y finalmente hay que decir: parece que eso quería decir que era la mejor forma de adaptarse a la realidad y ahora estamos empezando a entender, nosotros, pequeños seres afectados por el habla que tal vez no es así. Que tal vez lo simbólico del lenguaje, como dice Lacan, es algo que carcome lo real de tal manera que puede llegar a hacernos desaparecer de ese real si no vigilamos y todos los indicios de lo que es la civilización contemporánea nos indican eso, nos indican que si adaptarse a la realidad se trata tal vez de ser un sujeto hablante, un sujeto afectado por el inconsciente no sea lo más eficaz.

Que eso vaya para retomar esa referencia de Kaspárov perdiendo ante Deep Blue, pero perdiendo, yo diría, no porque es peor jugador de ajedrez, sino porque es un sujeto hablante, un sujeto que goza, un sujeto que desea y eso nos lleva a una dimensión absolutamente distinta de lo que es el sistema cibernético, el sistema por el cual la psicología cognitiva piensa al sujeto humano – ese es un gran problema. Es un gran debate que debemos saber llevar con las ciencias cognitivas de hoy, para transmitir que el sujeto que habla no puede ser reducido a un sistema cibernético e introduce esa dimensión del sujeto del deseo y el sujeto de la palabra que es el que he escrito en la intersección entre estos dos conjuntos de psicoanálisis y neurociencia. Porque el título que he dado, «Psicoanálisis, sujeto y neuro-ciencias», en realidad pone en serie tres términos que no están en el mismo nivel, diríamos en términos lacanianos, no están en el mismo registro. He puesto neuro guión ciencia, tal vez después pueda decir algo sobre eso…Porque me atrevo a decir, tal vez no sea tan seguro que la neurociencia sea una ciencia con todos los membretes necesarios para decir que algo es una ciencia, que me perdonen incluso los neurocientíficos. Pero hay algunos neurocientíficos que lo dicen también, dicen que en realidad se trata de la bilogía, digo ya algo de entrada sobre eso para que vean que este organismo con el que trata la neurociencia no es nada simple tampoco – se supone que su objeto es el sistema nervioso central, es el cerebro.

A la vez ya, por ejemplo, Antonio Damasio, conocido neurocientífico, lo dice: no es seguro dónde empieza el cerebro, dónde termina el sistema nervioso central y dónde termina el sistema nervioso central y empieza el cuerpo; una cosa no puede ir sin la otra. Nadie ha visto a un cerebro o a un sistema nervioso central funcionar por sí mismo, porque necesita de un andamiaje muy importante. Además, hay que introducir la idea del medio ambiente que hace funcionar todo eso de una determinada manera. Por lo tanto, la unidad, el objeto que toda ciencia debe tener claramente delimitado para constituirse como ciencia, no está tan claro cuál es el objeto de la neurociencia. Pero, sobre todo, el gran problema para el neurocientífico es que se trata fundamentalmente de células nerviosas distinguidas de muchas maneras; pero hay algo que sigue siendo inexplicado y es ¿qué hace que eso sea un ser vivo?, ¿qué es lo que hace que eso esté vivo?

Por ejemplo que, Deep Blue, la máquina, no fuera un organismo vivo sino un conjunto de cableados, qué distingue hoy en día un conjunto de cableados en un sistema informático del sistema nervioso central, en tanto este último está marcado por células que están vivas, cuando digo vivo – y Lacan sabía muy bien que cuando se habla de la vida, se habla de algo que goza – se introduce una dimensión distinta a la que encontramos en una máquina y es esa dimensión del goce, del goce en lo viviente que, cuando está marcado por el lenguaje todavía se complica mucho más. Por lo tanto ¿tenemos neuro-ciencia? – pongo ahí un interrogante.

La biología es una ciencia aunque todavía no ha podido definir del todo qué es la vida, esa cosa aparentemente tan simple ¿qué es lo vivo? Desde la propia biología, con la famosa pregunta que hizo Erwin Schrödinger en los años cuarenta, el famoso físico Erwin Schödinger, en ese texto maravilloso todavía hoy ¿Qué es la vida? Y la biología todavía no ha podido responder a eso, los biólogos serios saben que eso sigue siendo un enigma, que no sabemos qué es lo que hace que algo sea un organismo vivo y por lo tanto la neurociencia en todo caso está bajo el ámbito de la biología. De la biología yo me fío un poco más, de la neurociencia hasta que no me digan exactamente qué es una célula nerviosa, cómo funciona eso, qué la hace viva, para mí debo decir, se acerca más a la religión que a otra cosa. Lo digo directamente incluso para ser polémico en el debate, porque creo que hay que empezar a ser polémicos en ese punto, hasta que no podamos realmente saber qué quiere decir que una célula piensa, cosa tan vaporosa como eso, no sólo que piensa sino que goza; hasta ahí tenemos lo que llamaremos una atribución de saber de sujeto a un organismo del que todavía la neurociencia y la biología no nos han podido decir absolutamente nada. Por supuesto es ahí donde el psicoanálisis puede introducir su interlocución necesaria, muy interesante además cuando se da entre su campo y el de las neurociencias. Pero es un punto de interlocución que sólo puede darse a partir de ese punto de intersección donde se juega la idea del sujeto de la palabra, del lenguaje y del sujeto del goce y donde, en efecto, encontramos ahí dos grandes temas que la neurociencia de hoy está intentando resolver.

Y no hay modo de que avance un palmo en eso y es ¿qué es el lenguaje?, ¿dónde está el lenguaje? andan buscando por todas partes del cerebro y no se encuentra y ¿dónde está eso que se llama conciencia, eso que la psicología desde siempre ha llamado conciencia, eso que las ciencias cognitivas hoy siguen llamando conciencia o cognición a veces también y que el psicoanálisis desde Freud llamó el yo? Finalmente, la conciencia no es todo el sujeto, es una parte del sujeto, es esa parte que se sabe o que se cree consciente de sí mismo y que funciona con una identidad más o menos siempre vacilante. Sabemos que la consistencia del yo es muy vacilante, cuando dormimos desaparece, cuando despertamos medio aparece cuando uno esta con el jet lack – como yo, no les explico cómo estoy, estoy más o menos intermitentemente aquí, intermitentemente en otro lugar. La idea de conciencia es muy vaporosa, pero es muy interesante seguir, lo he hecho, seguir el debate de las neurociencias para localizar esos dos grandes fenómenos fundamentales que son el lenguaje, la palabra y la conciencia. ¿Qué hace que un conjunto más o menos organizado de células finalmente un buen día diga: «soy consciente»?

Tampoco hemos encontrado eso en ninguna máquina todavía, el famoso test de Turing, la famosa caja china de Searle, que yo retomo en el debate, no tenemos idea de que ninguna máquina un buen día se despierte diciendo «soy consciente de mi mismo y me llamo yo», ¡no!. Mafalda sí, Mafalda decía ¿por qué a mí ha tenido que ocurrirme ser yo? lo declaraba profundamente porque es cierto que ser yo, ser consciente en un mundo, nos inadapta muchísimo a la realidad. El problema de Garry Kaspárov frente a Deep Blue es que el era consciente, lo podemos decir así. Cuando hay ese índice subjetivo es lo que empieza a sintomatizar nuestra vida de cuarenta mil maneras, empezamos a preguntarnos: qué soy para el Otro, tengo miedo del deseo del Otro, el Otro me puede devorar, el Otro me puede querer, me puede no querer, me puede abandonar, me puede ser infiel y ahí vas al psicoanalista, no vas a IBM. Vas al psicoanalista, es muy importante en efecto que a partir de ahí se puede formular una demanda de tratamiento y no a partir de tengo un cable que no va.

Psicoanálisis, sujeto y neuro-cienciasHay cierta sugestión, y ahí comienza nuestro tema. Sugestión a partir del cientificismo y no de la ciencia. Hay la sugestión que nos dice, el problema es que tienes un cable que no anda bien, vamos a escanear, vamos a hacer imágenes de resonancias magnéticas, vamos a encontrar exactamente el lugar, ya estamos encontrando dónde el cableado no va bien y podremos manejarlo un buen día, tú no te preocupes, un día vamos a manejar eso y podremos finalmente resolver ese síntoma de tu sufrimiento. Ya se está proponiendo eso con unos rasgos de control social autoritario que, yo diría cada vez más atroces. Es ahí donde ciencia y cientificismo a veces pierden la frontera, a eso llamo yo cientificismo, digamos, a la idea de cierto uso de la ciencia que llegaría a todos los rincones del ser humano para manejar, intentar reparar, intentar prometer un cierto bien bajo la idea de que manejando nuestro sistema nervioso central vamos a conseguir eliminar el malestar subjetivo. Eso que se está imponiendo en determinadas formas académicas de transmisión del saber, eso que llamo cientificismo, no lo llamo yo cientificismo, lo llaman muchos científicos cada vez más. Los científicos están empezando a despertar un poco de ese sueño del objetivismo positivista que entró en un momento en la ciencia y que está produciendo efectos devastadores. Bien, por lo tanto, primera gran distinción, ya he hecho una introducción bastante amplia pero que me parece que da el horizonte de lo que quiero transmitirles hoy.

Primera gran distinción que hay que hacer entre ciencia y cientificismo, les quiero recomendar aquí un libro que de hecho yo no habría podido escribir este libro (Tu Yo no es tuyo. Lo real del psicoanálisis en la ciencia) sin otro libro que está detrás de un científico que he tenido el honor y el gusto de conocer. Un científico que se llama Javier Peteiro, que les recomiendo el libro titulado El autoritarismo científico. Javier Peteiro es un científico gallego, de Galicia; es un personaje, realmente para mí un encuentro inédito; me he encontrado con un científico que piensa, que piensa mucho, ese libro El autoritarismo científico debería ser libro de cabecera por supuesto no sólo de los psicoanalistas que queremos conversar con el campo de la ciencia, sino también de todo científico serio, biólogo o neurocientífico; es un libro excelente sin el cual no habría podido yo realmente escribir este libro. Todo un capítulo de este libro es un diálogo con Javier Peteiro, un diálogo que estaba destinado en principio a ser un diálogo por correo electrónico entre dos personas que se aprecian intelectualmente; pero de ahí surgió un debate muy fructífero y que ahora me parece sumamente necesario. Es muy importante que los psicoanalistas conversemos, dialoguemos con el campo de la ciencia. Por supuesto tienen que ser científicos que tengan cierta idea de qué es el sujeto de la palabra y del lenguaje que Lacan introdujo como fundamental en la experiencia psicoanalítica y que luego regresó con la primera idea sacada de la manga del objetivismo positivista que viene a borrar esa dimensión. Pero incluso en el campo de la neurociencia, me he encontrado estudiando bien la neurociencia actual, me he dado cuenta de que hay una gran división mucho más fuerte de lo que parece. Eric Laurent también se refiere a esa división, siguiendo un poco su orientación, me di cuenta que se podía estudiar muy bien ese mapa, hacer un mapping, diría Antonio Damasio, de las neurociencias actuales y ver que hay una frontera muy fina pero muy interesante entre los que pudiéramos decir que intentan localizar todas las funciones subjetivas en el sistema nervioso central, son reduccionistas a tope; y los no localizacionistas, los que se dan cuenta de que hay algo de la dimensión subjetiva fundamental que no puede localizarse en el sistema nervioso central, que es exterior a él, que actúa como una suerte de parásito al sistema nervioso central y algunos se dan cuenta de que eso es el lenguaje. Que el lenguaje como la dimensión del Otro, que aprendemos con Lacan a situar como el Otro simbólico es una suerte de parásito que parasita el sistema nervioso central modificándolo continuamente, cambiando todo el organismo en un cuerpo. Por eso he puesto organismo del lado de la neurociencia y cuerpo del lado del psicoanálisis, no son lo mismo. El cientificismo oblitera esa diferencia, piensa que todo cuerpo que pueda observar se puede reducir a un organismo; es decir, a un conjunto de elementos reales celulares y, no es así.

De ahí por ejemplo, que podamos leer a veces en los periódicos como una noticia de última hora de la ciencia actual: se ha descubierto el gen de la homosexualidad o se ha descubierto el gen del autismo, verdaderas burradas delirantes. Ningún genetista serio podría aceptar una frase de este orden, pero sobre todo el problema es que eso introduce lo que los genetistas pueden más o menos saber, introduce justamente el borramiento a esa distinción.

Para ser homosexual hay que construirse un cuerpo homosexual, no basta con un organismo, como también para ser heterosexual por otra parte. Lo que descubrió Freud muy pronto, Freud dijo que es tan complicado constituirse heterosexual o constituirse como homosexual, hay que hacer un rodeo enorme, nada en lo real del organismo determina eso, mucho menos un gen, concepto por otra parte de lo más complejo y difícil de situar. No voy a entrar en eso porque nos llevaría todo un seminario, definir y seguir las diversas definiciones que se han dado de gen desde el inicio hasta la actualidad. Pero lo que sí es seguro que no existe, ningún genetista estaría dispuesto a sostener eso, es un gen de, no hay un gen del autismo, no hay un gen de la homosexualidad como tampoco hay un gen del pelo rubio. Hay un montón de cosas entre genotipo y fenotipo, hay un montón de agujeros negros, para tomar una figura de la astronomía actual, que introducen cantidad de discontinuidades en una línea causal que nunca funciona directamente, sino que funciona más bien, como Freud descubrió, con una serie de retroacciones continuas, con una serie de líneas intermedias que nunca dan una relación causal de a a b en una línea directa. Para construirse un cuerpo hay que pasar por una serie de avatares enormes. Hay sujetos que no pueden construirse un cuerpo, por ejemplo, los niños autistas que sufren de eso, de no poder construirse un cuerpo de no poderlo localizar en el espacio tridimensional, eso no tiene una causalidad genética, puede haber predisposiciones genéticas no lo dudamos; pero el andamiaje causal que finalmente produce un sujeto autista no puede entenderse sin ese parásito del lenguaje, del que el autista por otra parte, está dando da testimonio continuamente.

Bien, primera cuestión entonces, distinguir ciencia de cientificismo, voy a decirlo un poco castizamente, no todo lo que se nos vende bajo el modo de ciencia es tal. Yo acuñé incluso un término, el de amarillismo científico, no sé si aquí en México se habla de la prensa amarilla, la prensa de primera página y es lo que desgraciadamente muchos científicos han llegado a creerse: que la ciencia es una especie de promesa absoluta de saber que, en momentos, se puede producir de una manera tan drástica y determinista, como se nos propone. Actualmente es cierto, este cientificismo se apoyaría en dos lugares fundamentalmente donde supuestamente estaría escrito el libro de la vida, una es gen, genoma humano, donde en efecto se ha llegado a avanzar muchísimo, pero donde cada vez que se da un paso más, se descubren cuarenta mil preguntas nuevas que están por resolver. Cualquier buen biólogo, siempre cito a Denis Noble, que es un buen genetista y biólogo, con el que justamente se puede dialogar, ya lo hemos hecho en muchos campos, excelente genetista que tiene muy claro que no hay una relación determinista desde gen a fenotipo; de gen a sujeto sino que hay un montón de retroacciones y que en efecto conviene estudiar los sistemas del genoma, lo que el sujeto humano recibe de su genoma como una multiplicidad de retroacciones de determinación en los que el ambiente juega muchísimo y donde (ese es un gran debate también que el psicoanálisis puede ir llevando a cabo con la ciencia actual) no está claro dónde empieza el individuo y dónde empieza el ambiente. La idea de individuo que puede parecernos tan obvia, que es consustancial a la idea de conciencia, a la idea de yo, en realidad la ciencia actual ha roto esa unidad del individuo por todas partes, no hay individuo, no se sabe dónde está el individuo. El individuo es una célula, el núcleo de la célula ¿dónde empieza el ambiente?, el ambiente empieza fuera de mi piel o el ambiente empieza ya en ese interior que son partes de mis órganos que están ya en contacto con el ambiente y modificándose continuamente.

La verdadera ciencia se hace estas preguntas, no parten de la idea de un individuo ya constituido funcionando como tal con una identidad; en absoluto podemos partir de un presupuesto tal, ahí puedo citar ya a uno de los neurocientíficos con los que estamos trabajando más en diálogo, desde que nuestro colega Françoise Anserment de Ginebra, psicoanalista miembro de la AMP, está llevando a cabo un trabajo muy interesante con Pierre Magistretti, que es un neurocientífico de cierta importancia. Trabajo que forma parte de un proyecto, que es el proyecto de intentar hacer una especie de clon del cerebro humano a partir de sistemas cibernéticos y fue Magistretti quien se dio cuenta muy pronto de que la diferencia entre un sistema cibernético y algo vivo es algo muy complicado. Pero precisamente lo que introduce Pierre Magistretti en su diálogo con nuestro colega Françoise Anserment (he podido en diversas ocasiones conversar con ellos es un diálogo muy interesante), ellos parten de la idea de que el sistema nervioso central es algo totalmente maleable, parten de una concepción que las neurociencias actuales han introducido que es la idea de plasticidad neuronal, que es muy interesante.

La idea de que las neuronas, el sistema nervioso central están en todo el cuerpo finalmente; pero sobre todo que el cerebro es un aparato plástico, es un aparato que se está modificando continuamente, no hay ningún estado cerebral idéntico al anterior en millonésimas partes de segundo. El libro de Pierre Magistretti y Françoise Anserment que también les recomiendo A cada uno su cerebro, no sólo indica que cada uno tiene un cerebro distinto; por lo tanto va a reaccionar de manera distinta a cualquier estímulo, al lenguaje mismo, sino que el cerebro de cada uno es distinto cada día; es decir, me levanto cada día con un cerebro que se está automodificando continuamente, que se está autorecombinando, auto recalculando, si queréis llamarlo así, cada día. Que, por lo tanto, no es un objeto fijo como podría ser un objeto cibernético, aunque éste también puede modificarse, cuidado. Hay objetos cibernéticos y hay ordenadores que pueden irse modificando, pero el hardware permanece. Mientras que el cerebro no, el cerebro es un organismo vivo que se va modificando continuamente y ahí la idea de plasticidad neuronal que Pierre Magistretti y Françoise Anserment introducen y que nos llevan a cuestiones muy interesantes. La primera de las cuales es que el mayor agente de modificación del cerebro, entendido como un órgano, es el lenguaje; no tanto la percepción de la realidad, no tanto los estímulos exteriores, sino el lenguaje.

Cuando hablamos no tenemos ni idea de lo que hacemos realmente como sabe cualquier buen analizante que se estira en un diván, sabe muy bien que cuando empieza a hablar no sabe exactamente que está diciendo ni que va decir; que es lo mejor que puede ocurrir pues es a partir de ahí que empieza un psicoanálisis. Si uno va con la idea de que sabe todo lo que dice no se analiza nunca; pero precisamente lo que nos indica esta observación de Pierre Magistretti y Françoise Anserment es que el lenguaje, las palabras son el agente que más modifica nuestro cerebro un momento después del otro – así que cuando ustedes salgan de aquí tendrán un cerebro nuevo gracias a todo lo que han escuchado…seguramente. Pero eso para indicarles que vivir como vivimos; existir en un campo del lenguaje como existimos sólo los humanos, nos está modificando cada día, nos está transformado cada día de una manera que ningún estímulo físico podría hacer.

Por lo tanto, es un problema enorme que se abre en el campo de las neurociencias al cual los psicoanalistas somos sensibles, es, en efecto ¿dónde está el lenguaje? Ahí no quería extenderme demasiado sin decir algunas cosas que me parecen importantes; ahí hay un gran debate en el campo de las neurociencias que me parece muy fructífero. Hay los de la vertiente localizacionista que intenta localizar el lenguaje en una zona cerebral; de hecho, eso tiene su orígenes en alguien que podemos apreciar muchísimo como es Noam Chomsky, el lingüista que ahora está trabajando en el campo de las neurociencias con muchos neurocientíficos en EEUU, con algunos problemillas que luego podemos comentar, algunos problemas serios incluso con la ley. Pero, sin duda, es Noam Chomsky quien comenzó con la idea del lenguaje como órgano, la idea de que el lenguaje es un órgano y que, además está ya escrito de alguna manera genéticamente, que de alguna manera hay una gramática profunda, para tomar los términos de Chomsky, que estaría escrita ya sea en las neuronas, ya sea en los genes y que hace que seamos sujetos hablantes.

A Lacan le pareció un delirio, lo digo tal cual, Lacan tuvo un encuentro con Noam Chomsky en el año 65 en Estados Unidos, un diálogo muy interesante y muy divertido por otra parte – parece un diálogo surrealista, absolutamente a Noam Chomsky diciendo: el lenguaje es un órgano que está inscrito en… y Lacan le dice: oiga y a todo eso, yo tengo más bien la idea de que pienso con los pies, usted piensa que piensa con el cerebro, pero qué le dice que no piensa con los pies. Chomsky salió absolutamente confundido de ese diálogo y Lacan lo transmitió diciendo: yo a veces, sí, a veces tengo la idea de que pienso más con la frente cuando me doy topes contra la pared y siento algo que puede ser.

Lacan era irónico, pero ¿qué quería decir con eso? Cuando estamos habitados por el lenguaje, cuando vivimos en el campo del lenguaje, cualquier parte de nuestro cuerpo puede pensar; por eso Lacan decía estoy dispuesto a aceptar que una máquina piensa. Ahora ¿dónde esta el saber inscrito en mi cuerpo? ¡ay! esa es otra pregunta. El saber puede estar inscrito en mi cuerpo, por ejemplo, en un síntoma sin que yo lo sepa, es un saber que me habita. Tal como descubrió Freud escuchando a sujetos histéricos, que los síntoma de conversión estaban inscritos, valga la palabra inscritos en el cuerpo, ya no en el organismo sino en el cuerpo diciendo verdades que el sujeto mismo ignoraba. Yo creo que Chomsky, bueno, Chomsky es Chomsky, es alguien que tiene una gran capacidad de pensamiento más allá de su cerebro y realmente es sensible a ciertas resonancias del psicoanálisis como también lo es Antonio Damasio.

Me he detenido en Antonio Damasio para realizar un lectura atenta de su textos porque también sabe que en algún lugar hay un saber en su cuerpo que no se puede resumir en la información de su sistema cibernético neuronal; lo sabe de alguna manera porque sueña. Y lo sabe porque cuando sueña se da cuenta de que, como la histérica cuando tiene un síntoma, ahí se articula un saber mas allá de su conciencia. Por eso con Antonio Damasio se puede dialogar, se puede dialogar con Magistretti, también se puede dialogar con Chomsky como intentó hacer Lacan, aunque también Lacan se dio cuenta de las limitaciones de ese momento, la idea cognitiva del lenguaje. La idea de que el lenguaje está inscrito como un software ya, que lo traemos de fábrica inscrito en las neuronas o en el gen: es una idea absolutamente delirante, es un delirio científico; lo digo tal cual, es un deliro que Freud tuvo. No lo olvidemos, Freud año de 1895 antes de La interpretación de los sueños, Freud escribe ese texto absolutamente maravilloso que es Proyecto de aun psicología para neurólogos que dejó en el cajón, que fue Lacan sobre todo quien finalmente lo recuperó para leerlo como convenía. En ese texto Freud qué dice finalmente: dice que las relaciones con el lenguaje están inscritas en las neuronas y si leen ese texto ahora puede parecer muy cercano a textos de Christof Koch, a textos de Antonio Damasio, a textos de las neurociencia actual; realmente está en sintonía. Por eso algunos neurocientíficos actuales lo están releyendo con sorpresa, porque Freud ahí lo que está diciendo es algo de lo que está diciendo la neurociencia actual, por eso esos textos son prefreudianos. Freud decía: pienso que el lenguaje, las cosas escuchadas, las cosas que han marcado mi vida están inscritas en las neuronas de alguna manera; entonces Freud ahí empieza a hacer toda una serie de jeroglíficos muy interesantes, la neurona a y la neurona b se juntan para producir una condensación y producir un síntoma histérico y habla del símbolo a que está inscrito en la neurona a y que se desplaza y que luego se condensa. Freud, sin saberlo, en ese momento está descubriendo los procesos primarios del inconsciente, pero pensaba que el soporte de todo este asunto era un soporte neuronal, que todo eso estaba inscrito de alguna manera en las neuronas y un buen día le dice a Fliess, su colega, su otro de los balbuceos en el campo de la ciencia: no sé cómo he podido endilgarte ese delirio, todo eso no puede estar inscrito en las neuronas ¡cuidado! Eso lo está diciendo alguien como Giulio Tononi y Gerald Edelman, dos neurocientíficos actuales, que están diciendo que el sistema nervioso no da para tanto, no puede ser que todo eso que recuerdo, que todo eso que pienso y que todo lo que es mi vida esté escrito en las neuronas, no da para tanto, es un problema de espacio ya, no cabe todo eso ahí, no cabe. Entonces Antonio Damasio ha intentado construirse un artilugio interesante por el cual no tendría que estar ya todo escrito sino que, habría ciertas formalizaciones internas al aparato del lenguaje que permitirían que todo eso cupiera en el espacio de mi cráneo.

A mí, eso me evoca un personaje literario, me evoca a Funes el memorioso de Borges. Funes – no sé si saben esa ficción borgeana tan bonita, tan atroz y tan siniestra a la vez. Funes era alguien que no podía olvidar nada. Funes era alguien que desde el primer día que nació, empezó a grabar todo en su disco duro, era un sistema cibernético impecable porque no borraba nada, no había la tecla deleite, todo quedaba ahí marcado. Pero cuando digo todo, es todo: digo ese árbol que un día vi en el bosque, digo esa hoja en el minuto uno cincuenta y tres pero también en el minuto uno cincuenta y tres y un segundo, había ido guardando en su cerebro cada detalle de lo que es lo real. Si uno se detiene a pensar eso; deja de pensar y se angustia porque es algo imposible. Pero algo de esa máquina es la que está intentado construir el Blue Brain Proyect y la neurociencia actual; es decir, un aparato cibernético que pudiera recordar, que pudiera tener escrito, inscrito lo real mapeado con algún sistema.

Psicoanálisis, sujeto y neuro-cienciasLa idea de mapping es de Antonio Damasio, entonces un sistema que permitiera reproducir lo real en un sujeto y permitiera después borrarlo por supuesto, y volver a recuperarlo de alguna manera. Ahí, hay un campo, incluso de psicoanalistas, que han intentado introducir todo el conjunto que he escrito ahí separado (neurociencias) de psicoanálisis, introducirlo por entero dentro de la neurociencia. Quien empezó con eso es un tal Max Sorn, pero se han añadido muchos incluso lacanianos; debo decir que piensan que el futuro del psicoanálisis está dentro de la neurociencia porque la neurociencia iría verificando y descubriendo en su observación los conceptos freudianos de represión, las huellas mnémicas, que todo eso se encontrara en un momento o en otro; su transcripción en el aparato de la neurociencia.

Hay ya el neuropsicoanálisis, que funciona desde hace ya algunos años, pero hay colegas incluso de la IPA, que piensan que el futuro del psicoanálisis está dentro de las neurociencia. Incluso el mismo Etchegoyen en su diálogo con Miller quien le dijo: me está siendo infiel con la más… con la del baile que más te ha seducido. Es cierto, ahí el psicoanálisis no sólo desaparece como tal, sino que además es totalmente infiel a sus principios.

Freud partió justamente de la idea de que el inconsciente freudiano no se deja atrapar en una huella inscrita en el sistema nervioso central ni en cualquier lugar que pensemos, en ningún soporte físico. Y ahí voy a introducir algo que forma parte de nuestra doctrina lacaniana desde un principio, pero que no hay que olvidar: que el sujeto que habla está habitado por lo que llamamos significantes y los significantes no son signos, no son simplemente signos. Daré un breve ejemplo muy simple, pero es el que da Lacan, signos por ejemplo, el humo como signo de que hay fuego. El signo tiene una relación unívoca entre lo percibido y el signo que utilizamos para nombrarlo o para significarlo: donde hay humo hay fuego y eso, al menos hasta el momento parece unívoco, casi diríamos de seguro. Un significante no tiene nada que ver con eso, un significante que es lo propio del lenguaje no es una inscripción en la naturaleza, sea el sistema nervioso central, sea incluso un chip o una parte de un disco duro; sino que un significante, voy a decirlo así, es una huella borrada, sólo podemos funcionar como sujetos de la palabra cuando borramos la huellas. Hay un momento en el que Lacan, en un texto de la década de los 60, Subversión del sujeto y dialéctica del deseo, primero hace esa simple distinción con el reino animal. En el reino animal hay signos que están inscritos, dejan huellas y también los animales siguen huellas; pero lo que no se ha visto todavía es que los animales borren sus huellas para engañar o para significar algo a otro. Cuando alguien borra su huella, ahí hay un sujeto seguro. Es el famoso ejemplo que toma Lacan de Robinson Crusoe y la huella del pie de Viernes, el personaje de Robinson Crusoe, que pasa por la playa e incluso en la soledad más absoluta en la que se cree viviendo en esa isla. Un buen día, se le ocurre que alguien puede observarlo y lo mejor será borrar su huella y cuando uno descubre que alguien ha borrado su huella estamos seguros de que ahí hay sujeto del lenguaje, hay sujeto del significante, hay sujeto del goce y del deseo también. Ahí entran en serie todos los conceptos que utilizamos en psicoanálisis. Por lo tanto, y ahí es el gran problema de las neurociencias actuales y que Pierre Magistretti y Françoise Anserment se han dado cuenta de que, el sujeto humano no funciona por inscripciones, por huellas, no es que un acontecimiento haya marcado una huella en mi cerebro, y eso lo haga más o menos traumático y haya que modificarlo; sino que el sujeto humano, el sujeto del placer, el sujeto del goce y del lenguaje funciona por huellas borradas. Eso introduce una discontinuidad radical entre un campo y el otro: el campo del organismo de las neurociencia y el campo del cuerpo y del psicoanálisis. Así, cuando hay una huella borrada, una huella que falta, ahí hay sujeto del lenguaje.

Para que no sea tan enigmático, voy a dar un ejemplo clínico que para mí fue de un de valor inestimable, sabrán ustedes seguramente que en Madrid hubo la explosión de unas bombas terribles en los trenes que produjo una experiencia traumática y brutal en toda la ciudad, en todo el país. Cuando algo ocurre así, realmente tiene el valor de lo que Freud llamó el trauma. Nuestros colegas de Madrid montaron una red que se llamó la red del 11M (del 11 de marzo) para atender a las personas que lo solicitaron; no hicieron de psicólogos que en seguida van a sacar la verdad de lo que ha ocurrido en el acontecimiento, sino se ofrecieron como disponibles para aquellos que quisieran hablar de lo que les hacia sufrir. Muchos recurrieron para hablar de su experiencia traumática, y se encontraron con algo que para mí dio a leer algo de lo que es lo específico del psicoanálisis. Empezaron a escuchar que para cada sujeto lo importante, por supuesto había sido la experiencia brutal traumática del momento en que estalló la bomba; pero lo que quedaba, lo que se repetía, lo que volvía una y otra vez, era algo que no había llegado a ocurrir. Es decir, no pude ayudar a la persona que se estaba desangrando a mi lado porque yo mismo no podía moverme, no pude llegar a salir a tal lugar, no llegué a tomar el tren anterior que me hubiera salvado de esa experiencia traumática… Se dieron cuenta de algo que se dio cuenta Freud muy pronto que, lo traumático es lo que no llegó a ocurrir, lo verdaderamente traumático es lo que no llegó a ocurrir y ahora voy a usar una expresión profundamente lacaniana, lo profundamente traumático es lo que no dejaba de no ocurrir.

Quiero detenerme en esa gramática, porque esa gramática ninguna neurociencia podrá desintegrarla en dopaminas o neurotransmisores. Repito: lo traumático no era lo que ocurrió (que también por supuesto eso puede tener un valor traumático), pero realmente lo que aparecía como la clave de lo que había sido traumático era lo que no cesaba de no ocurrir; retornaba como una pesadilla, pesadillas reales del sujeto que se despertaba ante aquello que no había podido llegar a pasar. Ante aquello que no había podido llegar a simbolizar, que no había podido llegar a realizar; esa forma ha quedado como algo que no cesa de no ocurrir.

A Lacan le costó unos treinta años construirla para decir que lo real es eso, lo real no es lo que percibimos, lo real no es lo que pensamos percibir con nuestros ojos, lo verdaderamente real, y ahí la ciencia está de nuestro lado, es aquello que no cesa de no representarse, es aquello que no cesa de no escribirse en lo que recordamos, percibimos, etcétera. Es aquello que está profundamente borrado, pero que retorna para intentar realizarse en cada uno de nuestros pensamientos, en cada uno de nuestros sueños, en cada uno de nuestros síntomas. Esa categoría de lo real, precisamente por eso titulé el libro Lo real del psicoanálisis en la ciencia, porque ese real lo descubrió Freud con la idea del trauma vinculado a lo sexual. Precisamente es en lo sexual donde se nos hace eso más presente – hablaremos de eso después si quieren en el debate. También en el lenguaje se nos hace eso presente, se nos hace presente en nuestra vida de muchas maneras algo que no cesa de no escribirse.

Lacan dirá que si algo fue su síntoma fue eso, es interesante que Lacan diga eso, que su síntoma había sido su sinthome había sido lo real en la medida que finalmente podía escribir algo de eso que Freud había descubierto pero de otra manera. Ahí estamos en otro real que no es el real que la ciencia piensa escanear con sus imágenes de resonancia magnética, ese real no aparece en ningún escáner, ese real sólo puede abordarse a través de la palabra y del lenguaje, sólo a través de las palabras y el lenguaje las personas del 11M pudieron transmitir algo de esa experiencia traumática; les hubieran hecho cuarenta mil escáneres y eso no hubiera aparecido de ninguna manera.

A todo eso, déjenme hacer una pequeña cuña actual sobre el tema, incluso lo escribí, la ilusión cientificista se suele fundar en la certeza de que hay en el cerebelo una escritura que se da a leer, por ejemplo, en las imágenes coloreadas de las resonancia magnéticas. Eso aparece en las primeras páginas de los periódicos, se ha descubierto ya el lugar donde está el sentimiento religioso, vean los colorines azules y rojos ahí está. Cada día, no sé aquí, pero en El País un día tras otro en la primera página del periódico es un cerebro coloreado, porque es muy fascinante todo eso, forma parte de la fascinación que nos produce todavía el hombre máquina, el hombre reducido a cuestiones, a piezas observables que pueden manejarse. De pequeños todos hemos sido fascinados por Mazinger, por todo tipo de autómatas que hacen aparecer algo del orden de lo humano. La ciencia ha estado fascinada por esto.

Curiosamente, la semana pasada, en el periódico de Barcelona apareció algo, algo que voy a investigar por supuesto, les leo: los neurocientíficos podrían algún día ser capaces de escuchar los monólogos internos constantes que tienen lugar en la mente o escuchar el discurso imaginario de un paciente con derrame cerebral o con incapacidad para hablar, según el equipo de investigadores de la Universidad de California Berkley (EEUU). El trabajo llevado a cabo por los laboratorios de Robert T. Knight en Berkley y Edward F. Chang en la Universidad de California San Francisco ha sido publicado por PLoS Biology, esto es de hace quince días.

¿En qué consiste esto?, los científicos han logrado descifrar la actividad eléctrica en una región del sistema auditivo humano llamada circunvolución temporal superior, es algo que está claramente localizado en el cerebro. Al analizar el patrón de actividad de estas áreas fueron capaces de reconstruir las palabras que los sujetos escuchaban en una conversación normal. El tema tiene su enjundia; es decir, observando los pulsos eléctricos producidos a nivel neuronal se podría reconstruir lo que un sujeto ha escuchado, no sólo eso; sino también lo que está pensando lo cual es más ciencia ficción, más seductora, pero estamos en eso.

Las neurociencias actuales están apuntando a este campo, pero fíjense ustedes, ¿cuál es el fundamento de eso? La siguiente observación se refiere a uno de los investigadores Brian Pasley que habla de lo que es la codificación del habla, es decir, del lenguaje. Aquí lo que está en juego: qué es lo que de la palabra deja una huella en el sistema nervioso. Lo interesante es lo que sigue – todavía no lo he hecho en el artículo original, voy a hacerlo porque como les digo creo que conviene que nos informemos sobre cuáles son las cosas que se van haciendo en estos campos. Pasley probó dos métodos diferentes para adaptar los sonidos hablados al patrón de actividad en los electrodos. Los pacientes oían una sola palabra y Pasley utilizaba dos diferentes modos computacionales para predecir la palabra, basándose en las grabaciones de los electrodos. El mejor de los dos métodos fue capaz de reproducir un sonido bastante cercano a la palabra original. Lo que se pudo hacer fue reproducir un sonido a partir de los impulsos eléctricos detectados en el cerebro es decir ¿qué se pudo reproducir? Se pudo reproducir un significante, lo que llamamos significante como materia, soportada en una materia fónica que incluso se podría traducir en impulsos eléctricos, ¡¿por qué no?! En realidad este aparato ya está inventado. Yo qué estoy haciendo aquí, sino transmitir a través de impulsos eléctricos ciertos significantes que están llegando a ustedes más allá de mi cuerpo y tienen un soporte físico muy concreto mediante las ondas fónicas que están llegando a ustedes. Ondas fónicas que un físico todavía está pensando como están hechas. No es tan simple, como tampoco la materia en juego en este asunto es tan simple. En todo caso admitamos que hay un soporte físico que está funcionando y lo que transmite es eso, significantes, pero no significados; transmite significantes, transmite soportes materiales que pueden estar localizados donde ustedes quieran.

Y ahí me gustaría encontrarles un párrafo de Lacan del año 53, que es muy anticipador respecto a eso para entrar en diálogo con estos colegas neurocientíficos. Si no lo encuentro se los voy a dictar de memoria – porque casi me lo sé de memoria. Lacan está haciendo una conferencia justamente como yo aquí y dice: ¿dónde está el lenguaje? Partamos de la lingüística estructural, el lenguaje está hecho por significantes. Bueno, aquí tienen tres kilos de significantes, significantes, los que quieran, se están transmitiendo aquí en su soporte y dice lacan: por qué tenemos la idea de que los significantes están alojados en nuestro cerebro con la excusa de que como no pueden estar en otro lugar tendrán que estar aquí, pero ¡no!. Resulta que el lenguaje, que es el gran descubrimiento freudiano, que Lacan traduce como el inconsciente está estructurado como un lenguaje; es la idea de que el lenguaje está en todas partes, pero ¿por qué? Ahora diré porqué: el lenguaje es el lugar, el lenguaje mismo es el que hace posible que estemos en un lugar y no sólo que vivamos como un cuerpo sin lugar. Si hay lugar simbólico, si el Otro de la palabra existe es porque el significante introduce esa dimensión del Otro del lenguaje como lugar; eso quiere decir que el lugar no hay que buscarlo necesariamente en el cerebro, por supuesto que también hay aparato del lenguaje en el cerebro. Pero Freud se dio cuenta muy pronto el sprache apparat, el aparato del lenguaje, el aparato psíquico me está rodeando continuamente, estamos habitando, estamos viviendo sumergidos en un campo del lenguaje, y pensar que en el cerebro está todo localizado ahí, como Freud dijo, es un delirio. Porque hace abstracción de todo lo que es exterior. Me interesaba decirles que cada vez más neurocientíficos están diciendo esto mismo.

Hay dos autores Edelman y Tononi El universo de la conciencia, se los recomiendo para estudiar los imapasses a los que llegan, publicado en editorial Ariel, mi memoria externa me sirve; voy a citar casi de memoria los textos. Pero van a ver que Edelman y Tononi, después de un largo estudio sobre la conciencia, cuando llegan a la idea de que la conciencia no puede localizarse en ninguna parte del cerebro, que a todo lo más que el hecho de que yo me represente como consciente para mí mismo es un efecto siempre de una relación con el exterior, con la alteridad. Sin saberlo descubren algo del estadio del espejo lacaniano, que sólo hay constitución del yo a través del exterior de la imagen especular. Al final de su texto llegan a decir que la conciencia seguramente no puede ser objeto científico. La conciencia es un objeto que se hurta como objeto científico, en las condiciones actuales de la ciencia, nos introduce algo que en cada persona – la expresión es de ellos -, es comparable a nada. Es decir, no podemos hacer ningún estudio comparativo de una conciencia en relación a otra. Eso es interesante para nosotros, los psicoanalistas, que siempre estamos hablando de la clínica del uno por uno, del sinthome como lo más singular, como aquello que no se puede comparar con nada. El largo estudio de Edelman y Tononi (son de las década de los 2000), como otros que actualmente se pueden leer y hay algunos que están abundando más en esa idea, terminan precisamente diciendo que tanto el lenguaje como la conciencia no son localizables en el sistema nervioso; que en realidad estamos sumergidos en ese universo, más que pensar que lo tenemos localizado en nuestro interior. Interior que, por otra parte, siempre es dudoso. No estén muy seguros que tienen un interior corporal tan claro, muchos sujetos saben que su interior no está tan localizado como nos podría hacer pensar una vana psicología del entorno y el medio.

Bien, en efecto, Lacan de los cincuenta había tenido ya claramente esa idea de que el lenguaje es exterior a nosotros; de hecho, estamos en ese exterior y ese Otro, ese Otro del inconsciente estructurado como un lenguaje por eso es Otro, no es uno. Por eso, está como una alteridad radical a cualquier idea de individualidad que podamos tener y que, es fundamental entonces estudiar los modos simbólicos del lenguaje. Este mismo artículo que les decía, un articulo semejante, una constatación interesante era la de que las mismas áreas cerebrales se disparaban, como dicen ahora, las mismas neuronas se disparaban y se iluminaban cuando yo me quemo con la taza de café o cuando mi pareja me dice que me ha sido infiel. Es interesante eso, es decir, que las dos pueden producir el mismo efecto en lo real. Entonces los neurocientíficos dicen que tenemos que empezar a tener la idea metafórica de daño; es decir, que el daño no es sólo físico sino que el daño que me puede producir una palabra es tan real para el sistema nervioso central como el quemarse con una taza de café. Por lo tanto, hay que empezar a entender por qué vivimos en un mundo metafórico del lenguaje, en efecto, eso es el Lacan de los años cincuenta.

Empecemos por ahí, comencemos a estudiar seriamente lo que es el lenguaje como sistema simbólico, empecemos a estudiar lo que aquí en el libro, retomando una expresión de Jacques Alain Miller llamó las logociencias. A las neurociencias debemos articular hoy como un estudio fundamental las logociencias; es decir, las ciencias del logos, las ciencias del lenguaje, lo que desde los griegos había de llamarse logos y que no es, sino ese mundo del lenguaje en el que estamos sumergidos, que determina incluso cómo observamos y cómo conseguimos nuestro propio organismo.

Y ahí vuelvo a repetir una cita, para concluir ahora sí, que está como exordio en ese libro de Javier Peteiro que les evocaba, es de un poeta – siempre los poetas nos llevan en estos asuntos la delantera, que un poco tú, Viviana, has evocado también en tu introducción y me parece siempre una buena guía para orientarse en este mundo de vínculo de psicoanálisis y neurociencias cuánto saber hemos perdido en conocimiento cuánto conocimiento hemos perdido en información.

Si reducimos el saber a conocimiento cognitivo y el conocimiento a su vez a un asunto de mera información inscrita en un disco duro, perdemos lo más inherente al ser humano que Freud descubrió como el saber inconsciente. Concluyo aquí y espero sus preguntas y sus observaciones.

Fecha: 10/02/2012
Modalidad: Presencial
Lugar: Alianza Francesa de San Angel

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Comer: la enfermedad del siglo

Comer: la enfermedad del siglo

Patrick Monribot

Viviana Berger: Inauguramos, entonces, con esta conferencia el ciclo de actividades que nuestro invitado proveniente de Francia, específicamente de la ciudad de Burdeos, Patrick Montribot, desarrollará en el seno de nuestra delegación – la NEL-México.

Como les decía, es un ciclo de actividades que está conformado por esta conferencia primera; luego le sigue por la tarde, a las 18.30 hs, en este mismo salón, el Encuentro de Biblioteca, que en este caso va a ser muy especial, por lo novedoso y vanguardista de la presentación que tendremos. Pues Patrick hará la presentación de un libro muy particular, que es el libro Vida de Lacan, de Jacques Alain Miller, que acaba de ser editado en Francia en septiembre – pero del que también ya tenemos la versión en español – y es, podemos decir, una de las «perlitas» del huracán del «septiembre lacaniano» francés – pero que también ha tenido sus repercusiones en el mundo, a propósito de cumplirse los 30 años del fallecimiento de Jacques Lacan. Ya conversaremos en detalle sobre todos estos aspectos en la tarde y seguramente, Patrick sabrá transmitirnos su vivencia in situ de todo esto, a más de su puntuación, claro está, sobre el texto.

El trabajo continúa el día de mañana, con un Seminario, en el cual PM abordará y trabajará en detalle un tema fundamental de la clínica psicoanalítica y el diagnóstico diferencial, que es La neurosis obsesiva – actividad que se llevará a cabo en el auditorio de la Casa Refugio Citlaltepetl, en la Condesa.

Patrick Montribot es médico psiquiatra, psicoanalista en Burdeos (Francia). Es miembro de l’École de la Cause Freudienne (ECF), de la New Lacanian School (NLS) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Fue AE de la ECF desde 1999 hasta 2002. Miembro del consejo de la ECF entre 2002 y 2004. Y autor de múltiples artículos difundidos en diferentes medios, de diferentes lenguas.

Nos va a hablar entonces, en la conferencia de hoy sobre: «Comer, la enfermedad del siglo».

El título me produjo un «choque» bastante fuerte – pues presenta el COMER como una ENFERMEDAD.

A propósito de lo que les comentaba, del septiembre lacaniano estuve en Francia recientemente para vivir de cerca algo de esos eventos y participar de las Jornadas de la Escuela de la Causa Freudiana – donde por cierto, tuve la oportunidad de conocer entonces, a Patrick, antes de su llegada a México. Y debo decirles que una de las cosas que me llamó muchísimo la atención, más que otras veces – y fuera de lo vivido profesionalmente -, una de las cosas que más me llamó la atención, ya más del orden de eso que uno vive como extranjero -, y que me encontré repitiendo muchas veces en mis relatos respecto del viaje, fue la pasión, el gusto, podría decir, el deleite francés con la comida. No sólo en lo exquisito, en lo gourmet del paladar, y de los manjares que se comen en los bistrots, en los locales de comida, en la forma en que presentan cada cosa, como si fueran «joyerías, las chocolaterías, etc. Sino que además, del paladar, hay un gusto también en el hablar de la comida, de las recetas, de las combinaciones de los elementos, los sazonados, los vinos que acompañan los platos, etc.

Entonces, me pregunto, ¿cómo es que eso que es, sin duda, un deleite oral, que pasa por degustar el objeto y por hablar del objeto, se transforma en una enfermedad?

Patrick propone en su título, un enfoque de todo esto en relación al siglo. O sea que habría algo del nuevo orden simbólico del siglo XXI (que será el tema del próximo congreso de la AMP, para abril del 2012 en BA) que tiene que ver con este desplazamiento del comer como un placer oral al comer como una patología. Lo cual nos lleva a una reflexión sobre las características del discurso imperante de las tecnociencias y las consecuencias del desfallecimiento del Otro como lugar de la palabra, en su dimensión de lo simbólico, a nivel del sujeto.

Veremos entonces, cuál es la propuesta del psicoanálisis en tanto respuesta al malestar de la civilización y en tanto «cura» para la anorexia.

 

Comer: la enfermedad del sigloPatrick Monribot: En nuestro siglo, el vínculo social ha cambiado por múltiples razones. De hecho, el « malestar en la cultura » descrito por Freud, ha tomado otra cara, modificando a su vez la clínica « psi ». Dicha clínica trata el malestar que, recordémoslo, no afecta sólamente a la cultura de manera universal, sino que también causa estragos en el corazón de cada sujeto.

Precisemos nuestro propósito: el sujeto, en tanto que sujeto del inconsciente, constituye una respuesta del ser hablante frente a ese estrago. En el fondo, con el sujeto, se trata de una especie de defensa, de autotratamiento subjetivo más o menos bien logrado. En efecto, tener un inconsciente, tener una subjetividad, es ya una defensa frente a lo peor… Excepto que la respuesta es también problemática. El sujeto es a la vez remedio y sufrimiento.

Nuestra sujetividad en tanto que defensa es entonces plástica: varía en función de la época para afrontar las nuevas formas de lo imposible de soportar, para afrontar lo que los analistas llaman lo « real ». He ahí por qué la clínica del sujeto evoluciona con su tiempo. Cuando el malestar cambia, la clínica es a su vez modificada. ¿Cuál es ese cambio? (o ¿En qué consiste este cambio?)

A partir de 1938, el Doctor Lacan observa una decadencia de la « imago paterna ». Dicho de otro modo, la función paterna ya no está en el cenit del orden social. El famoso significante del « Nombre-del-padre » que organizaba la sociedad desde hacía siglos –como lo hizo valer la religión católica –pierde su gran influencia. El orden simbólico ya no es lo que era antes, por ejemplo, entre otras consecuencias, tenemos la decadencia de los Ideales. Esto da el extraño sentimiento de que los valores que formaban nuestro mundo ya no son operativos.

La pertinencia del psicoanálisis
La pertinencia concreta del psicoanálisis de hoy exige comprender el punto siguiente: si la función del ideal cae, el objeto toma la delantera en la escena, principalmente el objeto de consumo. La gran ceremonia de la semana ya no es la misa del domingo sino el supermercado del sábado, e incluso en domingos señalados están abiertas las grandes superficies como «El Corte Inglés» (por lo menos en España).

En particular, el objeto oral siguió esta pendiente hasta tal punto que comer se ha convertido en la expresión de un sufrimiento moderno. En sí, el asunto no es nuevo, pero lo que sí es nuevo es la verdadera epidemia de « trastornos del comportamiento alimentario » que se convierte en un problema agudo de « Salud pública ». Aquí, empleo a propósito una serie de términos bien anclados en el discurso de la modernidad – « trastornos », « comportamiento alimentario », « Salud pública ». Se trata de desglosarlos con el fin de reintroducir una complejidad para que la falsa evidencia de un uso banalizado no termine por ocultar. ¿Qué hay detrás de un « trastorno alimentario » ? ¿No se trata más bien únicamente la dimensión simplista de un error de comportamiento? Y sobre todo, ¿qué consecuencias prácticas tiene eso sobre el tratamiento? ¿Cuál es la incidencia sobre la eficacia? Para ilustrarlo, como siempre en psicoanálisis, tomaremos un caso particular.

Voy a hablarles de una joven anoréxica que después de haber recibido una cierta variedad de asistencia médica poco eficaz, se presentó a un analista. El interés de este caso es el de permitirnos un enfoque crítico –en el sentido noble del término- del tratamiento de los trastornos alimentarios.

La propia denominación –« trastornos alimentarios »- plantea ya el problema del sujeto: no se trata un trastorno alimentario como un abceso dental. Tomar en cuenta al sujeto es esencial en la empresa. Por otro lado, un trastorno como ese no se trata como en medicina –es una constante en psicopatología. ¿A qué llamamos un sujeto ?

El Doctor Lacan le dio un estatuto preciso. No es ni la persona ni el individuo. Es el sujeto del inconsciente, en tanto que una parte de nosotros mismos nos tiende una trampa –y nos la tiende aún más puesto que se nos escapa. Somos víctimas de nuestro inconsciente, y ese « efecto sujeto » complica la cuestión del tratamiento.

Cierto, lo hemos dicho, las manifestaciones subjetivas tratan ya un insoportable –veremos cuál es en este caso preciso-, pero son ellas mismas la causa de un sufrimiento redoblado, lo cual es una buena razón para ir a tocar a la puerta del analista. Se trata de saber hacer con ello, pues el sujeto es ante todo el principio activo del tratamiento esperado. Hay que pasar por el sujeto para curar. Resultado: la terapia no es reductible a una simple rectificación ortopédica de conductas erróneas ni al arreglo cerebral de un flujo molecular estropeado. No estoy hablando de un desprecio, ya que las medicinas son con frecuencia indispensables para ciertos estados, en ciertos momentos, y sabemos utilizarlas cuando es necesario. Pero ello no podría ser suficiente para un resultado durable. La eficacia peremne exige la movilización del sujeto y la resolución de su deseo enigmático.

Ahí está precisamente la dificultad de nuestro trabajo. El sujeto no se atrapa con una astucia técnica enseñada en los libros: primero, el sujeto debe mostrar la «punta de su nariz» en la transferencia, implicación siempre singular, que no se parece a ninguna otra. En segundo lugar, es un asunto de respuesta del practicante. Es un asunto de tacto y de invención siempre renovada –lo que vale para uno no vale para el otro y tampoco valdrá en la sesión siguiente.

De ahí la dificultad de generalizar el acto psicoanalítico, a hacer de él un método. Cada vez se trata de una creación que apunta a despegar el sujeto que sufre de un goce tóxico –en este caso, oral. Comprendemos que ese tipo de intervención, cada vez inédita, sea un problema frente a la exigencia moderna de los protocolos formateados. La cosa es inherente a la esencia misma de nuestra eficacia. Hay reglas en una cura, cierto, pero el acto analítico no puede ser codificado por adelantado como una referencia técnica. Reposa en lo imprevisto, lo inesperado, la invención. En este sentido, es asunto de ética como los filósofos lo saben desde hace tiempo. En cierta forma, podemos decir que la ética del acto descompleta la técnica de la acción. La invención singular no es una aplicación en cadena.

Esto trae una dificultad suplementaria a nuestro campo. Desde el punto de vista empírico, la eficacia debe ser mostrada cada vez. Digo bien « cada vez » : los efectos de una cura deben ser siempre considerados caso por caso. No podemos apoyarnos en la garantía gratificante de las validaciones estadísticas pre establecidas –a causa de las razones que he dicho. Es agotador, comenzando por nosotros, los analistas, ¡pero es así! Nuestra legitimidad es construida sobre el testimonio renovado, uno por uno, sin cesar –y no sobre la validación estadística.

La función del síntoma
En un caso como el que vamos a examinar, ¿cuál es la estrategia apuntada en la cura analítica?

Eso depende evidentemente de la estructura del sujeto. Una histérica que rechaza comer no tiene nada que ver con una persona psicótica no desencadenada que intenta prevenir la explosión de su psicosis mediante una anorexia. Los analistas saben bien que el fenómeno aislado, en tanto que trastorno, no vale nada sin un saber sobre la estructura de donde surge. Muy frecuentemente, ese saber no es dado en un primer momento. Se revela únicamente en una clínica de la palabra, y la mayor parte de las veces, gracias al color de la transferencia. Con frecuencia, observé que el diagnóstico se precisa no antes sino durante el tratamiento. A veces incluso, se esclarece en forma tardía: se hace gracias a pequeños detalles transferenciales.

Una vez establecida esta localización, es esencial apostar sobre la función del síntoma. Si el psicoanálisis no es hoy obsoleto, si responde concretamente al malestar contemporáneo, a una clínica en la que el objeto de goce inmediato reina–lo que es verdad en los trastornos alimentarios-, es porque se apoya en el síntoma. Esto merece una breve explicación antes de los trabajos prácticos.

Es crucial no eliminar demasiado rápido un síntoma, (salvo por supuesto si la vida de la persona está en juego en lo inmediato). ¿Por qué? Porque la dificultad no tardaría en volver a venir bajo la forma de recaída o bajo otra mascara aún mas grave. Primero, es necesario el tiempo para que el trastorno del comportamiento deje de ser considerado como una simple desviación del individuo, para que tome el valor de un síntoma psíquico. Es complicado. El analista debe poder intervenir en el buen momento con el fin de hacer aparecer dicho trastorno por lo que es: una respuesta activa del sujeto frente a un enigma que llama a la elaboración de un saber. Un acontecimiento que implica al sujeto.

Entonces, solamente con esta condición, podemos decir que la anorexia hace síntoma para el sujeto. Dicho de otro modo, a partir de entonces, el sujeto es puesto en juego en lo que le ocurre de otra forma que mediante una simple culpabilidad. Es una etapa crucial pues el síntoma –y no el trastorno de una conducta– es el único material sobre el cual podemos trabajar para tener resultados durables.

A partir de entonces, la etapa siguiente consiste en imponerle cierto metabolismo: pasar del síntoma como disfuncionamiento al síntoma como funcionamiento. Eso, ¿qué quiere decir? El síntoma de la salida de análisis ya no es, por supuesto, el mismo que el de la entrada, ¡felizmente ! Se trata de una formación sintomática diferente, menos costosa en término de dolor… Dicho de otra manera, no es un síntoma en el sentido médico del término. Pero es indispensable que algo perdure de la función sintomática para tratar el goce incurable –aquí, para tratar el objeto irreductible de la pulsión oral. Pues bien, para ello es necesario el tiempo de una cura. Se trata de obtener a modo de conclusión un nuevo síntoma que no sea una cruz a cargar como un Calvario, pero que sea un motor para avanzar en la vida.

Guardemos esto en mente : la función curativa del síntoma transformado hace de él una necesidad de estructura. Orienta la práctica analítica moderna que no es exactamente igual que la de los tiempos de Freud. En el fondo, el síntoma no es únicamente un parásito a erradicar cueste lo que cueste! Puede a veces ser una manera de vivir mejor y de otra forma, por poco que haya sido puesto a trabajar en el análisis.

Por ejemplo: Tomen el caso del niño que se pone en peligro, que sufre de una angustia espantosa, que golpea, que no fija la atención, y que nadie más lo soporta. Después de varios meses de trabajo analítico, un síntoma nuevo aparece, mucho menos soportable para la mamá: se hace pípí en la cama – él que fue muy limpio desde muy temprano. Al mismo tiempo, curiosamente, se pacifica en el vínculo social hasta el punto de no parecer tan loco como se hubiera pensado al principio. Pues bien, ese niño construyó un síntoma enurético, un bricolage que le permite un amarre de sus pulsiones, y la instalación sobre su cuerpo de un lugar de inscripción para su libido en exceso. Es un acontecimiento del cuerpo donde se condensa el goce loco –ese que invadía sus comportamientos.

A pesar de la insistencia maternal (legítima), el analista evitará, por lo menos al principio, reducir cueste lo que cueste ese síntoma que es ya, él solo, un progreso, un hallazgo del niño, un tratamiento del estrago pulsional que lo asediaba. En ese caso, la erradicación demasiado rápida de esta defensa sería una catástrofe. Hay que saber esperar.

He ahí el conjunto de razones por las cuales elegí presentar un caso muy contemporáneo que someto ahora a su reflexión. Por supuesto, propongo desplegar la lógica del caso y mostrar cómo trabaja un analista.

Lo oral
Curiosamente, la hija no vino a ver el analista a causa de la anorexia que alimenta la preocupación familiar, dicha anorexia no hace síntoma para ella en lo absoluto. Viene a consultarme a causa de la crisis de angustia que los medicamentos ansiolíticos no logran reducir, verificando así que el tratamiento de la ansiedad no es el de la angustia.

Las primeras sesiones son por otro lado consagradas a hablar de la angustia, bajo una forma divertida cuando conocemos su problemática anoréxica. Los días de fuerte angustia, comienza las sesiones con un frase invariable, muy utilizada en francés, muy popular, para describir su estado: «Hoy, no estoy en mi plato» –lo cual quiere decir: «hoy no es mi día, o no estoy en mi salsa, (haciendo referencia a la comida, es decir, la salsa que está en el plato). Por casualidad, la expresión francesa hace resonar lo oralidad… Dicho esto, ni una sola palabra sobre su anorexia.

Sin embargo, es cierto que no come casi nada y que ha adelgazado mucho. Incluso ha seguido un curso conductual en el hospital en el que desde entonces ella consintió al viejo negocio clásico – «Tu cepillo de dientes contra un kilo, un permiso para salir a cambio de una comida completa, etc.» El problema del contrato es que solicita en el sujeto una instancia feroz, el superyó, del cual conocemos el pronóstico: un kilo ganado hoy, dos perdidos mañana de ¡manera segura!

El panorama es el siguiente. Ella es hija de carnicero, hermana de un fiambrero, su madre vende pan, y ella es anoréxica. Pero no es un síntoma para ella.

Más bien, se queja de estar dispersa en sus elecciones de vida: es también una razón para venir a verme. Se encuentra en una errancia en el plano afectivo y profesional. Estudiante en sociología, no encuentra allí lo que quiere. Un día, después de varios meses de cura, aprueba el examen escrito. Falta sólo pasar la prueba oral para ser admitida. Algunas horas antes de la hora fatídica, pide verme con urgencia, la recibo pues una angustia importante transpira en su voz. En efecto muy angustiada, no puede decir casi nada en el curso de esta entrevista improvisada, sino solo una frase repetida a propósito del examen. Ella repite «El oral me angustia!». A lo cual yo respondo: «Muy bien! Eso está bien dicho, es suficiente hoy…» Fue una sesión corta.

La interpretación es simple: subraya la calidad de su «bien decir» bajo la forma de un equívoco aparecido en sus propósitos. En efecto, una dualidad emerge en su corta frase entre inquietud y angustia: el examen oral la preocupa excesivamente, lo cual debe sin duda situarse en el rango del trastorno ansioso, pero acaso ¿no está, primero que todo y desde siempre, angustiada por lo oral, en el sentido de la pulsión oral? «Lo oral me angustia»…

Esta interpretación minimalista es válida en psicoanálisis pues introduce un corte semántico. Pone en valor otra cosa que lo que el sujeto quiso decir. Es muy distinto que decirle, por ejemplo : «Pero no, querida amiga, todo va a salir bien, el examen no es tan terrible, usted estudió mucho. Repita entonces veinte veces: «lo voy a lograr, lo voy a lograr…» – lo que sería la solución conductual del asunto. Aquí, no se trata de eso.

Justo al salir, parece más tranquila, podríamos haberlo dejado allí. Sin embargo, me viene la idea de querer darle ánimos. Cedo entonces a una tentación caritativa que sin embargo denuncio cada vez que puedo… Estrechándole calurosamente la mano -y este gesto es importante para lo que seguirá -, la invito a defender sus intereses universitarios, dirigiéndole una frase de apoyo, bajo la forma de una expresión popular muy utilizada en francés: «Pues bien, digo, ánimo! Defienda bien su bisteak!» («Defender su bisteak», es una expresión muy usual….) Evidentemente, es una frase particular cuando sabemos que ella no come y que su padre es comerciante de bisteak. Su respuesta fue inmediata y pertinente: «Eso es el colmo para una hija de carnicero!» Finalmente, metió al padre en el asunto.

Esta intervención ¿vale como interpretación? En el momento, la consideré como un error, un resbalón hacia el apoyo psicológico. Sin embargo, las palabras empleadas a pesar mío, tendrán una eficacia incalculable: hacer entrar su anorexia en la escena analítica, después de varios meses de tratamiento.

En psicoanálisis, hay que saber ser paciente. Más exactamente, ella va a poner en la escena de la cura el cuerpo, de diferentes maneras.

En primer lugar, una primera respuesta se presenta de forma muy real. Ella ya no podrá ni querrá estrecharme la mano ni al principio ni al final de la sesión. No sabe por qué – (Recordemos: fue estrechándole la mano que yo le había dado ánimos). Es un rechazo del cuerpo, que ella actúa en el nexo con el analista, allí donde ella no puede hablar claramente de su transferencia negativa. ¿Qué ocurrió?

Comer el bebé
En la sesión siguiente, trae otra respuesta a mi intervención bajo el modo «el inconsciente interpreta», según la fórmula de Jacques Alain Miller, es decir, con una formación del inconsciente. Tuvo un sueño de comida que la intriga, otra forma de traer el cuerpo en la transferencia –mediante el sueño. Está sentada en la mesa con sus padres. Después de haber comido las entradas, su madre le dice: «Ve a buscar el bebé en la nevera». Ella obedece y lo trae en una bandeja. En el momento de cortar como se cortaría un ave, el bebé se lanza sobre ella para comérsela. La angustia la despierta brutalmente y la paciente piensa: «Me mordió». Podemos hablar de una primera asociación a propósito del sueño.

¿Qué nos enseña este sueño?

En efecto el inconsciente interpreta, pues el deseo que sostiene esta formación del inconsciente no es otra cosa que la interpretación del deseo del Otro -aquí del analista- del cual el mensaje («Defienda su bisteak») se le devuelve en el sueño, bajo una forma invertida; como si ella me dijera : «Quieres un bisteak? Muy bien! Es ese también mi deseo! Hago un sueño que no dejaré de traértelo…»

Ella nos enseña que el deseo inconsciente del sujeto analizante está siempre construido a partir del deseo del Otro, verificando el aforismo lacaniano: «El deseo es el deseo del Otro».

Este episodio es también una enseñanza sobre la estructura de la paciente, y más precisamente sobre la lógica histérica. En efecto, si el Otro, el analista, nombra algún deseo soltando un solo significante, – bisteak-, aunque haya sido dicho rápidamente, justo en la puerta, el sujeto histérico lo transforma inmediatamente en demanda por parte del Otro. Ella carga a sus espaldas esta demanda supuesta: hace un sueño. Esto para señalar el poder de sugestión del significante.

Excepto que el bisteak del sueño es un poco particular. Es un bebé regalado al Otro –el Otro bajo todas las formas posibles.

Primero, el Otro parental hambriento, en particular la madre que reclama su plato favorito. El bebé es regalado a su glotonería –en el sueño es la madre quien le pide ir a buscarlo.

Luego, es regalado como respuesta al analista quien milita por la defensa del steak: es por ello que este sueño es ante todo un sueño de transferencia.

Sin embargo, su gran ventaja es que deja ver la posición subjetiva del analizante: el «bebé-bisteak» regalado en la transferencia, es ella. ¿Qué es lo que permite afirmar eso?

El final del sueño, en el que «es mordida aquella que creía morder»! El bebé que todos iban a comer se precipita para devorarla, a ella. Es el comedor quien es comido. Recuerden su frase para explicar su malestar cotidiano: «No estoy en mi plato»… Pero que encontramos en el plato, en la bandeja? El «bebé-bisteak» como parte de su ser. Vemos conjugarse eso que Lacan llama la «gramática de la pulsión»: morder, ser mordido, hacerse morder, etc. No hay duda: ella es el bebé prometido a la voracidad del Otro maternal. En el fondo, este sueño denuncia un punto de estrago entre la madre y la hija, y de una cierta forma, ese punto emerge en la transferencia, puesto que, no lo olvidemos, se trata de un sueño de transferencia…

A la pregunta «¿Qué me quiere el Otro?», la respuesta es así doble: hay un lado significante y un lado objeto, con una diferencia entre los dos.

El lado significante puede nombrarse mientras que el lado objeto – «¿Qué objeto soy yo para el Otro?» -, no puede decirse por definición, y escapa al significante.

Del lado significante, el Otro quiere «bisteak», se lo dice en la puerta, él mismo le surte el significante amo -el S1 como dice Lacan.

Del lado objeto –ese que ella es para el Otro-, se propone, como lo muestra su sueño, en tanto que bebé como objeto de consumo, como objeto a minúscula.

Detrás de un significante tomado prestado al analista –bisteak-, ella propone su cuerpo a la glotonería del Otro. Encontramos aquí las dos vertientes del inconsciente subrayados por JA Millar: el inconsciente transferencial, compuesto por los significantes, y el inconsciente real, es decir la pulsion. Así, como lo quiere la estructura, ella responde al enigma del deseo del Otro con un fantasma fundamental inconsciente, del cual nos da una idea: «El Otro quiere comerme…»

Del fantasma a la pulsión
El fantasma dice mucho sobre el vínculo al Otro maternal. En ese caso, el fantasma fundamental puede aparecer porque está articulado a la transferencia –con este sueño que el fantasma inspira. El sujeto aloja allí una parte de su ser y de su goce inconsciente.

Del lado de su ser, es: «Soy un bebé».

Del lado del goce pulsional, se trata de: «devorar – ser devorada».

Pero la totalidad de la actividad pulsional no está capturada dentro del fantasma fundamental. El inconciente real no puede alojarse en el fantasma. El escenario del fantasma no contiene todo su ser de goce, su ser pulsional. Una parte de ella misma permanece así inasimilable en el fantasma.

En efecto, una parte del ser y del goce desborda del cuadro regulador del fantasma. Es una parte no representable en el escenario del sueño, pues es una parte que, por definición, hace un agujero en las representaciones psíquicas, incluso en las del sueño. Ese agujero, es lo que Freud llama el ombligo del sueño y lo que Lacan llama el objeto a. Frente al agujero irreconciliable con el sujeto, la paciente se despierta. El sueño se transforma en pesadilla: se despierta cuando encuentra un real irrepresentable.

Es el contrario del sueño que es el «guardián del dormir» como dice Freud. Lo irrepresentable que la despierta, qué es? Es eso que el sujeto es de más real para el Otro y para el goce del Otro: ella es esa que devoran, reducida al puro objeto de la pulsión. Y cada vez que ustedes están reducidos a un objeto pulsional, es irrepresentable -incluso en un sueño. Es sin embargo ese real que organiza su «causalidad psiquica», que es el núcleo de su vida psíquica, a sus espaldas.*

Todos tenemos un núcleo de real que nos habita y que causa nuestro deseo, que organiza nuestra neurosis. Ahora, ¿cómo vamos a tratar este punto de angustia? pues es, psíquicamente, impensable. Respuesta: no puedo deducirlo mediante mi pensamiento, sino a partir del vínculo con el analista.

Comenzamos entonces a captar la lógica de la angustia y de la anorexia: ella no come nada –o más bien, ella «come nada», como dice Lacan en el Seminario V sobre Las formaciones del inconsciente– puesto que el objeto oral mordido y devorado, es siempre ella. Mejor tragar la «nada» que el objeto oral –pues ella misma es el objeto oral. La «nada», decididamente, ¡es «algo» para ella!

Por otro lado, tuvo un sueño mas reciente en el que perdía sus dientes al mismo tiempo que su madre perdía los de ella. Mas allá de la castración imaginaria, materializada por la perdida de un pedazo de cuerpo, es verdaderamente un sueño de defensa frente a lo real pulsional que la amenaza, frente al «hacerse comer». Si la madre pierde sus dientes, no podrá comerla!

He ahí pues lo que nos enseña este sueño de principio de cura: un fantasma de devoración recubre lo irrepresentable. No hay que confundir su fantasma de devoración puesto en juego en el guión del sueño y su «ser devorado», su ser en tanto que pequeño a, que se manifiesta en el momento preciso de la interrupción del sueño.

Ahora bien, la ficción de un fantasma fundamental no es nunca una casualidad. Freud indica que el sujeto lo elabora a partir de situaciones vividas, vistas, o escuchadas.

No queda más que, en los meandros del camino sinuoso del análisis, encontrar todos esos pedazos de historia que participan en la construcción del fantasma, con el fin de acercarse, más allá del fantasma, al famoso núcleo pulsional de este asunto. Ese núcleo pulsional es el objeto causa que nos interesa en el tratamiento eficaz de esta anorexia y de la angustia.

Lo graso y lo flaco
La continuación de la cura permitió ese trabajo al igual que el aislamiento de las coordenadas significantes e históricas en juego.

Ella fue en el pasado la víctima infeliz del goce del Otro. Siendo niña, se identificó realmente al bisteak, el de la madre. Cuando tenía dos años y medio, hizo un paso en falso que se parece mucho a un acto fallido, se tropieza y se cae en una olla de aceite caliente, yendo así junto a los «patos grasos» que la madre cocinaba.

Una precisión: la escena se sitúa en el Sur Oeste de Francia, en donde hay una tradición del pato engrasado y cebado dos veces por día con un embudo en el fondo de la garganta para fabricar el «foie gras» y el «magret » de pato –una especialidad culinaria de este región.

Ella se hace entonces el «foie gras» de la madre. La hija cebada y cocinada por la madre es un nombre del estrago, aquí en lo real del cuerpo escaldado y quemado. Largas hospitalizaciones, múltiples operaciones, cicatrices indelebles sobre el cuerpo magullado, fueron la marca de este dramático accidente.

Vemos que hay razones para apartarse de lo graso para siempre! Es por otro lado uno de los principios de su anorexia: no asimilar lo graso. Lo graso está eternamente ligado a la madre, a su cocina. La hija tenia dos años y medio…

La diferencia hoy, veinte años después, es que desde entonces ha atravesado los desfiladeros del edipo, es decir, lo que Lacan llamó la metáfora paterna. Resultado: en veinte años, ella pasó del «magret» de pato no sexualizado de la madre -una forma real de objeto pequeño a– al bisteak de carne erotizado, ligado a la figura paterna, a la puesta en juego de la metáfora paterna, con sus efectos de significación fálica –lo que no se podía en época del accidente. Eso, ¿como podemos afirmarlo?

Podemos afirmar un tal desplazamiento a partir de los elementos clínicos y transferenciales que la cura permitió despejar. He aquí los hechos.

Su anorexia comenzó en la adolescencia, cuando el abuelo paterno se divertía pellizcándole el pecho emergente en las comidas de familia del domingo. Desde entonces, su apetito comienza a disminuir.

Las cosas se agravan cuando un chico se atreve a sumergir una mano en su braga: era un primer flirteo. Este chico le gusta mucho, pero después de ese gesto audaz, los ciclos regulares de sus menstruaciones se paran. Desde ahora, ella cesa de flirtear pero su real belleza fascina a los hombres para quienes ella encarna «un falo un poco flaco», como dice Lacan en los Escritos, respecto a la anoréxica. Un falo un poco flaco, es decir un pocomagro. Desde entonces, este encuentro con lo sexual traumático radicaliza su síntoma anoréxico más allá de lo graso. Pescados y carnes magros son, desde entonces, rechazados.

Pero a la inversa de lo graso, lo magro (o lo flaco) está relacionado al padre. En un sueño recurrente, en efecto, lo ve manipular un cuarto de carne, escena vista tantas veces en la carnicería. Y, como ella dice muy bien: «la carne, es algo magro!». Aquí, más que nunca, el gesto intrusivo del novio, la fija a una identificación nociva, correlativa del falo magro, del falo flaco: ella es el pedazo de carne del padre.

Sin embargo, esta identificación con efectos anorexigénicos es ya en si un tratamiento de la angustia, pues calma una posición mucho más difícil de tratar: ser el graso de la madre.

Así, la anorexia es de naturaleza «compuesta» con dos vertientes. Hay una parte sintomática, ligada al padre mediante el significante «magro» (o «falo»), y esta parte es uno de los componentes que intenta tratar al otro componente que hay en el asunto : la parte «estrago» ligada a la madre por el significante «graso» –una parte igualmente en juego en esta anorexia.

Seguimos la evolución. Al odio de lo graso, relacionado con la madre bajo la vertiente del estrago, se agrega un asco de lo magro relacionado al padre abajo la vertiente del síntoma. Y por fin, sabemos que ella misma se vuelve cada vez más magra, más flaca, por identificación al objeto por el cual el padre se apasiona: la carne, de la cual él hace su profesión.

Esta identificación al «falo flaco» sostiene la organización de su deseo inconsciente, con el cual ella juega en la relación de seducción con los hombres – ya que su dimensión de «falo un poco flaco» atrae los varones. Es el revés de su asco alimentario por lo magro.

Lo magro (es decir lo flaco o delgado) es el significante que nombra el deseo del padre: a la vez ella rechaza absorberlo, ese magro, y a la vez no cesa de identificarse a él. La cura trabajó con éxito para deshacer esta identificación mortificante al falo flaco que ella es para el padre.

Resulta: esta «desidentificación» permite actualizar la otra cara de este asunto, más allá de lo sexual y mas delicado de tratar, una cara que se llama: el estrago. Lo que planteo la pregunta: ¿Cómo evitar ser devorado por el Otro materno?

Comprendemos mejor ahora porqué en las sesiones, ella evitaba mi mano, puesta en serie con todas aquellas que codician el bisteak: la mano del abuelo que manosea, la del chico que acaricia, la del padre que amasa la carne, hasta la del analista que quiere salvar el bisteak, estrechándole su mano.

De hecho, a partir de unos acontecimientos transferenciales, esta historia de steak le permitió «deshuesar» los significantes de la metáfora paterna –lo graso y lo magro, lo gordo y lo flaco. Eso le permitió ponerlos en tensión y en oposición, allí donde se atascaba en el estrago maternal, del lado de lo graso.

Por suerte, felizmente que en la puerta, el analista no le dijo, en lugar de «defienda tu bisteak!», otra expresión muy popular en francés, y perfectamente equivalente de un punto de vista semántico: «Defienda tu pedazo gordo!» En castellano, se también se dice: «Defienda tu olla!». No habría sido tan equivalente del punto de vista de su subjetividad! Ella habría tirado la transferencia inmediatamente del lado de la grasa es decir del estrago… Con el riesgo de ruptura que sabemos, antes mismo de que pueda desplegarse la cadena significante. Hay una parte de contingencia en la cura….

Sea como sea, este caso nos enseña que el tratamiento de la angustia no es en lo absoluto el mismo que el del trastorno ansioso. A partir del punto de angustia que condujo a esta paciente hacia el analista, es necesario formalizar y poner en orden un síntoma. Se trata de hacer pasar un trastorno alimentario de la dimensión médica, a la dimensión del síntoma psíquico.

Lo cual viene a ser lo mismo que articularlo a la transferencia con el analista –ocurren muchas cosas con esta joven que rechaza estrecharme la mano! Es también lo mismo que articularlo al fantasma –aquí, a partir de un sueño de transferencia. Es lo mismo que explorar todas las vertientes de la metáfora paterna: ¿en qué el síntoma está ligado al padre? ¿En qué está ligado al estrago «madre-hija» –un estrago que Freud consideraba como estructural? En fin, ¿en qué está ligado al objeto de la pulsión irrepresentable para ella, si no es a partir de escenarios en donde se trata de «hacerse comer»?

Todos estos momentos de la cura no se producen espontáneamente: es necesario un analista y el acto analítico.

El trabajo con el síntoma y sobre el síntoma, es la verdadera llave de la terapéutica de la angustia, ya que ese trabajo toca a lo real del objeto pulsional.

Es una otra postura, y un otro nivel que un protocolo acéfalo de terapia cognitiva! Es sobretodo mucho más eficaz y menos peligroso, en la medida en que el sujeto ha encontrado una solución a sus impases, a sus callejones sin salida -una solución que no consiste en borrar el síntoma, sino en transformarlo. La continuación de la cura fue la demostración de ello: concluiremos en este punto, en forma de epilogo.

Epílogo
En efecto, luego de algunos años, el análisis se acaba en una salida sintomática inédita, ligada a la elección profesional. No se volvió psicoanalista pero ejerce una profesión «psi» cuya vocación es curar y cuidar. En francés ambos –curar y cuidar- se dicen «soigner»; es la misma palabra. Es ahora su síntoma: curar y cuidar a los otros. Con esto, ella forjó una alternativa al rechazo alimentario, incluso si le quedó una delicadeza irreductible con lo graso. Rellenó su errancia.

Sobretodo, anudó una defensa diferente a la angustia, frente a lo real de la pulsión: al «hacerse comer», ella opone un «cuidar a los otros».

Con la lógica de este caso, captamos cómo es difícil reducir esta joven a un perfil estadístico como lo quiere la medicina moderna. Lo que queda «inevaluable» e incomparable en este asunto, es el laberinto de su deseo y la singularidad de su solución. Esta solución es inexportable, no es una receta generalizable a una comunidad sintomática.

Tal es la dura ley del psicoanálisis: la soledad del camino de la salida. Sin embargo, es una terapéutica durable de la angustia por el síntoma –el síntoma entendido aquí no como disfuncionamiento, sino como funcionamiento. ¿De qué síntoma de salida se trata? …De su solución profesional: «Cuidar a los otros», dice ella… No escapó a su perspicacia la ambigüedad del término elegido, para nombrar su solución: cuidar, es alimentar.

«En el campo, dice ella al final de la sesión, cuidábamos los animales de la granja y cebábamos los patos. Durante mucho tiempo, confundí los dos – cuidar y cebar. Pues bien ¡no!, Ahora yo lo sé,… no es en absoluto lo mismo!»

Fue esa, ¿lo creerán ustedes?, nuestra última sesión.
Muchas gracias por su atención.

Notas
* Psiquiatra, Psicoanalista en Burdeos (Francia). Miembro de la École de la Cause Freudienne (ECF), de la New Lacanian School (NLS) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). AE de la ECF desde 1999 hasta 2002. Miembro del consejo de la ECF entre 2002 y 2004. Autor de múltiples artículos difundidos en diferentes medios, de diferentes lenguas.

Fecha: 21/10/2011
Modalidad: Presencial
Lugar: Facultad de Filosofía y Letras UNAM

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Sexualidad de consumo Una lectura desde el psicoanálisis de un síntoma de la época

Sexualidad de consumo Una lectura desde el psicoanálisis de un síntoma de la época

Xavier Esqué

 

Viviana Berger: Inauguramos, entonces, con esta conferencia el ciclo de actividades que nuestro invitado proveniente de España, Xavier Esqué, desarrollará en el seno de nuestra institución – la NEL-México.

En el día de hoy tenemos, luego, por la tarde, a las 18.30 hs, el Encuentro de Biblioteca, en este mismo salón, cuyo tema será la Sexualidad de consumo; y en el día de mañana, tendremos la oportunidad de trabajar en el marco ya de un Seminario, un tema fundamental para la clínica psicoanalítica, que es Acto analítico y práctica de la interpretación – actividad que se llevará a cabo en el auditorio de la Casa Refugio Citlaltepetl, en la Condesa.

Entonces, en primer lugar, les presento a nuestro colega Xavier Esqué, que es psicoanalista proveniente de Barcelona; ha sido reconocido como AME de la ELP (Escuela Lacaniana de Psicoanálisis) – de la cual también fue su presidente -, y de la AMP (Asociación Mundial de Psicoanálisis). También fue AE de la Escuela Una entre los años 2003 y 2006. Asimismo es docente de la Sección Clínica de Barcelona. Es Jefe Clínico del Centro de Salud Mental «9 (Nou) Barris» Sur (Barcelona). Y es autor de múltiples artículos difundidos en diferentes medios, de diferentes lenguas. Entre ellos, está el libro ¿Amar al padre o al sinthome, editado por Grama Ediciones, donde se publicó una Conferencia pública que dio en la NEL-Caracas hace unos años, y el Seminario que dictara oportunamente allí, La función del sinthome.

Menciono en particular este texto, pues es un texto que personalmente yo trabajé en detalle con mis alumnos en uno de los seminarios que di el año pasado, y que me gustó especialmente por la enunciación de su autor, porque en el texto se transmitía un desarrollo teórico pero desde un sujeto, que además presenta un estilo muy llano, pero a la vez sumamente riguroso conceptualmente.

Ahora, aquí, tenemos también a la persona del autor, y la oportunidad de escucharlo en vivo y en directo. Uds. sacarán su propia impresión.

Finalmente, unas palabras en relación al tema y al título de la conferencia. Se llama A MENOS DESEO, MÁS DEPRESIÓN, un planteo curioso porque es una presentación en los términos de un enunciado lógico que articula dos proposiciones, y que dice

que la segunda es consecuencia de la primera. Algo así como que a consecuencia de la disminución del deseo, lo que se incrementa es la depresión. Establece una relación de lógica consecuente, una relación de consecuencia lógica.
Propone a su vez, una cuestión cuantitativa, de medición, de MENOS y de MÁS – e interrelacionadas; baja de un lado / aumenta del otro.

Aparentemente, un título pensado desde la lógica fálica, que contabiliza y compara – y hace cálculos.

No obstante, creo que aquí el término «DESEO» resulta clave para no engañarnos. Lacan dice algo así como que no hay afánisis (es decir, desaparición) del deseo – el deseo siempre tiene origen en el sujeto. Lo que está en afánisis es el sujeto, que es justamente, lo que está amenazado de desaparición en el discurso contemporáneo y con lo que el psicoanálisis trabaja.

Cito en la presentación que nos hace de la conferencia Xavier Esqué: «Tanta presencia (del objeto) parece extraviar al sujeto moderno, quedando a la deriva del imperativo superyoico que exige más y más satisfacción, sin tener el espacio ni el tiempo necesario para vivir la falta y el deseo».

– Veremos pues, qué nos dice Xavier Esqué respecto del deseo y la época, y sus consecuencias para el sujeto. En mi caso, personalmente, me lleva a reflexionar muy seriamente respecto del compromiso aun mayor para los psicoanalistas en este contexto. En el que el discurso psicoanalítico (como en algún momento se dijo, en tanto la «religión del deseo») adquiere una relevancia que ahora sí es de vital importancia para, en primera instancia, salvaguardar al sujeto del yugo del discurso del consumo; y luego, un paso más allá, quizás más ambiciosamente, para que el sujeto pueda conducirse y vivir su vida en función del único punto, donde puede atarse a un destino singular.

 

Xavier EsquéXavier Esqué: El tema que abordaremos hoy gira en torno a lo que el psicoanálisis puede decir sobre el amor, el deseo y el goce, tres registros que animan nuestra existencia de seres hablantes. Entonces, ¿cómo vivimos el amor, el deseo y el goce en nuestro tiempo?, ¿de qué forma incide la civilización sobre los vínculos amorosos y las prácticas sexuales? Con ello trataremos de ver también qué es lo que no cambia, qué es lo que más allá de la época permanece, incluso insiste de forma invariable.

La sexualidad es para el ser hablante su parte más opaca y patógena, es por ello que la cultura siempre ha tratado de encuadrarla, de domeñarla. A lo largo de la historia, la sexualidad ha experimentado múltiples cambios según la época, el lugar, las creencias religiosas y morales. Freud y el psicoanálisis marcaron un antes y un después de la concepción de la sexualidad en el mundo, demostrando la influencia que ésta ejercía en la economía libidinal del sujeto. Por otra parte, con el psicoanálisis la sexualidad y la moral se separaron sustancialmente.

El título, como habrán podido observar, juega con un sintagma que se utilizó en los años 60 para expresar lo que inauguraba una nueva época de la civilización que, entonces, denominábamos «sociedad de consumo». Hay que decir que, en estos momentos, este sintagma se ha quedado corto, incluso tiene algo de naif, es un poco ingenuo¿Por qué lo digo? porque ahora la cosa es bastante más fuerte, más dura. Ahora podemos decir con más propiedad no solo «sociedad de consumo» sino «vidas de consumo».

En efecto, el Dr. Jacques Lacan anticipó ya, hace más de 40 años, que entrábamos en una época en la que el objeto, el objeto pequeño a, asciende a lo más alto del cénit social. ¿De qué manera entenderlo? Se trata de ver, en cada momento, como las transformaciones de una época vienen dadas por un cambio de orientación en lo que la gobierna. De este modo, hemos pasado de una época gobernada por lo simbólico, por el Nombre del Padre, a una época, la actual, regida por el goce. Gobernada por el imperativo de goce, un imperativo superyoico que empuja al sujeto a gozar siempre al máximo.

Por otra parte, y en este mismo sentido, el espacio de lo privado y de lo íntimo ha sufrido una importante transformación. En primer lugar, haciéndose público, es decir, saliendo a la luz y después transformándose en mercancía preparada para el consumo. Con ello se ha consolidado también un nuevo imperativo, el de la transparencia, todo se puede decir y mostrar, de este modo lo que se obtiene es la pérdida de la vergüenza del sujeto. Como muestra significativa de ello no hay más que ver determinados programas de las cadenas televisivas o los escándalos crecientes, sacados a la luz, de las vidas privadas de los políticos y demás personajes públicos. Hay que saber, entonces, que todas estas transformaciones tienen importantes consecuencias en la civilización, en la cultura, y también en nuestra subjetividad.

Otro signo de nuestro tiempo es la falta de enganche entre las palabras y las cosas. Entre lo dicho y lo hecho cada vez hay mayor distancia. Una impresión se va generalizando: la impostura se dispone a regir el mundo.

El neo-capitalismo liberal y la ideología de mercado avanzan de un modo nunca visto. El consumo se impone por encima de cualquier otro valor e ideal. En efecto, correlativamente al declive del Nombre del Padre el objeto ha ascendido al cénit social. El objeto tecnológico se ha convertido en nuestro partenaire, de él nunca nos separamos, salvo para sustituirlo por uno nuevo, más moderno. Todo esto transforma nuestras vidas sin que necesariamente seamos conscientes de ello.

Lo importante de captar es que este nuevo objeto no entra en el registro del don o del intercambio, y por tanto no está vinculado al deseo y a la falta sino que por sus características deviene objeto de goce, objeto de satisfacción inmediata. No hay más que observar cualquier escena de la vida cotidiana, ya sea en la calle, en la terraza de un bar o en un aeropuerto, para ver que la gente vive conectada, cada uno conectado a sus objetos, conectado a sus pantallas: móvil, mp3, ipod, ipad, tableta, ordenador, etc. La relación que cada uno mantenemos con dichos objetos nos convierte en sujetos cada vez más autistas. El sujeto queda solo con su objeto de goce, partenaire inédito que inaugura un nuevo campo de adicciones y dependencias diversas. Más aún, estos nuevos objetos envuelven cada vez más nuestros cuerpos, el cuerpo del sujeto gira alrededor de ellos, convirtiéndose en una suerte de prótesis.

Por otra parte, en esta ascensión del objeto a al cénit social, el cuerpo ha devenido también un objeto más de goce. Los cuerpos se evalúan como puros objetos. Toda una industria médica y cosmética se está desarrollado al respecto. Es esta pregnancia de la imagen del cuerpo, en la época de decadencia de lo simbólico, la que lleva a tratar al cuerpo como un objeto más de goce y de consumo.

La sexualidad que nuestra civilización propone en estos momentos es acorde con todo lo que hemos venido señalando hasta ahora, por tanto, es una sexualidad más bien separada del amor, donde el otro se convierte en un simple acompañante, desechable.

El pensador y sociólogo Z. Bauman ha destacado la fragilidad de los lazos sociales en las sociedades modernas contemporáneas. En efecto, las relaciones entre los seres humanos se caracterizan hoy por su precariedad e incertidumbre constante, las sociedades ya no tienen una forma sólida, sino líquida, cambiante, irreconocible. El sujeto deviene objeto consumible y por tanto desechable, evaluado en función del rendimiento que puede dar de acuerdo al cruel índice «coste-beneficio». Existe una sensación de inestabilidad permanente, asociada a la desaparición de puntos fijos en los que situar la confianza. De este modo se diluye la confianza en uno mismo, en los otros y en la comunidad. La crisis económica actual europea, y mundial, es una buena muestra de ello, todo el mundo económico se queja de la falta de confianza de los mercados.

Desde el psicoanálisis de orientación lacaniana, desde hace ya algunos años, llamamos a esta época, la del Otro que no existe (pueden ver a este respecto el extraordinario Seminario dictado por J.-A. Miller y E. Laurent en París, durante el curso 1996/97, que está publicado por Paidós). Esta falta de creencia en el Otro, este descrédito del Otro, deja un agujero que los nuevos síntomas sociales vienen a colonizar. El discurso sobre la liberalización de la sexualidad es uno de los síntomas sociales que despliega un amplio circuito pulsional de grandísimo alcance.

Decir de entrada que, en efecto, nos encontramos en una sociedad muy permisiva ante la sexualidad, todos podemos observar como «lo sexual», hoy en día, se despliega por doquier, el sexo forma parte de la industria y por tanto del consumo, y se distribuye ya como una mercancía más por todas partes. La sexualidad que durante tanto tiempo perteneció al ámbito de lo privado y de lo secreto, se encuentra ahora en el aparador del mercado. Ya no se trata del intercambio entendido como un don, sino de la satisfacción de consumir al otro como producto. En efecto, la sexualidad, antes velada, se ha convertido ahora en un fenómeno absolutamente publicitario, todos podemos observar como el sexo, hoy en día, es tratado como un anuncio de TV, como un producto más, como una mayonesa cualquiera.

El psiconálisis no se opone a los cambios, tampoco dice que todo esto sea censurable desde el punto de vista moral. Nuestra posición no es moral, es decir, que los psicoanalistas de orientación lacaniana no decimos, ni mucho menos, que haya que volver atrás, aunque tampoco alentamos ni aplaudimos estas transformaciones. No obstante, sí podemos anticipar algo, podemos señalar con claridad que este camino pocos beneficios va a traer. Con el psicoanálisis lo que tenemos es una forma de pensar el malestar en la cultura sin quedarnos capturados, hipnotizados, por los fenómenos contemporáneos de la tecnología, el consumo y el espectáculo. Lacan nos transmitió la manera de encontrar siempre la estructura y reconocer su diferencia con el fenómeno. Desde esta perspectiva se puede ubicar la subjetividad de una época. Se trata, entonces, de sostener una distancia advertida.

Todos estos fenómenos que acabamos de enumerar nos indican, tal como adelantábamos al principio, que las formas contemporáneas de las relaciones entre los sujetos están marcadas por un empuje al goce. ¿Qué queremos decir con empuje al goce? Decimos empuje al goce cuando «lo permitido se convierte en obligatorio», dicho de otro modo, cuando el mercado es el del goce. Como señalaba hace poco, en una entrevista, E. Laurent: El sujeto contemporáneo no puede levantarse por la mañana sin preguntarse a sí mismo como puede hacer para gozar más. En efecto, con la liberación sexual de los años 70 se produjo un cierto alivio del peso de las prohibiciones, pero es que ahora estamos en una suerte de pornografía generalizada.

Entonces, esta es una época en la que casi todo está permitido y facilitado. Existe una legitimación del goce a gran escala que muchas veces entra de lleno en la obscenidad y en la pornografía generalizada.

¿Qué decir desde el psicoanálisis sobre la sexualidad, sobre el amor, el deseo y el goce?

La sexualidad ha sido un tema clásico en el psiconálisis, fue Freud quién destacó la gran importancia que ésta tenía en la subjetividad humana.

Existe una suerte de maldición sobre el sexo debida a que el ser hablante, a diferencia del animal, no sabe arreglárselas con el sexo anatómico. Como señaló Freud, y el genio de Almodóvar ilustra en su último y fantástico film La piel que habito, la anatomía no es el destino.

La sexualidad es un enigma. A pesar de que el sexo se encuentra a la vuelta de cada esquina, a pesar de mostrarse, divulgarse, promoverse como nunca por todos los medios técnicos disponibles, pues bien, el psicoanálisis sostiene que la sexualidad sigue siendo para el ser humano, para el sujeto del deseo inconsciente, un gran enigma. La reducción de la sexualidad a producto, mercancía, conocimiento, la reducción de la sexualidad a lo genital, a lo orgánico, biológico y genético, no consigue borrar la dimensión extremadamente subjetiva y problemática de la sexualidad. Dimensión que, por supuesto, contraría la idea positivista que supone la existencia de un fin armónico y de complementariedad entre los sexos.

En relación al goce, decir que, para el sujeto hablante, como ya decía Freud, la experiencia del placer implica siempre un más allá, se trata del más allá del principio del placer freudiano. En el campo de las adicciones esto se puede captar muy bien, tomen la adicción que quieran, el sujeto nos cuenta como empezó su relación con el objeto como una experiencia placentera, pero también vemos que la cosa no se quedó ahí, sino que en cada una de las adicciones y dependencias podemos observar que hay un más allá. Este más allá es el goce, es la pulsión de muerte.

En relación al deseo, el psicoanálisis constata que no hay sexualidad sin enigma, que no hay deseo sexual si no se mantiene el enigma en el lugar del deseo del Otro. El deseo surge por necesidad, por estructura, de una falta. Es por esta razón que el deseo es incompatible con el todo, sabemos que cuando todo se enseña el deseo no se causa, no se suscita. De ahí la importancia de la función del velo en el deseo (no mostrar todo, no enseñar todo, no decir todo): se trata de preservar la función del falo como significante del deseo, símbolo de una falta.

La falta, que es la causa del deseo, el sujeto la vela mediante el fantasma, la vela con una imagen narcisista, una imagen ideal que captura el deseo pero que siempre es tramposa respecto a la verdad del enigma de la sexualidad. En este sentido, el fantasma engaña.

Por otra parte, la condición del deseo es la ley, la prohibición. Por esto el deseo es transgresión. O sea, que nada que ver con la idea común de que es la ley, la prohibición, la que impide el deseo. No es así. El levantamiento de la prohibición no da un deseo mayor sino todo lo contrario. Nuestra época nos lo muestra, en el tiempo en que se han levantado como nunca las prohibiciones, no se puede decir que andemos sobrados de deseo, ni mucho menos. Lo que vemos en la clínica es mucha apatía, aburrimiento, desinterés, que es la antesala de la angustia o de la mal llamada depresión. Por tanto, deseo y ley son indisociables, son dos caras de la misma moneda.

El psicoanálisis enseña que hay una disyunción entre el deseo, el amor y el goce. La disyunción entre el amor y el goce puede formularse de esta forma: ¿Cómo hacer para gozar de lo que amo? ¿Cómo hacer para amar de lo que gozo? El deseo se coloca entre los dos elementos introduciendo la falta necesaria para que subsista tanto el amor como el goce. Sin esa falta no se puede amar, y entonces el goce se puede volver impotencia. El discurso amoroso es un límite a lo excesivo del goce. El imperativo del superyó: ¡goza! puede ser frenado por el amor. La disyunción lógica entre amor y goce que impide su completa conciliación, hace que no se pueda gozar del todo del objeto amado. Por eso decimos que el discurso amoroso es un límite al goce.

Lacan en el Seminario XX, Aún, escribió las fórmulas de la sexuación para dar cuenta de la posición masculina y femenina frente al goce. Digamos que hay dos modos de satisfacción posibles en función de lógicas distintas. El goce de los sujetos en posición masculina es todo fálico. El goce de los sujetos en posición femenina es no-todo fálico. Tenemos, entonces, el universal por un lado y el no-todo por el otro. Hay que subrayar que la posición masculina y femenina son resultado de una elección y no de una determinación biológica.

La lógica del todo fálico implica un Otro que emite la ley pero que queda excluído del conjunto al que la ley se aplica, es un Otro que ocupa el lugar de la excepción y, por tanto, también de la garantía. De ello resulta un conjunto cerrado y consistente. Por el contrario, la lógica del no-todo fálico, la lógica de la posición femenina, implica una figura distinta del Otro, es un Otro que emite la ley, sí, pero que también está incluido en el conjunto sobre el que la ley se aplica. Esto da un conjunto abierto e inconsistente, que no se puede cerrar. Si con el Otro de la garantía propio de la lógica fálica estamos ante (A), con la lógica de la posición femenina del no-todo fálico estamos ante S (/A).

De esta lógica se deduce el célebre aforismo de Lacan La mujer no existe, las mujeres existen una por una, porque ellas no están del lado del universal. El patrón fálico no alcanza a reducir el heteros femenino, la mujer no se deja definir en el orden simbólico, ella objeta la uniformidad. De ahí que la feminidad sea un enigma fecundo para todos, tanto hombres como mujeres.

Digamos que nuestra época, la del Otro que no existe, está más en consonancia con la lógica de la posición femenina, es decir, que tenemos que vérnoslas con las consecuencias de la inexistencia del Otro. Por esto las condiciones de regulación del goce han cambiado, y también los vínculos de amor. La regulación del goce ya no es asunto del Otro sino del mismo sujeto, éste queda a solas consigo mismo. Por eso decimos que hay una prevalencia del goce que no se dirige al Otro, prevalencia del goce autista y esto repercute en el amor. El amor requiere que el goce pase por el Otro. Por eso Lacan extrayendo las consecuencia de esta encrucijada anticipó el ascenso del objeto a, del objeto de goce, al cénit social.

El psicoanálisis muestra que el enigma del sexo es particular de cada sujeto. No hay resolución estándar de este enigma. Cada sujeto encuentra la lógica de este enigma particular en su fantasma. El fantasma es un escenario construido por el sujeto que le permite fijar un objeto para la pulsión. Lo que el fantasma no alcanza a construir, lo que el fantasma no puede capturar de la pulsión, se convierte en síntoma.

Es preciso señalar que por el lado femenino, debido al estatuto que aquí tiene el amor, hay una gran disponibilidad para adecuarse al fantasma masculino, ello comporta que en la clínica veamos relaciones fuertemente marcadas por el estrago en las que una mujer puede no tener límite en lo que ella está dispuesta a dar a un hombre: su cuerpo, sus bienes, hasta su vida.

El amor, hoy en día, aún cuando parece depreciado se presenta, en realidad, bajo otros semblantes. Es verdad que muchas mujeres reivindican su derecho a gozar de simples encuentros sexuales, al estilo de los hombres, y que hacen de éstos últimos un medio de goce. Ante ello, algunos hombres retroceden. Ya no hay hombres, se dice. Lacan en 1945, en relación al caso Hans, ya lo señalaba, haciendo referencia a la figura del hombre pasivo que espera que la mujer «le baje los pantalones».

Del malestar entre los sexos se habla en las consultas psicoanalíticas. Las mujeres se lamentan de que ya no hay hombres y estos últimos se quejan también de los nuevos comportamientos de las mujeres, de los nuevos semblantes que ellas encarnan y de los síntomas que ellos sufren a partir de este nuevo escenario. Mientras tanto el discurso social, la moda y demás a lo que tienden es a una homogeneización de los goces, tratando de borrar la diferencia entre los sexos, intentando eliminar el enigma de la sexualidad mediante repuestas estándar.

Pero la salida de las mujeres no se encuentra del lado masculino, el anhelo de hacer como un hombre, la identificación imaginaria al hombre, es un impasse, y no es sin sufrimiento, sin síntoma.

Sabemos que una historia de amor sigue siendo un deseo femenino primordial. Y las historias de amor precisan de las palabras, palabras de amor. Las mujeres necesitan ser seducidas por la palabra, porque para ellas el amor está tejido en el goce y es preciso que el hombre les hable, y si es con palabras de amor mejor aún.

Del lado del hombre, el goce está más unido al silencio. El fantasma del hombre opera satisfactoriamente en silencio. Del lado de la mujer, por el contrario, es necesario, que el partenaire le hable. Una mujer precisa ser envuelta con palabras. Para la posición femenina la palabra es necesaria al goce.

El amor tiene que ver con la contingencia, con un encuentro contingente con el fantasma del Otro causa de la elección. Lacan así lo destaca: el amor tiene que ver con la contingencia de un encuentro de dos saberes inconscientes. Sin embargo, en la actualidad, tal como hemos estado viendo, lo que prima por encima de todo es la oferta de goce, un goce absoluto, imperativo y efímero.

Es en este punto que nos orientamos por lo que Lacan señala acerca de lo que la experiencia analítica permite, en efecto, la experiencia psicoanalítica permitiría encontrar un amor más digno. ¿Y qué sería un amor más digno? Es aquel que no rechaza lo que resulta discordante con el narcisismo de uno. Un amor capaz de no ignorar, y por tanto de encarar, el malentendido radical entre los sexos. Un amor que toma en cuenta el saber inconsciente y que, por consiguiente, incluye la falta de proporción sexual. Es decir, que la experiencia analítica no solo no pretende acabar con el enigma de la sexualidad sino que lo mantiene abierto.

Sabemos que hay encuentros, desencuentros y reencuentros en el curso de toda relación amorosa. Ninguna respuesta universal podrá jamás suturar la falta esencial a cada sujeto, la respuesta es singular y se encuentra localizada en su historia, en sus identificaciones, en su posición viril o femenina. Cada sujeto, uno por uno, hará con ese bagaje algo diferente.

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El imperativo de goce, tal como hemos visto, toca a lo real del cuerpo, al cuerpo como un objeto de consumo más. La época nos confronta, entonces, a inéditas formas de degradación de la vida erótica. En este sentido, el psicoanálisis lo que brinda es una vía para tratar de resolver lo que cada uno puede hacer con su cuerpo, sin tener que someterlo a grandes sacrificios, ni a mortificaciones extremas.

Del psicoanálisis se espera, finalmente, hacer llevadero el modo de gozar, siempre singular, de un sujeto, y ello de la manera más placentera y menos alienada posible.

Notas
* Psicoanalista en Barcelona, AME de la ELP (Escuela Lacaniana de Psicoanálisis) y de la AMP (Asociación Mundial de Psicoanálisis), AE (2003-2006). Docente de la Sección Clínica de Barcelona. Psicólogo Clínico. Jefe Clínico del Centro de Salud Mental «9 Barris» Sur (Barcelona). Autor de múltiples artículos difundidos en diferentes medios, de diferentes lenguas.

Fecha: 23/09/2011
Modalidad: Presencial
Lugar: Facultad de Filosofía y Letras UNAM

Categorías
2011 Actividades Internacionales Archivo Conferencias y Mesas redondas

La pareja: satisfacciones y malestares

La pareja: satisfacciones y malestares

Jorge Chamorro

 

Viviana Berger: Inauguramos con esta conferencia la serie de actividades que hemos diseñado a partir de la visita de nuestro invitado internacional Jorge Chamorro – que viene de Argentina. Tenemos la conferencia ahora, al mediodía, el Encuentro de Biblioteca a las 18.30, y el día de mañana un seminario en el seno de nuestra delegación.

Me gustó pensar esta introducción – quizás influida por el trabajo que estoy haciendo en mi seminario -, como algo del orden del «acontecimiento», de la ruptura en el interior de nuestra regularidad.

La Delegación NEL-Mx, sostiene su trabajo regular de escuela, cada día de la semana, en un horario determinado, una actividad: los seminarios regulares, las conferencias, los Encuentros de Biblioteca, el Cine, etc.

Entonces, en el contexto del automatón que conforma nuestra agenda, en el seno de nuestro orden «supuestamente invariable», se inscribe con la llegada de nuestros invitados internacionales, una discontinuidad, un corte.

Así, pues, con la estructura, entonces, del «lapsus» recibimos a los Otros analistas, que vienen de Otros países, de Otras Escuelas Estas visitas-acontecimientos inscriben de alguna manera, un hiato, no sólo en nuestra agenda sino particularmente, en nuestra formación y enseñanza. – Claro que también tenemos otros acontecimientos, por ejemplo, el Encuentro Americano – próximamente, en Río de Janeiro, el Congreso de la AMP – que será en abril 2012 en BA, las jornadas de la NEL en su conjunto.

La experiencia es que estos «acontecimientos» producen efectos, dejan un saldo, – que seguramente podrá ser significado apres coup. Pero que, en principio, y por su misma estructura, podemos decir que tienen un poder – que está de algún modo garantido. Y que es el poder de operar una «separación», de interrumpir nuestro automatón y separarnos por ejemplo, del S1 del «enseñante» que encarnamos en nuestras propuestas, nos previene de alguna manera, en cuanto a ser absorbidos por el S1 del «enseñante», al que podemos quedar identificados.

JA Miller dice en Los usos del lapso, pág. 204: «La enseñanza del psicoanálisis, por supuesto, no escapa a la promoción de S2 en posición de semblante (recordemos, el S2 es el saber), pero me parece que para enseñar válidamente aquello que concierne al psicoanálisis, es necesario enseñarlo en el borde entre S2 y S1″…

Ubica así, una enseñanza en el borde entre S2 y S1, en el borde de la ignorancia. Hay varios recursos, varias posibilidades, para preservar ese borde que, como señala Miller, en cuanto a la transmisión del psicoanálisis es esencial. Recibir nuestros invitados del «afuera», es una forma.

Me toca entonces, a continuación presentarles a Jorge Chamorro. Es Fundador de la primera Escuela Lacaniana en la Argentina junto con Oscar Masotta. Encuentro con el Campo Freudiano en Caracas 1980. Fundador del Simposio del Campo Freudiano. Fundador de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Primer Director de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Partícipe de la fundación de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Fue miembro del Consejo de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Miembro del Consejo Estatutario. Miembro del Comité Cientifico del Instituto Clínico de Buenos Aires. Miembro del Comité Iniciativa del Instituto Oscar Masotta. Cuenta con múltiples publicaciones: Colección Qué Será?, Clinica de las psicosis. Las mujeres…, Ecos entre el psicoanálisis y la literatura.

En fin, esto habla de su trayectoria formal, un tanto quizás anónimamente. Son datos objetivos.

Sin embargo, para las «orejas» más «entrenadas», salta rápidamente a la vista que hay un rasgo esencial que se repite en estas líneas. Fíjense, dice: «fundador» muchas veces. Dice: «primer director». miembro del Consejo de la AMP, del Consejo Estatuario, del Comité Científico, del Comité Iniciativa del Instituto Oscar Masotta.

Con esto, aunque uno no esté demasiado interiorizado respecto de qué son estas instituciones, su historia, su origen, etc., resulta evidente que estamos ante un analista que tiene la singularidad de «fundador», lo que podemos decir lacanianamente, un «S1» a partir del cual se crearon estas instituciones. Pero es un S1 analista – lo cual tiene su particularidad.

Muchos ya han tenido la oportunidad de conocerlo, a través de sus libros, de sus artículos. Han sido «lectores». En esta ocasión, con J. Chamorro de «cuerpo presente» se nos hace posible la oportunidad de su transmisión del psicoanálisis pero «en vivo», con todo lo que ello implica. No leer ni verlo por pantalla o grabación, sino escuchar y participar in situ de una experiencia de transmisión de psicoanálisis con nuestro invitado.

 

La pareja: satisfacciones y malestaresJorge Chamorro: Gracias por la presentación, y por la invitación de la NEL-Mx, que me da la oportunidad de estar acá.

Después de toda esa presentación me siento un poco exigido… Con respecto a las fundaciones, me pregunto y me preguntan por qué estuve en todas las fundaciones de la Argentina. La verdad es que no las busqué, me ocurrió. Estuve en la coyuntura donde se supone hay que estar, sin buscarlo; quedé vinculado a esos hechos fundacionales con todas sus consecuencias y me encontré incluido en el proyecto. En ese sentido me parece bien la fórmula que Lacan usa mucho mediante la cita de Pablo Picasso: yo no busco encuentro. El proceso que describe Viviana, podría decir, tiene algo que ver con eso. Ojalá durante toda mi vida hubiera encontrado sin buscar.

El neurótico tiene la vocación por excelencia de buscar y no encontrar, todo un lema para la neurosis. De hecho, esa es la forma mediante la cual muchos neuróticos demandan un análisis, «quiero esto y no lo logro»; el problema del analista es no alojar eso, ayudándolo a que lo logre. El analista no responde a eso que se llama una demanda de «querer y no lograr». Pero, ¿dónde nos ubicamos entonces? Nos situamos del lado de por qué quiere lo que quiere. O sea, el síntoma del neurótico es «querer», no es no «lograr». No lograr es la consecuencia de querer lo que no tiene, el síntoma está del lado del querer. Por eso cuando un neurótico viene diciendo «quiero esto y no puedo»; lo primero que hacemos es interrogar por qué quiere lo que quiere, visto que, querer es una críptica y una insatisfacción de lo que tiene y quiere otra cosa.

Esto en la pareja ¡ni qué hablar! Es el tema candente. Les decía esto como una primera y pequeña aproximación a qué es el psicoanálisis, ante todo, el psicoanálisis de orientación lacaniana, una particularidad dentro del lacanismo, y además mi interpretación del análisis lacaniano. Después iré al tema que nos ocupa, la pareja. Primero, definamos qué es el psicoanálisis. Entendemos, un trabajo metódico y sistemático contra el comprender. El psicoanalista lacaniano parte de no comprender, y cuando no comprende ejerce entre muchas otras cosas lo que les decía «quiero hacer tal cosa y no puedo», por qué lo quiere, «quiero tener pareja y no lo logro» – para decirlo en términos del tema que nos ocupa. No en la India, no sé aquí, pero en Argentina muchas mujeres quieren tener pareja y no lo logran. En la India no sucede así no porque hay un exceso de hombres; antes bien, los matrimonios son arreglados entre los padres, una excelente combinación por fuera del amor, y parece ser muy eficaz. Interrogué a veinte universitarios cuyos padres habían arreglado los matrimonios, después de años ya con hijos, etc. Les pregunté: cómo andan, «muy bien —respondieron—». Esto es lo que hay que hacer, hay que terminarla con el amor! Porque estaban muy contentos con esos arreglos.

Entonces cuando digo psicoanálisis trato de precisar un par de cosas introductorias para diferenciarlas de cuestiones que, no despreciamos de ninguna manera ni subordinamos al psicoanálisis, sino queremos establecer la diferencia. Mi desafío no es decir, el psicoanálisis es mejor ni el psicoanálisis es esto, o bien, esto tiene que ser ejercido por un psicoanalista. Por ejemplo, hay muchas respuestas en el campo de la clínica de las parejas ¡ni qué hablar de la amplia gama de respuestas de las psicoterapias! Se dice: hacer psicoterapia de pareja. Hay una distinción muy clara entre qué es el psicoanálisis y qué es la psicoterapia. El psicoanálisis es una cosa y las psicoterapias son otra, ni mejor ni peor: en efecto, diferentes. ¿Por qué? En este punto no podríamos hablar de una psicoterapia, tal como se habló, de corte psicoanalítico; o es una psicoterapia o es un psicoanálisis. Y ustedes me pueden preguntar, pero cuál es la diferencia tan contundente. La diferencia habría que desarrollarla un poco, pero la anuncio, es una problemática del sentido. El psicoanálisis va en contra del sentido y la psicoterapia usa el sentido, son dos caminos inversos. Si ustedes quieren avanzar con este particular, no podré hacerlo hoy, tienen que leer tres capítulos de un seminario, La hermenéutica del sujeto, de Michel Foucault, quien transmite con toda claridad qué es un fantasma obsesivo pero desarticulado. ¿Esto qué quiere decir? Foucault en estos tres capítulos trabaja la famosa frase socrática escrita en las paredes del templo del Delfos: «Conócete a ti mismo». Bien, ¿qué dice un obsesivo cuando nos consulta?, «quiero conocerme, quiero saber qué quiero»; no se da cuenta que querer saber qué quiere o bien querer saber por qué le pasan las cosas son el pantano de la solución de sus problemas. Es decir, de nuevo el problema empieza por querer y el obsesivo quiere saber qué le pasa. Quienes se preguntan sobre esto, analistas o analizantes, pueden hacer la prueba e interrogar: «Usted, por qué quiere saber por qué le pasa esto?» «Si sé por qué pasa dejará de pasarme» —responderá el obsesivo—». El psicoanálisis responde que no es así, que el alimento del síntoma es saber por qué le pasa lo que le pasa. Ya sea explicar o responder inclusive con el Edipo freudiano; con el padre, con la madre, que esto, que aquello, «que no quiero ser igual a mi papá, que eso lo hago igual que mi mamá…» Todas esas cosas alimentan el síntoma. El psicoanálisis va contra todo eso. ¿Qué quiere decir? ¿que no lo usa? Sí lo usa, todo paciente hoy habla de papá y de mamá pero el psicoanálisis no avala eso, sino que a partir de eso va hacia otro lugar que, en una de esas veremos de qué se trata. Por eso una de las diferencias entre psicoterapia y psicoanálisis consiste en que el psicoanalista no suministra sentidos, los escucha; pero los relativiza, los desarticula, los desarma para crear algo que tiene mucho que ver con la constitución de todo sujeto humano y de toda pareja. Esto es, que en el fondo del fondo de nuestra constitución toda, hay un vacío. Freud llamó a ese vacío la represión primaria, y Lacan vacío constitutivo. Por eso todo lo que hacemos, pareja incluida, son respuestas a ese vacío. Si hubiera una consistencia fundamental, en términos psicoanalíticos, se llama castración. Entonces son ficciones que armamos, el amor, el deseo, el goce y las satisfacciones son formas de vérnosla con ese vacío.

En consecuencia, tenemos un vínculo muy íntimo, como hablaré esta tarde, con respecto a la relación entre la literatura y el psicoanálisis porque nuestro motor, el del psicoanálisis, es la ficción y la escritura; es decir, que tenemos este nudo. Hay una frase de Lacan Cuídense de comprender. No me pongo en el lugar del otro, por ejemplo, una persona hizo una carrera y quiere terminar sus últimas tres materias y no lo logra, entonces yo le pregunto, ¿por qué quiere terminar? No es obvio – interrogamos siempre el querer. Recuerden que detrás del querer está la voluntad y los ideales que, normalmente, desconocen las satisfacciones más profundas de un sujeto. Entonces, un sujeto puede tener los ideales por allá y las satisfacciones por acá. Esto metido en una pareja implica un gran esfuerzo de construcción de qué es una pareja en cada caso.

Les mencioné el texto de Foucault, Conócete a ti mismo, en el cual dice con respecto a conocerse a sí mismo que no es un tema del autoconocimiento, no es autoconocerse, esto es el fantasma del obsesivo. Conócete a ti mismo es una ascesis y Foucault marca dos vías y yo marco la tercera. La primera vía es la histórica, o sea, ascesis son las distintas formas planteadas por la Escuela histórica a fin de llegar a la verdad; la segunda vía, la ascesis cristiana cuyo diseño era el camino hacia la posibilidad de contacto con el dogma; y la tercera vía, la ascesis psicoanalítica cuya finalidad es la purificación del sentido que nos conduce a un punto central que denominamos final del análisis: una certeza de ser. Así, orientados por el camino de la ascesis de sentido, nos despojamos de todos los sentidos aún edípicos, papá, mamá y todo eso.

Hay un filósofo italiano contemporáneo, un referente para todos los intelectuales en algún nivel, Giorgio Agamben, quien ha escuchado y trabajado muy cerca de Heidegger, escribió La desnudez, libro que ha sido publicado en la Argentina, muy interesante para pensar el tema de lo femenino. En el seminario del cuerpo tomaré algunas referencias que he trabajado, pero retomo algunas frases de Agamben para pensar esta combinación del psicoanálisis y lo contemporáneo. Agamben formula que lo contemporáneo es lo intempestivo, lo que irrumpe, en el psicoanálisis se llama el acontecimiento. Entonces lo que irrumpe es lo que irrumpe de lo real, Freud lo llamaba el trauma, es toda una clave. Si las cosas están en homeostasis no hay problema, el problema comienza cuando las cosas irrumpen en una pareja o en una persona; cuando eso irrumpe el psicoanálisis ahí está convocado. El síntoma es una de las formas clásicas de la irrupción en todos nosotros que afecta nuestro equilibrio y nuestra homeostasis. Freud decía, esto es el trauma y el aparato psíquico, el psicoanálisis trabaja para la reinserción de eso traumático en la vida de un sujeto. Un trauma también puede ser una muerte, Freud plantea todos los temas del duelo, etc. Agamben indica que un rasgo contemporáneo es lo intempestivo, me parece que el psicoanálisis allí converge.

Piensen ustedes cuando entre las parejas se dice: «si me pasa esto jamás lo perdonaría», antes bien ¡estamos cansados de perdonar!… Es así, uno lo escucha todos los días. Todos perdonamos cuando hay razones. En cambio, cuando aprovechamos para romper no perdonamos nada, pero que perdonemos o no perdonemos no responde a ideales, responde a satisfacciones, a inclusiones, a lazos existentes. También a veces responde a síntomas.

¿Por dónde irrumpe lo imprevisto en las parejas hoy? Por el teléfono celular, los mensajitos de texto, arrolla por el facebook… Esos pasionales encuentros con el compañerito de la nursery, que hace a encuentros increíblemente amorosos y pasionales con aquel chico que tenía cuatro años cuando se conocieron y desencadena amores a los cuarenta, a los cincuenta años con aquello que había quedado como lazo. Por supuesto, frente a los imprevistos hay parejas en las cuales se relanza el proceso y hay otras en las cuales se desarma. Pero, cuando hay mucho conflicto hay que separarse, yo lo recomiendo, no es sólo separación geográfica sino toma de distancia con los síntomas del otro, toma de distancia del objeto, esto no quiere decir por fuerza divorciarse. La toma de distancia relanza el proceso.

Sin demostrarlo aún, después hablaré un poco cómo entiendo la respuesta psicoanalítica a una pareja. La otra frase de Agamben que empleo habla de la identidad sin persona, el deseo de ser reconocido por los otros como inseparable del ser humano; o sea, el deseo de reconocimiento, un nivel de lo que les transmitiré de la pareja. El deseo de ser reconocido es un tema con el deseo, pero nosotros vamos a agregar a éste dos planos más: el plano del deseo, el plano del amor y el plano de la pasión como tres niveles distintos mediante los cuales una pareja se combina bien, mal, en equilibrio o en desequilibrio, etc. Agamben sigue un poco una formulación hegeliana; Hegel plantea el deseo como deseo de deseo, y cuando uno dice deseo de deseo el tema no es el sujeto en cuestión, ese señor o esa señorita, esa combinación; sino lo que se desea no es al otro sino se desea el deseo del otro sobre mí. Es decir, cuando el psicoanálisis alojó a Hegel, el deseo como dialéctico, podemos decir entonces que la madre no desea al niño; la madre que desea al niño tiene un trastorno, dice Freud. La madre no quiere nene, quiere el falo. Si en cambio, quiere completar algo de su posición subjetiva, el nene tiene que ir al lugar de eso que la madre quiere, si no tiene condiciones para ir a ese lugar, por tanto el nene no tiene alojamiento. Lo mencionó tanto con respecto al psicoanálisis de niños como con las ganas de tener niños en las parejas, el esfuerzo y el sacrificio de algunas parejas de tener un niño que no aseguran para nada el deseo de niño. Piensen ustedes en la lucha científica, la fecundación in vitro, el alquiler de vientre, etc. El tener muchas ganas de algo puede ser justamente una disputa con el rechazo a tenerlo con el rechazo del deseo.

Así distingamos qué es el deseo, no es obvio, pero sepan que el deseo no tiene que ver con las ganas. Las ganas son ideales, voluntad, quiero esto o quiero lo otro, hay ejemplos en todos los niveles. Una persona vino a un control: «Vengo porque no puedo sostener a mis pacientes, tengo muchas ganas de atender y de ser psicoanalista, tengo unos cuantos pacientes, diez más o menos, me angustio con todos, me angustio, me angustio, no podía ni controlar». Esto necesita un análisis no un control, obvio. Cuando un síntoma irrumpe en el analista no con un paciente sino con uno, con el otro y con el otro; esto es un tema del análisis, no del control. En el análisis esa persona quería ser psicoanalista, tenía los ideales para ser psicoanalista, había hecho la carrera, una formación, etc. El psicoanálisis la llevó, primero, a ser una cantante, significativa del jazz, y ahora canta y vive del canto en una comunidad judía en California. Las ganas quieren hallar; el deseo y las satisfacciones quieren hallar, de ahí que el psicoanálisis no debe montarse sobre el querer y las ganas, ¡ojo! esto no lo compartimos, por ejemplo, ni con el cognitivismo ni con los psicólogos deportivos.

¿Qué hace un psicólogo deportivo? Por ejemplo, Locovich, decidió ser tenista a los siete años, lo acompañaron sus padres sin presionarlo mucho, hasta que consiguió ser tenista profesional en Europa, etc. En un momento, algo en él empezó a hacer síntoma. Todos los tenistas tienen un tic ¿lo vieron?, por ejemplo, el caso de Rafael Nadal, se acomoda el calzoncillo antes de sacar; Björn Borg, hacía así en la nariz; Gisela Dulko, antes de recibir el saque hace girar cuatro veces la raqueta en la mano. Si los observan cada uno tiene su pequeño tic. ¿Eso es un síntoma? No es un síntoma porque no altera sino que acompaña la voluntad. ¿Qué hace un psicólogo deportivo? Un psicólogo deportivo trata de limar eso para que pueda seguir jugando. ¿Qué hace un psicoanalista? Considera que los síntomas encierran una verdad y eso le está diciendo que no al tenis; eso no lo invento yo ni Lacan, lo inventó Freud. El síntoma encierra una verdad que hay que desplegar; a este chico le viene como imperativo desde los siete años, vaya a saber por qué. Sus ganas estaban ahí, sus ideales estaban ahí, pero el síntoma venía a decir: Señor, no al tenis. Lo sacó del tenis y lo mando a otro mundo.

Si el síntoma es una verdad que nosotros no manejemos, ataca nuestra voluntad y nuestros ideales; entonces el síntoma es una verdad que nos enseña otra cosa del sujeto. El psicoanálisis responde a la verdad de ese síntoma sin considerarlo un disfuncionamiento que hay que ajustar para no tenerlo. En la medicación, por ejemplo, los psiquiatras dicen esa fórmula tan ridícula de «última generación», con la velocidad en la que va la última generación, los antipsicóticos de última generación, al menos eso se decía hace seis meses, así que ya son de anterior generación; ya vienen los otros que son de última, última generación. Dicen los psiquiatras con quienes comparto muchos trabajos que recomendaban el medicamento al neurótico cuando se desencadenaba — recuerden que los neuróticos se descompensan cuando padecen síntomas que los afectan, los angustian o les alteran su vida—. Los antipsicóticos que compensan a neuróticos funcionan como el cognitivismo que debilita el síntoma para que el sujeto pueda hacer lo que él quiere, ejercer su voluntad. La pregunta es si la neurosis es o no algo que daña la vida de una persona. La neurosis es el silent killer, como a los norteamericanos la hipertensión, mata sin gritar. Digamos que arruina y anula el deseo y vacía de sentido una vida a la larga o a la corta. Por eso no estamos muy contentos de compensar neuróticos, sino de aprovechar la descompensación para desarticular la neurosis que mata sin gritar.

Una última frase de Agamben que podemos relacionar con la pareja: el arte de vivir es la capacidad de mantenerse en relación armónica con lo que se nos escapa. Esto no sólo es crucial para el psicoanálisis lacaniano en particular, sino también para la filosofía, para Roland Barthes, para Michel Foucault para todo un contexto que parte de muy lejos en la historia de la humanidad, del pensamiento occidental y también del oriental. Lo que se escapa es un dato crucial para entender la construcción de una pareja.

Armar una pareja no es fácil, conlleva sus complejidades. Si pensamos las complejidades de lo que implica una mujer, y las que implica un hombre. Ese dato natural con el que todos vivimos, inclusive, en la llamada sociedad burguesa de la actualidad. Si ustedes leen la historia de la sexualidad de Michel Foucault, van a orientarse con respecto a que, la sociedad matrimonial no pertenece a la historia de la humanidad, sino a una historia particular: la sociedad industrial, capitalista y burguesa que ha alojado a la sexualidad en el matrimonio con todos los síntomas que convergen en ese punto.

Así pues ¿cómo se arma una pareja? Una pareja se arma por muchas razones; en los libros o en la novela rosa se habla del amor, y de otra cosa. En algún momento se hablaba del amor para toda la vida, uno se casaba para toda la vida. Pero, poco a poco va mostrando los signos que, no son del lado del amor sino cada vez más contingentes. Contingentes quiere decir que tienen una permanencia no tan obvia de cómo la gente proyecta su futuro. Me da la impresión de que el mundo actual ataca la idea del encuentro para siempre, hasta que la muerte nos separe.

Me parece que hoy no es así para nada. Tengo un paciente que dice: « ¡otro fracaso más!» Otro fracaso ¿de qué? «Me vuelvo a separar, es mi tercer matrimonio, ya tengo cincuenta y pico de años, no tengo más chance de fracasar». Y ¿qué fracasó? Su matrimonio vivió bien diez años, los dos últimos de terror, pero diez años bien, ¿eso es un fracaso! Eso sostuvo y contuvo muchas cosas en él. Lo que fracasó es la idea de inmortalidad, de que las cosas no mueren, que la pareja es inmortal. Tenemos parejas en las cuales se articulan ciertos fantasmas del para siempre y además con todo dentro. Algunas parejas que se programaron para toda la vida, duran un año; aquellas que iban a incluir todo, rápido dejan el sexo de uno de ellos fuera o el de ambos, pero no como fracaso sino como complementación. A veces surge la pregunta sobre la infidelidad ¿es un síntoma o no? Para mí no es un síntoma en términos generales porque no somos moralistas ni estamos en el campo ideológico, puede serlo para alguien. En el campo del psicoanálisis que no abarca todo sino abarca sólo alguno, un síntoma es lo que me hace sufrir, el síntoma es repetición y sufrimiento. Si no hay repetición y sufrimiento enganchado ahí, no es un verdadero síntoma. Por lo tanto hay infidelidades que son un síntoma, y no infidelidades que también lo son.

Entonces, hay tres planos de la pareja, si pensamos que la mujer como tal tiene sus complicaciones particulares, y el hombre las suyas. Las complicaciones no sólo de orden sintomático, sino de sensibilidades distintas, de rasgos distintos, etc. No está de más preguntar ¿cómo es que hay parejas?, ¿cómo se hace para que eso combine y, muchas veces, dure toda la vida? Sabemos los altos costos de esa duración de por vida. Así pues en el caso de que los hijos registren como hecho traumático la separación de los padres, si bien es cierto que hay un traumatismo, no decimos que esto es la liviandad. Pero ¡ojo! también hay traumatismo de la angustia de los padres, de los conflictos de los padres, del sufrimiento de los padres, esto no es poca cosa, toca. De hecho, no hay daño más grande que provoque a los hijos que la angustia de los padres, y especialmente la de la madre. Una madre angustiada que demanda a sus hijos a cubrir su propia angustia, produce enormes daños que, a lo mejor no tendría si hubiera conseguido desarticular esa tortura de dos sujetos que se han unido en el horror y no en el amor, el deseo o el sexo.

Como ustedes saben, hay distintas combinaciones, hay una cuestión que incluso interroga lo que decimos de la sexualidad o de la sexuación femenina y masculina en el campo del psicoanálisis. ¿Qué se dice en el psicoanálisis en la enseñanza de Lacan? Se dice: lo femenino es hacer converger el amor y el deseo en una misma persona, eso es femenino. Y para el hombre es la divergencia o la separabilidad del objeto de amor del sexo – esto es un clásico que plasma bien la neurosis obsesiva en la cual siempre hay dualidad entre el amor y el sexo. No estamos pensando el amor en términos de sentido común, el amor comporta sofisticación. En particular, el enamoramiento funde las cosas, reúne todo, con frecuencia une el sexo, el deseo y el amor. No siempre. Escucho parejas que dicen: «Con él, nunca fue bueno el sexo y siempre pensé que esto iba a mejorar y al día de hoy y veinte años después nunca mejoró». Esto también ocurre.

También ocurre que hay buenos encuentros sexuales, pero desde el punto de vista amoroso hay una fragilidad. O sea, que con cada pareja uno podría hacer una jerarquía, esta pareja está unida centralmente ¿por qué?, por el amor; el sexo está, no descompensa a la pareja pero acompaña pobremente, puede ocurrir. El deseo, esto es, todo lo que tiene que ver con la forma de vivir, de dialogar, de más pleno. Pero en el tema de lo amoroso no saben si se quieren, expresan que son buenos amigos, establecen un intercambio intelectual como acompañamiento al desarrollo de uno de ellos, son buenos compañeros, no podrían vivir sin eso; y el sexo no está pero hay el esfuerzo por realizarlo. El esfuerzo de realizarlo se logra de muchas formas, cuando una persona no tiene el sexo como motor de su pareja, hace esfuerzos de realización; si mediante estos esfuerzos lo consiguen aceptablemente, se alivian que ya pasaron la prueba y hay que esperar los próximos quince días.

En el mundo de las parejas hay distintos tipo de combinaciones. Uno dice ¿cuál es buena y cuál es mala? Nuestra respuesta particular es, hay síntoma o no. ¿Qué quiere decir? Una pareja que está en equilibrio más allá de lo que nosotros podamos opinar sobre las intensidades en juego, no hace síntoma con eso y, en cambio otra pareja con menos desequilibrio hace de eso un síntoma. Cuando una pareja hace síntoma eso lo alojamos a veces como respuesta psicoanalítica a una pareja. Pero ustedes podrán decir, pero esto ¿se desequilibra al mismo tiempo en la pareja? No. Normalmente esto se desequilibra por uno, es muy difícil el coro. Con frecuencia, la vacilación viene de uno de ellos, ya sea por los movimientos de sustracción de uno o por el comienzo de un tratamiento del otro que cuestiona ese equilibrio. ¿Qué quiere decir esto conceptualmente? Quiere decir que las parejas no son una complementación natural, sino que se unen por síntomas, hay unos que combinan y otros que no.

Hay otro nivel de la cuestión, el otro nivel se llama goce. Cuando ustedes quieren trabajar el tema del goce en la pareja hay dos niveles. Para ello, primero, hay un Curso de Jacques Alain Miller El partenaire síntoma, en cuyo contenido encontrarán cómo se hace una pareja. Y, segundo, hay un seminario entero de Michel Foucault, Cómo vivir juntos, en el cual aborda los equilibrios de las comunidades hombre-mujer y biorrítmicas, es decir, con ritmos diferentes y cómo articulan esa combinación. Tercero, y fundamental para abordar la combinación de goce entre la pareja, hay un texto clásico de Georges Bataille, El erotismo, en cuya combinación puede apreciarse la gran articulación respecto a muchas cosas que pensamos en el psicoanálisis y comprometen la relación entre el hombre y la mujer.

Para George Bataille hay una relación entre erotismo y muerte, entre erotismo y crimen, entre erotismo y violación. A fin de definir el erotismo se alude a la ausencia de erotismo en los animales, antes bien, están inmersos en el instinto sexual y de reproducción. En lo humano, lo erótico es todo aquello que escapa a la función reproductiva, y se vincula con actividades del orden sexual que no tienen funcionalidad de ningún orden. El erotismo extrae cualquier función a la sexualidad; es decir, le quita pragmatismo, extrae lo que Jeremy Bentham llamó el utilitarismo, la eficacia y la funcionalidad. Así como también en el campo del arte Marcel Duchamp desarrolló el erotismo, entre muchos otros, al extirparle a los objetos su funcionalidad para darles otro estatuto. Hacer esto representa lo humano en el campo simbólico ¿Qué hace Marcel Duchamp? Coloca un inodoro y lo constituye como una mesita de luz, le quita la funcionalidad. En otro nivel, erotismo es darle función erótica a distintos lugares del cuerpo que se llaman zonas erógenas, no por fuerza zonas erógenas predeterminadas, sino zonas erotizadas por el deseo. O sea, el cuerpo erótico es un cuerpo constituido a partir de deseos, sexuales, es cierto, pero mediante el deseo sexual que interroga y hace una anatomía singular del cuerpo vinculada del todo a lo erótico sin ninguna función.

En este sentido, como ven, el erotismo se acerca mucho al fetichismo, en tanto, fetichizar un tobillo destaca eróticamente un dato del cuerpo, por lo cual son formas de erotizar zonas que remiten siempre a otra cosa. La función erótica descompone de una forma distinta lo que llamamos la anatomía del cuerpo. Podríamos decir que hay un plan erótico en cada uno de nosotros. ¿Cómo se arma el plan erótico? Se arma de diversas formas, se arma por supuesto en el ejercicio de la sexualidad, en el ejercicio que Freud inauguró en el desprejuicio y en la ruptura de las inhibiciones. Pero, ¿cómo se rompen las inhibiciones? Las inhibiciones se desgajan por un fuerte deseo erótico. Hay algo muy pragmático en esto, el erotismo interroga, despliega, se reproduce. Diría que, casi es el único lugar donde el goce es dialéctico, debido a que el goce es autoerótico siempre. No obstante, en el campo erótico es dialéctico. Nuestro cuerpo erótico está construido sobre el fondo de las marcas de las personas que erotizaron nuestro cuerpo en todos los términos. Cuando alguien ha padecido de un cuerpo sin erotizar en el sentido que vengo diciendo, puede ser por falta de un partenaire, falta de sensibilidad o por identificación al lado hombre que hace obstáculo a lo femenino. Un hombre centrado en sí mismo y en su placer, es un hombre que no es bueno para la sensibilidad femenina. Cuando quieran interrogar esto, hay un texto sobre la sexualidad femenina, Memorias de una cantante alemana, donde se desarrolla la femineidad de una mujer al límite de los límites. De ningún modo quiere decir que toda sexualidad se desarrolla de esa forma. Dado que en el libro se dicen las cosas de frente, produce un efecto casi pornográfico. Con todo, es un libro del erotismo femenino.

Por otra parte, el cuerpo del amor se acerca mucho al amor en términos de la imagen que vemos en nuestro espejo, armónico, amado como total con efectos del lado de la estética, etc. El cuerpo del erotismo es un cuerpo que no está del lado de la estética. Es más, podría decir, que a veces la estética hace obstáculo al erotismo del cuerpo. Si uno está fascinado con la estética, el cuerpo erótico encuentra un obstáculo para desarrollarse. Una mujer bella puede o no estar identificada a su belleza; pero si lo está, eso será un obstáculo para su erotismo y para el de su partenaire.

Esto se ve dramáticamente. Conocí una mujer que era una mujer espectacular. Vestida de negro, botas, rubia. El marido tenía un problema, pues ella no le atraía sexualmente. Él tenía una amante, una vieja horrible. Sus amigos le decían: cómo puedes con la mujerque tienes, cómo puedes estar con esa vieja horrible. Y —él decía—: «Con ella no me pasa nada, esta es para los amigos, para que me envidien; yo quiero estar con la vieja día y noche». ¿Cuál es el problema? Lacan dice: la mujer que es femenina no es esa con botas, una mujer muy fálica, una amazona, aquella que no se baja del caballo. Aunque puede serlo en su posición sexual (si se baja del caballo, por así decir). Conceptualmente la mujer femenina es la que se posiciona como objeto causa del deseo cuando es convocada por el deseo del hombre. En cambio, una mujer fálica cuando es convocada por el deseo de un hombre a ocupar el lugar de objeto causa, siente que eso es ser usada, maltratada, no ser respetada. Esa consistencia llamémosle, bella fálica, que hace obstáculo para alcanzar la posición femenina. Entonces, ser: o bien falicismo, en el sentido de lo que llamamos la amazona, o objeto causa del deseo.

La posición fálica encarnada en la mujer bella hace obstáculo a la feminización y es un símbolo femenino social. Antes bien, el ejercicio de lo femenino no tiene nada que ver con esto. Si ustedes leen el erotismo según George Bataille en cuyas páginas formula que consiste en entregar el ser propio al desfallecimiento que combine acerca de la muerte. Recuerden que Lacan en el Seminario de la angustia dice que en el límite del orgasmo está la angustia en juego, esto es, el desfallecimiento del ser y combina con algo de la muerte. El orgasmo masculino tiene algo de más trivial, sin importancia para el psicoanálisis, es de un empirismo banal. El orgasmo femenino sin consistencia, escapa y convoca a otra cosa. Por eso George Bataille llama al orgasmo y en particular al femenino, la pequeña muerte. Es decir, hay un límite entre el orgasmo, el desfallecimiento del ser, entrega, lugar del objeto, todo lo que hace obstáculo a esa entrega, lo hace también al erotismo.

Hay un librito que escribí, un seminario sobre por qué los hombres —en la historia de la humanidad y del pensamiento occidental desde Hipócrates pasando por los griegos y la mitología griega— maltrataron a las mujeres, esa es la teoría. Hay algo de lo femenino que amenaza al hombre, es la teoría central de ese libro. En mi libro menciono a Schopenhauer debido a que establece una teoría de que la pareja matrimonial tiene una sóla función que es mantener la especie. Y en esa pareja cada uno debe cumplir su función, todo lo que altere esa función está muy mal visto y condenado por él. Entonces dice cosas como esta: el hombre aspira al cambio, la mujer a la fidelidad; el amor del hombre decrece con la satisfacción y el de la mujer crece; la fidelidad es artificial en el hombre y natural en las mujeres, por esto el adulterio de la mujer es menos perdonable porque altera la función de la especie —Schopenhauer afirma— el aspecto de la mujer revela que no está destinada ni a los grandes trabajos de la inteligencia ni materiales, paga su deuda con la vida por el sufrimiento, el parto. También teniendo que obedecer al hombre, su vida puede transcurrir insignificante, aptas para educar porque permanecen pueriles, inútiles y limitadas en la inteligencia. Y remata con esto: la mujer es un perro en su esencia y hay que tratarla como tal, lo peor que hay de esto es la mujer europea, la dama europea, es lo que está más lejos de la perritud que debe encarnar la mujer para cumplir su función filogenética de sostener la especie; o sea, dice estas cosas: el hombre que se casa comete una imprudencia, salvo que haga un casamiento brillante. La poligamia de hecho existe en todas partes; hay que organizarla, es justo que al hombre se le obliga a cargar con diversas mujeres, se le obliga a cargar con diversas mujeres, por naturaleza la mujer está destinada a obedecer, necesita un amo; si es joven toma un amante, si es vieja un confesor.

Bueno una cosa más, hay una novela que les recomiendo, es una novela japonesa del siglo XI de una mujer Shikibu Murasaki, la mujeres en Japón no tenían acceso a la escritura, ella sí la tuvo. Escribió La novela de Genji cuyas páginas sonde una sensibilidad extrema para aquel que gusta de lo oriental. Lo oriental va de la mano del psicoanálisis, recuerden, porque va contra el sentido, va contra la explicación y va a favor de la meditación. Si ustedes quieren o precisan la meditación, en particular, la meditación zen es tomar una frase durante meses y darle vueltas y vueltas hasta quitarle todo el sentido; eso en psicoanálisis se llama fantasma fundamental. Al principio les mencioné las ascesis del sentido en el psicoanálisis y la experiencia de la meditación zen, esta novela toma esta posición del hombre y sus amantes. Los japoneses eran poligámicos en aquella época, ahora lo son de otra forma y cada hombre, príncipe Genji, con todos los ideales encarnados de belleza, capacidad y bondad, era un hombre que había alojado y sostenido en su palacio a cada una de sus amantes. Schopenhauer dice algo de esto, a su vez, para Lacan alguien como Schopenhauer podría encarnar el fantasma del don Juan, Schopenhauer describe algo de eso. Lacan dirá que no es un fantasma masculino es un fantasma femenino. El fantasma de que a la mujer le gusta sufrir es un fantasma masculino, cuando la mujer goza con el sufrimiento es un fantasma masculino. Lo que yo agrego allí, es que hay muchas histéricas que tienen amplia relación al sufrimiento, que engañan al otro que cree que es la mujer, y era la histérica; es decir, aquella que está más compenetrada con el sufrimiento.

Notas
* Psicoanalista, AME de la EOL (Escuela de la Orientación Lacaniana) y de la AMP (Asociación Mundial de Psicoanálisis). Fundador de la primera Escuela Lacaniana en la Argentina junto con Oscar Masotta. Encuentro con el Campo Freudiano en Caracas 1980. Fundador del Simposio del Campo Freudiano. Co-Fundador y primer Director de la EOL. Miembro del Consejo Estatutario y del Comité Científico del Instituto Clínico de Buenos Aires (ICBA). Miembro del Comité de Iniciativa del Instituto Oscar Masotta (IOM). Autor de múltiples artículos difundidos en diferentes medios, de diferentes lenguas, y de los libros: Colección Qué Será?, Clínica de las psicosis, Las mujeres, Ecos entre el psicoanálisis y la literatura.

Fecha: 27/05/2011
Modalidad: Presencial
Lugar: Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

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2011 Actividades Internacionales Archivo

El silencio de las drogas

El silencio de las drogas

Luis Darío Salamone

Agradezco enormemente a la Nueva Escuela Lacaniana de México la invitación que me han cursado para compartir con ustedes una serie de actividades.

Cuando me invitaron, entre otras cosas, a dictar esta conferencia, como se acostumbra a hacerlo, comenzamos por pensar el título. La cuestión del silencio me pareció que resultaba apropiada para nombrar ciertas cuestiones que se juegan en relación a la problemática con las drogas. No recordaba que lo hubiéramos trabajado en el Departamento de Toxicomanías y Alcoholismo del Instituto Clínico de Buenos Aires, por lo que supuse que esta oportunidad que me han brindado con esta invitación, era una buena razón para hacerlo.

1-El silencio de la represión y la supresión tóxica
Sabemos sobre la actualidad que tiene el tema de las problemáticas con las drogas. Por más que sea un tema del cual se habla y mucho, que aparece todo el tiempo en los medios de comunicación, hay que decir que cierto manto de silencio recubre esta cuestión del consumo de tóxicos. Podemos pensar en muchas razones, en el dinero que mueve esto, en cuestiones de poder, en cosas que me parece que se piensan más bien a nivel de la política.

Pero hay algo que resulta estructural y es por lo que precisamente nos vamos a interrogar nosotros, y es esa relación que el sujeto puede mantener con una sustancia tóxica. Hay algo del silencio que se juega a ese nivel y resulta estructural porque el sujeto puede, a partir de una droga, acallar cierta problemática, de una manera tan contundente, tan radical, que hace que, por mucho tiempo, incluso en el psicoanálisis mismo, no se haya hablado demasiado de estas cuestiones.

Para que el sujeto no hable no necesita de drogas. Por un lado tenemos eso que acalla la represión, el mecanismo que está en la base de cualquier neurosis. En el caso Schreber, que es un caso de psicosis, Freud nos dice que el proceso de la represión se cumple mudo. Se cumple mudo y lleva a cierto mutismo. Theodor Reik en uno de los mejores textos que se han escrito sobre el tema, titulado «En el principio es el silencio» (1926) plantea que el paciente entra en la situación analítica rompiendo el silencio; hasta entonces ha callado sobre sus experiencias, emociones, por más que haya hablado mucho de sí mismo, no ha mostrado ese costado que aflora en un análisis. (Cómo dice Nietzsche, hablar mucho de sí mismo también puede ser una manera de esconderse).

Reik se refiere a un paraje llamado «zona de silencio» que se encuentra cercano a la isla de Vancouver, en el Océano Pacífico. En esa zona muchos navíos que se estrellaron sobre las rocas reposan en el fondo del mar, es una zona callada, ninguna sirena es capaz de advertir a los capitanes del peligro. El sonido del exterior no llega al navío. Reik compara esto al material reprimido. Cuando el sujeto llega a un análisis y comienza a hablar, esos primeros rumores, apenas perceptibles, tienen su eco en esa zona de silencio. Al principio puede hablarse con dificultad, el sujeto se enfrenta a una situación extraña, comienzan a aflorar cosas que no quiere o le resulta difícil decir, nos encontramos en un momento de incomodidad, no tardará en mostrar su costado de imposibilidad.

Con el consumo de drogas se busca también dejar de lado algunas cosas, pero no sólo se apela a la represión para llevar a delante esta situación, hay sustancias tóxicas que son muy eficaces para borrar cosas resultan intolerables, al menos en un principio, podríamos decir que los recursos tóxicos sirven de auxilio. Como lo plantea Freud en «El chiste y su relación con lo inconsciente», sirven para aligerar la instancia crítica que impide el placer del disparate. El alcohol, por ejemplo permite una alteración en el talante, dice que por eso no todos pueden prescindir de ese veneno. Ese talante alegre es generado por vía endógena o tóxica, rebaja la inhibición, la crítica y permite el resurgimiento de un placer sofocado.

Resulta interesante que alguien puede embriagarse para desinhibirse, para aligerar el superyó, sin embargo éste no tarda en tomar el comando de este recurso y es el que lo empuja al sujeto a gozar.

Los contenidos molestos, esas cuestiones que la represión no termina de desalojar, encuentran en las drogas un poderoso auxiliar para hacerlo. Esta es una forma de silencio que puede resultar más eficaz que la obtenida por la represión sin el tóxico como auxiliar.

Pero lo que se pone en juego tiene sus consecuencias, no hay represión sin retorno de lo reprimido, no hay cancelación, por más tóxica que sea, sin que eso de alguna manera vuelva. En oportunidades ese retorno puede ser silencioso, en otras no tanto. Pero hay que decir que las pulsiones de muerte también son silenciosas en su accionar, hasta que su murmullo pueda tornarse estridente.

Aún cuando el sujeto logre una «supresión tóxica» eso rechazado retorna. Y como suele ocurrir, no se sabe de qué manera.

Estamos planteando la cuestión en el marco de suponer que una sustancia tóxica aparece, como dijimos, como un auxiliar, en un sujeto con una estructura neurótica, poniéndose al servicio de ese mutismo que es característico del proceso de represión.

2- El silencio de las pulsiones y el del yo
Lacan va a tomar una diferencia existente entre dos términos: taceo y sileo. Taceo nos remite a ese silencio que es una consecuencia directa de la palabra no dicha, un silencio tácito, tiene que ver con el hecho de callarse; sileo lo podemos vincular, en cambio, a ese silencio que resulta estructural de las pulsiones. Hay una diferencia entre lo silenciado, aquello que deliberadamente queda en las sombras y lo silencioso, eso mudo, imposible de poner en palabras y que Lacan identifica con lo real.

Vemos cómo tenemos la posibilidad de pensar un silencio que es de otra naturaleza. En Freud hay muchas referencias que nos remiten a esta otra forma de silencio ligado a la pulsión de muerte. Por ejemplo cuando encuentra un parentesco entre la mudez del sueño y una figuración de la muerte (en el texto «El motivo de la elección del cofre») o cuando plantea en la «Presentación autobiográfica» que la pulsión de muerte, o de destrucción, trabaja sin ruido.

Vamos encontrando otro terreno, la represión apunta al silencio, pero también hay un goce callado, que no pasa al campo de la palabra, que guarda relación con la pulsión de muerte, en este terreno lo mete al sujeto, en muchas ocasiones, gracias las drogas.

El término que se había popularizado hace unos años, antes de se formara el TyA, el Departamento de Toxicomanías y Alcoholismo, era precisamente el de adicción, sin dicción, y resultaba bastante apropiado desde esta perspectiva, si optamos por el término toxicomanías, era porque el significante adicciones estaba muy desgastado, los tratamientos de las adicciones partían de identificar al adicto con ese término y procuraban reforzar esa identificación para lograr un control yoico. Este tipo de tratamiento primero se implementó con los alcohólicos para luego generalizarse en todos los casos de adicciones y luego en otros tipos de problemáticas.

No vamos a poner en duda la eficacia de este otro tipo de tratamiento, la tiene, podemos pensar en de que orden es. El psicoanálisis propone otra cosa. El de orientación lacaniana sabe que la apuesta por el yo, a la corta o a la larga, resulta nociva. Tenemos una idea freudiana del yo, es decir que el yo, puede parecer por momentos muy fuerte, pero es sumamente endeble. Y con respecto al goce, este no se deja manipular, ni tan fácilmente ni por mucho tiempo.

Alimentar el yo puede resultar problemático. Para Lacan «el yo está estructurado exactamente como un síntoma» (Sem 1. Pág. 31), afirma que es el síntoma privilegiado en el interior del sujeto, el síntoma humano por excelencia, su enfermedad mental. Por su puesto que no resulta extraño que una persona realice una apuesta de ese orden, lo llamativo es que se había olvidado dentro del psicoanálisis, por no haber leído correctamente «El yo y el ello», donde Freud nos dice que el yo se forma a partir de identificaciones, es decir que en su base lo que se juega es algo del orden de la alienación. Además Freud nos presenta su difícil relación con el superyó. Freud dice que «Es el monumento recordatorio de la endeblez y la dependencia en que el yo se encontró en el pasado, y mantiene su imperio aun sobre el yo maduro.» (Freud. El yo y el ello. Pág. 49). El yo está sometido al imperativo categórico del superyó.

Es interesante porque en muchos abordajes que se hacen de adictos se busca deliberadamente reproducir estas coordenadas. Para muchos psicólogos las toxicomanías nos muestran el paradigma de lo que sería un yo débil, un yo que no resiste la tentación de volver a consumir y que sería necesario reforzar. Procurar que el sujeto tenga un yo fuerte, para esto se pasa una temporada internado con un superyó exterior que le machaca con lo que tiene que hacer o dejar de hacer, hasta que el yo se vea fortalecido y, fundamentalmente aprenda.

Se llega a postular a la terapia de refuerzo yoico como una suerte de prótesis psíquica.

Para decirlo de una manera clara, siempre tengo la impresión de que la mejor representación que nos muestra como pensaban al superyó algunos analistas pos freudianos es ese personaje de Pinocho llamando Pepe Grillo, que era la conciencia de Pinocho, el responsable de guiarlo por el buen camino, y se quedaron algunos con la impresión de que el superó le dice lo que tiene que hacer al sujeto, que allí encuentra la ley. Pero esa ley, como lo vamos a ver, tiene su contracara.

Se pretende reintroducir por este camino algo del orden de la ley. Pero Lacan ha planteado muy pertinentemente que el superyó es la ley y su destrucción. Freud decía que el superyó tiene una afinidad con el ello, podemos decir que tiene una afinidad con la pulsión de muerte, lo digo en palabra de Freud: es el «cultivo puro de la pulsión de muerte», es cruel con el yo y sabemos que hay tratamientos que pueden resultar crueles. Freud hace todo un listado de cuestiones asociadas al superyó, la reacción terapéutica negativa, el sentimiento de culpa, la necesidad de castigo (asociada al mismo), que encuentra su mayor grado de manifestación en la melancolía, pudiendo llegar hasta el suicidio. Podemos agregar a esta lista el consumo de drogas, ya que el trabajo analítico nos muestra que se encuentra asociada a estas cuestiones. El yo es presentado por Freud como una pobre cosa sometida a servidumbres, del mundo exterior, el ello y el superyó. El yo es un adulador, oportunista y mentiroso, pero está sometido a los vasallajes del superyó y no tarda en convertirse en un almácigo de angustia. De esa angustia de muerte que se juega entre el superyó y el yo.

Resulta increíble cómo los psicoanalistas desconocieron estos postulado freudianos que resumo, en el texto pueden encontrar aún más cuestiones a partir de cuales nos podemos dar cuenta de porque pretender reorganizar esta relación entre el yo y el superyó es una tarea inútil, incluso arriesgada, Lacan nos advierte al respecto, nos dice cómo, sin quererlo, o incluso queriendo hacer el bien, podemos conducir a alguien hacia lo peor. Podemos entender porqué él nos decía que el superyó empuja al goce. Y el goce es el camino que nos conduce a la pulsión de muerte. Hacia un silencio definitivo.

Pero antes de llegar a él, hay una forma de silencio que tiene que ver con el yo, que se hace el distraído frente al accionar del superyó. No resulta extraño, ya que como Lacan se encargó de dejar bien claro en el principio de su enseñanza, resulta evidente que el yo tiene una función de desconocimiento y, cuando se apunta a él, aunque este pretenda que lo hemos vencido, no tarda en reabsorber esa enseñanza para seguir mintiéndonos. Porque el desconocimiento es su función fundamental. Vamos a una demostración clásica, hay sujetos que son alcohólicos, jugadores, o tiene cualquier adicción, de forma evidente y notable tanto para él como para el resto de las personas, pero cuando son confrontados a que padecen esta problemática, simplemente la niegan, no se dan por enterados y se dirigen alegremente al casino o a servirse una copa de vino, se pueden plantear que son mentirosos, pero sucede que, como decíamos, la función por excelencia del yo es el desconocimiento, es decir que es un embustero.

¿Conocen la fábula del sapo y el escorpión?, creo que es una historia africana.

Un sapo estaba en la orilla de un lago descansando en una roca mirando el cielo, un escorpión lo observaba atrás de unos arbustos, se acercó al sapo y le dijo «¿Me ayudas a cruzar al otro lado del lago? Yo me subo arriba tuyo y me llevas.» El sapo le dijo que no, que lo podía picar y moriría. El escorpión intentó convencer al sapo: «Yo no sé nadar, si te pico en el lago tu hundirás, y moriré junto contigo» Al sapo le pareció razonable el argumento y accedió. El escorpión subió en el sapo, y cuando ya iba por la mitad del lago sintió un picotazo en su cabeza, inmediatamente se detuvo y le preguntó al escorpión: «¿Por qué me picaste?, moriremos los dos». «Discúlpame -dijo el escorpión-, no quise hacerlo, pero no pude evitarlo… esa es mi naturaleza».

Esto pasa cuando uno se dirige al yo, tiene sentido común, puede ser razonable, puede incluso tener buenas intenciones y realizar el mejor esfuerzo, pero es muy probable que nos hundamos a mitad de camino, no puede con su naturaleza, su función de desconocimiento es algo a lo que no puede renunciar por mucho tiempo, el yo no está para aceptar la falta, la puede soportar a duras penas por un momento, pero volverá a ese rechazo, toxico o no, antes de llegar al terreno del deseo. Y esa parte diferenciada llamada superyó muchas veces resulta más venenosa y mortal que el escorpión. El superyó, nos dice Lacan tiene relación con la ley, pero se trata de un ley insensata, a tal punto que implica su desconocimiento. Era insensato, para el escorpión mismo picar al sapo, pero era su naturaleza, así actúa el superyó en el neurótico. Es la ley y su destrucción, un imperativo que llega a ser lo más devastador, Lacan nos dice que es una figura feroz.

Insisto en esto para que veamos la inutilidad para alguien de que nos convirtamos en una especie de superyó exterior auxiliar a partir de cual se le dice qué es lo que le conviene hacer. Me parece que acá convendría que recordemos cuál es un silencio que al sujeto puede convenirle: el silencio del analista, es sobre ese fondo que se reencontrará con su decir, es allí donde podrá encontrar los ecos de ese real que lo determina, y es en ese silencio donde se juega esa función de objeto el analista cumple para que el sujeto pueda racionarse de otra manera con lo real.

El psicoanalista no está para prohibir que el sujeto se drogue, sabe, a partir de lo que hemos planteado, que realizar un pacto con la parte sana del yo resulta inútil, simplemente porque no hay parte sana del yo.

3- El silencio en la cura
Cuando un analizante comienza su análisis puede suponer que ese silencio del psicoanalista le es ajeno a él, no tardará en percatarse de que es lo que tiene de propio, se trata de lo más íntimo, con lo cual trabajará para relacionarse de otra manera. Se encontrará con el silencio del analista para poder relacionarse de otra manera con el silencio estructural de las pulsiones. El semblante del analista está para que el analizante se relacione de manera diferente con lo que le resulta problemático.

El neurótico irá saliendo así de ese silencio propiciado por la represión, redoblado por el consuma de sustancias, volverá a encontrarse con el lenguaje para poder enfrentarse finalmente al silencio de las pulsiones sin sepultarlo como lo había hecho.

El sujeto pondrá en juego en el tratamiento un silencio que es una forma de resistencia, el analista tendrá que maniobrar para no alimentarla, pero que aparezca, resulta algo lógico. En principio el adicto no reconoce su adicción, no quiere concurrir a un tratamiento. Más tarde puede verse llevado a él, entonces quizás aparezca esa resistencia que no cae directamente sobre es silencio estructural, sino sobre lo conflictivo, entonces hablará a partir del síntoma. Resulta común que cuando un sujeto decide dejar de consumir aparezcan los síntomas, a partir de allí no es que el psicoanálisis se allane, pero se sigue el camino particular que pueda tener cada análisis, en verdad esto se jugó así desde el principio. Eso que permanecía acallado, que hablará en el síntoma para ser interpretado, lo pone al sujeto nuevamente en relación a ese Otro de la alienación, que habrá que desmantelar, pero de otra manera.

El sujeto irá, si hace un tratamiento analítico, de una posición cínica, cuando rechazaba al Otro, al inconciente, ayudado por los tóxicos; a un saldo cínico que podrá encontrar al final del tratamiento al comprobar que ese Otro con el que en su neurosis se relaciona, no existe.

Antes, cuando eligió el silencio de las drogas, siguió el camino del rechazo de lo simbólico, del rechazo del Otro que se le tornaba problemático, del rechazo del inconsciente, luego del trabajo analítico uno sabe de los límites de lo simbólico, de que se Otro es una construcción neurótica y que frente a las pulsiones uno puede tomar decisiones, que es responsable de cómo elige gozar y, en definitiva, vivir.

Enfrentarse a ese otro silencio implica que el sujeto se relacione con aquello que con las drogas pretendía obturar, con una falta que al taponarla lo sumía en un goce mudo y mortífero.

Quisiera tomar algunas referencias de otro muy buen texto que se ha escrito sobre el tema que se llama «El silencio primordial», habla del silencio en la cura, pero ha sido escrito por un filósofo argentino Santiago Kovadloff, nos dice que «el silencio terapéuticamente eficaz arrebata al paciente la ilusión de que sabe lo que dice y lo acerca a la intuición de que dice lo que debiera saber» (Pág. 53). El psicoanalista calla y le entrega al sujeto «el indescriptible paisaje de su alteridad», entonces «lo medular silenciado irrumpe y se deja oír». Kovadloff nos dice que curarse implica hacerse responsable, pero ¿de qué?: «Del preguntar como lo huérfano de respuesta. De la existencia asumida como el perpetuo interrogar por el sentido ausente». No se pregunta para responder sino porque no es posible hacerlo. Es decir se llega a un extremo donde ya no se busca, el silencio recorta un vacío frente al cual, por un lado se puede estar tranquilo, pero a la vez impulsado por un deseo que ya no encuentra los obstáculos propios y que procura hacer algo con los ajenos. Estar intoxicado al sujeto entonces ya no le depara ninguna ventaja, en el intento de mantener anestesiado el sufrimiento el sujeto metió en la misma bolsa su propio deseo. Y puede encontrar satisfacción en un recorrido que antes no aparecía en su horizonte.

Theodor Reik va a concluir su trabajo clásico sobre el tema con una referencia a Mahler que en una oportunidad dijo: «En música, lo más importante no se encuentra en la partitura», lo mismo sucede con el psicoanálisis. Reik ha sido uno de los psicoanalistas que no han reducido el silencio a una defensa. Abraham pensaba al silencio como una defensa frente al erotismo anal, Fenichel como una defensa frente a un deseo de felación. Reich recomendaba responder a ese silencio de defensa con otro por parte del analista, pero Reik no era tan rígido, pensaba que mucha veces el discurso escondía y el silencio revelaba, pero para eso hay que lograr salir de ese silencio provocado por las drogas. Se llega a otro puerto, Heidegger dijo que «sólo el discurso verdadero hace posible el silencio auténtico».

El analista es, como dice Miller, ese silencio en nombre del cual el sujeto habla, hasta ese punto en el que ya no hay nada para decir, hasta obtener ese silencio que no es defensa, de una intoxicación que busca tapar la falta, llevando a u goce autista, solitario y silencioso, un silencio que no se opone al acto, podríamos decir, un silencio, en nombre del cual, el sujeto actúa.

4- Desolación y silencio
Hay un texto de Freud que se llama «De guerra y muerte», allí dice «Hemos manifestado la inequívoca tendencia a hacer a un lado la muerte, a eliminarla de la vida. Hemos intentado matarla con el silencio». Hay sujetos que intentan hacer a un lado la muerte intoxicándose. Es muy frecuente escuchar en la clínica que sujetos que, de alguna manera se estaban matando con el consumo, procuran escaparle a la muerte. En muchos de estos casos la muertes una puerta, de entrada y de salida. El temor, el intento de negar la muerte, lo lleva al sujeto a entrar en el consumo, percatarse de que se están matando lo puede llevar a querer salir».

Ustedes saben que Edgar Allan Poe que tuvo problemas con el alcohol, también fumaba opio, algunos de sus cuentos fueron escritos bajo los efectos de esta sustancia. Hay uno entre ellos que fue catalogado como metafísico en las ediciones que ha traducido Julio Cortazar que lleva por nombre precisamente «Silencio»[1]. En este cuento, que es presentado como una fábula, el demonio nos habla de una lúgubre región donde no hay calma ni silencio. Todo funciona de una manera muy extraña, las aguas de un río azafranado no corren hacia el mar sino que palpitan tumultuosamente bajo el sol, un desierto de grandes nenúfares que suspiran son su marco. Más allá, en una floresta la maleza se agita y los árboles hacen ruido, sin que haya viento. En medio de ese clima raro en una roca se lee la palabra «desolación», también se ve un hombre cansado, triste, disgustado con la humanidad y con ganas de estar solo. Pero el hombre temblará en esa soledad, una y otra vez. El demonio maldijo y ese lugar siniestro fue víctima de una espantosa tempestad, lluvia, rayos y viento y el hombre seguía sentado allí. Entonces el demonio se enojó lanzó la maldición del silencio, todo se acalló, cesaron los murmullos, todo se apagó y en la roca se podía leer «silencio». El hombre se puso pálido, no escuchaba nada, se estremeció y huyó a toda carrera. El demonio le cuenta esta fábula a quien escribe el cuento y se rió, pero no pudo hacerlo.

Por tratarse de una fábula resulta más bien extraña. Peor me parece que eso que no puede callarse, que hace un ruido a tronador puede ser una buena metáfora de la pulsión de muerte. Ese hombre que se aleja de los humanos como un representante de la escuela cínica y que vive en su desolación, es maldecido por ese demonio, como lo hace con cualquiera de nosotros nuestro propio superyó, desea acallar lo pulsional hasta que llega a un silencio que ya no soporta, hasta que el real hace su eco más perturbador y huye.

De la desolación, en medio del murmullo permanente, a ese silencio intolerable, ese puede ser el camino que lo empuje a un sujeto que consume drogas, a un intento de rearmarse con otro estilo de vida. Cuando llegue a ese límite, a ese silencio que consiguió con las drogas, donde la cuestión se le torna insoportable y busque otro camino.

Notas

* Lic. en Psicología. Dr. en Psicología Social. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AE 2007-10). Co director del T y A (Toxicomanías y Alcoholismo) y Asesor de ENLACES, departamentos del Instituto Clínico de Buenos Aires. Docente del Instituto Clínico de Bs. As. y el Instituto Oscar Masotta. Profesor Asociado del Departamento y el Master en Psicoanálisis de la Universidad J. F. Kennedy. Autor del libro «El amor es vacío» y numerosos artículos publicados en libros, revistas y periódicos.

  1. Poe, Edgar Allan. Cuentos Completos. Círculos de Lectores. Buenos Aires, 1983.

Fecha: 01/04/2011
Modalidad: Presencial
Lugar: Auditorio de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México/Plantel Centro Histórico

IV JORNADAS DE LA NEL-cf CDMX:
PRESENCIAS DEL ANALISTA TEXTO DE ORIENTACIÓN
EJE: Presencias… en la ciudad y la época

Un despertar

¿Cuál podría ser la incidencia política un poco más allá de esta presentación negativa?

Tal vez cierto efecto de despertar. Un despertar respecto de aquello de lo que en

definitiva se trata en los ideales sociales: del goce y de la distribución del plus-de-gozar.

 (Jacques-Alain Miler)

Desde hace tiempo los analistas hemos afrontado el desafío ético de hacer a un lado la rutina del consultorio y asumir una presencia en los dispositivos comprometidos con la salud mental en nuestras ciudades, así como en los debates públicos con el Otro social. En este aspecto, no cabe desconocer que, más allá de la vigencia del discurso del analista y sus consecuencias prácticas, en una perspectiva más amplia, se trata del consentimiento a la convocatoria de Lacan de alcanzar “una incidencia política donde el psicoanalista tendría su lugar si fuese capaz de ello”[1]. Por supuesto, para estar a la altura de la época, ello exige al deseo del analista el miramiento por los síntomas de la actualidad, los impases en lo social, y el aggiornamiento permanente respecto de los discursos emergentes que se imponen al compás de cada tiempo.

Ahora bien, ¿De qué presencia se trata?, ¿Cómo pensar esa presencia?

Más allá del analista causa del trabajo del sujeto supuesto saber, correspondiente a la dimensión transferencial del inconsciente, encontramos una clara orientación en el Capítulo X del Seminario 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Allí Lacan nos advierte sobre la presencia del analista, primordialmente, como una manifestación del inconsciente. Y es sólo desde ahí como tiene lugar su presencia real, más allá del par imaginario del a-a´, desidealizando, a su vez, la figura y la persona del analista, para reducir su función a la de un resto, “un resto fecundo” –en tanto una presencia muy particular que se pone en juego solamente en el arte de escuchar del analista. “El arte de escuchar casi equivale al del bien decir”[2].

Como vemos, ello no será ciertamente exclusivo de la experiencia analítica. Esta función estará activa en todos los vínculos donde se trata de la relación del sujeto con el saber y el goce. “Se trata en estos vínculos siempre de una relación transferencial encarnada en la persona que se supone agente de la acción, pero esa atribución de saber a la persona deja en realidad encubierta la relación del sujeto con el saber de su propio inconsciente, verdadero agente del vínculo”[3]. En la medida en que el analista con su acto recuerde la banalidad del sentido de las palabras, opere como el dedo elevado de San Juan tal como Lacan evoca en “La dirección de la cura”, señalando cómo somos hablados, que la referencia del lenguaje no existe, hará presente la perspectiva de lo real más allá de la realidad.

En este sentido, la ironía sirve muy bien a la posición del analista a la hora de perturbar los ideales sociales y revelar su naturaleza de semblantes respecto a un real que sería del goce. “Está más bien, como Sócrates, para hacer temblar, para hacer vacilar los ideales, a veces simplemente poniéndolos entre comillas, quebrando un poco los significantes-amo de la ciudad”[4]. Sin embargo, por otro lado, Lacan nos enseñó que los ideales son semblantes, arbitrarios, pero que esos semblantes son necesarios. La sociedad se sostiene gracias a sus semblantes, no hay sociedad sin identificaciones. Entonces si, por un lado, es cierto, el padre es un semblante, y, sí, se puede prescindir de él … sin embargo, no hay que olvidar que ¡a condición de saberlo utilizar!

Pensar la presencia del analista como la provocación de un despertar implica, necesariamente, sostener un deseo vivo. Seis años antes de su Seminario 11, en el texto La dirección de la cura y los principios de su poder, paradójicamente, Lacan dará al analista el lugar del muerto, dejando el yo a un lado para que pueda surgir el lugar del Otro para el sujeto, el inconsciente, su verdadera pareja, en el registro de lo simbólico. Es el lugar de la causa de la división del sujeto que Lacan formalizará más adelante con la función del objeto a, presencia irreductible.

Para finalizar, cabe mencionar el concepto de “acción lacaniana” que Jacques-Alain Miller ha propuesto para nombrar en el seno de la Asociación Mundial de Psicoanálisis la política de incidencia en los ámbitos políticos y sociales como el correlato del acto analítico en la sociedad. Si Lacan ha formulado que «No hay clínica del sujeto sin clínica de la civilización» es porque la topología del inconsciente lacaniano –allí donde el analista manifiesta su presencia- resulta, entre un afuera y un adentro, de una extimidad irreductible. ¿Cómo el deseo del analista pudiera, entonces, prescindir de la ciudad y la época?

 

[1] Miller, J.-A., El psicoanálisis, la ciudad y las comunidades.

[2] Lacan, J., El Seminario Libro 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Editorial Paidós, p. 129.

[3] Bassols, M., Presencia del analista, Cuadernos del INES Nro 14, Editorial Grama, p. 99.

[4] Miller, J.-A., El psicoanálisis, la ciudad y las comunidades.